A LA VERA DEL CAMINO DEL CALVARIO AL PARAÍSO

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Pedro Luis Hernández Pérez

Pedro Luis Hernández Pérez

Miembro Ordinario de la Sociedad Espeleológica de Cuba

A LA VERA DEL CAMINO DEL CALVARIO AL PARAÍSO.

En 1915 una compañía, propiedad de tres norteamericanos, compró 4 869 cab., 9 cordeles de tierras, equivalente a unas 65 343 hectáreas, 35 áreas, bajo el nombre de Sociedad Anónima Finca San Rafael.  

Esta compañía practicó la tala raza de la flora de Guanahacabibes. En ella existían concesionarios explotadores como: Fito Rego, Marcelino Rodríguez, Antonio Garrido, en La Jarreta y Juan Colmenares, de La Jarreta a La Furnia en el Cabo Corriente por poner dos ejemplos.

La familia del Busto era arrendataria; Genaro del Busto se dedicaba a la explotación de madera, que aserraba en una sierra de su propiedad, ubicada en La Jarreta. Extraía del bosque cujes para el proceso de cultivo de tabaco negro y la producción de carbón.

Transporte de los productos del bosque

La madera se cortaba y se exportaba a través de la vía marítima. para esto se utilizaba una lancha a remolque con dos bongos: El Sábalo de Marcelino Rodríguez y los barcos: El Fajul, El Oliva, El Glenda y La Evangelina.

Los barcos cargaban madera en bolo, cujes, carbón y madera aserrada y en pequeñas cantidades de miel, majaguas y sogas.

La madera y los subproductos del bosque se trasladaba de La Península de Guanahacabibes a La Fe, Arroyos de Mantua, Santa Lucia y desde estos destinos, la madera se enviaba a La Habana, a través de los barcos de cabotaje de las navieras que operaban hacia la localidad de Vueltabajo por la costa norte.

Parte de esta madera se exportaba a Estados Unidos en lo fundamental, o se utilizaba en La Capital y en los puertos intermedios ya comentados.

Propiedad y uso de la tierra

Para 1930 el uso de los bosques y de la tierra de Guanahacabibes se encontraba de la siguiente forma: Cayuco, Cortés, La Grifa, Las Martinas, Malpotón y La Jarreta estaban en manos de la Cuban Land.

El resto de la Península de Guanahacabibes pertenecía a dicha Sociedad Anónima, Finca San Rafael. El resto de la propiedad de la Península se distribuía de la siguiente forma: buena parte de las tierras de El Cayuco, Los Incinitos y La Fe en manos de Los Hermanos Palacios; Jovero y Blanquizales de Pablo Pérez Valdés y el resto de la zona estaba en manos de Miguel Saludes y Waldemar Vidal.

Los guanahacabibenses mantuvieron durante cientos de años una armonía con el medio ambiente, acorde con su nivel de vida. Esta distribución del uso de la tierra y la explotación irracional del bosque, trajo consigo en solo 30 años, de 1916 a 1946 que la Compañía norteamericana Finca San Rafael S.A., realizara una tala raza e indiscriminada.

Extrajeron las principales riquezas maderables de la Península, a costa del trabajo inhumano de los hacheros, monteros y carboneros. Ello convirtió a la Península de Guanahacabibes en un calvario, donde el monte ocupó cada centímetro del entorno y desplazó los bosques.

La vida en la Península de Guanahacabibes

Antes de 1959 la vida de los habitantes del Cabo era casi inverosímil. Solitaria dentro del monte, largas jornadas alejados de la familia, trabajo rudo y mala paga por la saca de carbón, que no era en moneda, sino en vales, para la compra de productos imprescindibles.

Cuentan los antiguos habitantes que la mayoría de las veces ellos debían todo lo que ganaban. Este era un método de control de la población para que no abandonaran estas tierras y siguieran trabajando sin futuro alguno.

Fue un territorio donde sus pobladores estaban en la total miseria, insalubre y analfabetos, sin protección social alguna que vivía de lo poco que podía aportar el bosque.

Faena que tenían que asumir después que cumplían con el trabajo para los arrendatarios y capataces al servicio de los caciques locales quienes eran los verdaderos dueños.

La regeneración de las riquezas forestales

El impacto natural dio paso a la desolación, la desesperanza, y el abandono de los asalariados pobres, utilizados como mano de obra barata, convirtiendo un antiguo paraíso terrenal, en calvario.

Esta fue la herencia que encontró la Revolución en enero de 1959. Por eso con el trabajo del Dr. Antonio Núñez Jiménez y de los especialistas de la Academia de Ciencias de Cuba, más la colaboración de especialistas extranjeros, comenzaron los estudios integrales de la Península de Guanahacabibes y se decidió  

Establecer un plan de reordenamiento forestal para recuperar las riquezas maderables y la revitalización del bosque, tanto en lo botánico como en lo biológico y de sus recursos naturales.

En tal sentido, se decidió dejar de forma intangibles dos reservas naturales, Cabo Corrientes, de la cual ya hemos escrito y El Veral, creadas ambas el 10 de julio de 1963.

El objetivo fue permitir que el bosque se regenerara de forma espontánea para lograr un bosque natural que sirviera de comparación con los bosques que serían tratados bajo un plan de reordenamiento forestal y trabajo silvicultural.

De esta forma la Revolución cubana desde sus inicios, daba los primeros pasos para la recuperación de los bosques de Cuba, que de un 14 % de cobertura forestal que encontró en 1959, ha logrado, pasado 61 años, la reforestación de más del 30 % de su territorio nacional entre bosques naturales y productivos.

En Guanahacabibes este largo trabajo ha logrado recuperar grandes valores de la diversidad biológica y un estado alto de conservación. La formación vegetal boscosa más importante es el bosque semideciduo.

Ocupan más del 65 % del área en la Península, contando con una alta diversidad, donde se han identificado más de 130 especies forestales, entre otros valores botánicos. Esto ha contribuido a que la Península de Guanahacabibes fue declarada por la Unesco, Reserva de la Biosfera en 1987.

Tras una triste historia escondida en el bosque, la vida a demostrado, que cuando existe una verdadera intensión y voluntad política del Estado se puede encontrar, a la vera del camino al Cabo de San Antonio, un bosque que nació de un calvario y se convirtió en paraíso.

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