ASPIRO, UNA CAPSULA DE HISTORIA

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Yamile Luguera

Yamile Luguera

Especialista del Centro de Investigaciones Marinas (CIM) | Miembro Ordinario de la Sociedad Espeleológica de Cuba

La naturaleza cubana y los hechos históricos importantes, se unen y mezclan en diferentes épocas y lugares,  es por ello que investigadores de varias ramas analizan sucesos y contextos, para obtener resultados certeros como sucede en el occidente cubano.

Los espeleólogos cubanos dedican gran parte de su vida y entusiasmo a investigar grietas, cavernas, paleo cauces etc. exploran lugares donde muchos no se atreven a llegar y comparten esta ciencia y sus espacios con especialistas de otras ramas, para así, a través de la investigación, llegar a resultados certeros de muchas incógnitas.

 En ocasiones se juntan cueveros  de diferentes provincias y se apoyan mutuamente en el trabajo investigativo, en esta expedición sucedió así; Llegamos todos el viernes al lugar de reunión acordado, el campismo Jardín de Aspiro, cada uno en el horario que pudo.

Yo tuve la suerte de llegar bien temprano y poder disfrutar por largo rato de un baño en las tranquilas aguas del río Taco – Taco. El resto se incorporó a medida que avanzaba el día, montamos las tiendas de campaña en el área escogida para campamento y nos reunimos para planificar las actividades del siguiente día.

Ya en la noche comimos e intercambiamos un rato historias narradas por cada participante. Nos retiramos a descansar, para aprovechar al máximo el siguiente día que prometía una agotadora caminata.

Toda la tropa se levantó temprano y rápidamente se alistó, con overoles de trabajo, luces, planos y cámaras para dejar todo bien graficado. Después del desayuno, nos dividimos en dos grupos, íbamos para zonas opuestas a realizar trabajos diferentes, pero estábamos muy bien organizados para cada una de las tareas a realizar.

El grupo de trabajo donde tuve la oportunidad de participar, tenía un largo camino por recorrer, debía llegar hasta un sitio algo alejado del campismo, conocido como Arroyo de Piedra.

En una casa cercana al sendero que nos adentraría en el monte, nos esperaba el Dr. Jorge Freddy Ramírez, historiador e investigador pinareño, miembro ordinario de la Sociedad Espeleológica de Cuba.

Desde ahí partimos hacia la loma, primero a casa de  Juan Fisco para preguntarle acerca de algunas particularidades del área.

Después de mucho caminar y de subir empinadas laderas, oyendo las interesantes explicaciones de Freddy sobre varios temas como el tipo de roca avistada en ese sitio,  las cuales se formaron en el fondo marino aglutinando restos sueltos de caliza y pedernal, como resultado del impacto del meteorito que cayó en Yucatán hace unos 65 millones de años.

Llegamos a la casa del campesino, un bohío modesto enclavado en una zona elevada, con abundante vegetación y manantiales cercanos, que le brindan su agua fresca a toda hora.

Ahí estuvimos un rato conversando con ellos, preparamos merienda para todos, tomamos agua y un merecido descanso, hicimos algunas fotos y Raudel del Llano le llevó impresa a la niña de la casa, una foto que le tomó, en una expedición anterior, al lado de su perro criollo.

Después de la merienda Freddy, nos acercó a la panorámica histórica del área, sobre todo porque se cumplían 130 años del terremoto ocurrido en Vuelta Abajo al NW de San Cristóbal.

También nos habló de la presencia de José Martí en el sitio, con su amigo Carlos Sauvalle y Blaín, al cual conoció en España y a quien visitaba en la finca Balestena  para organizar conspiraciones contra el poder colonial Español.

Nos confirmó la presencia de asentamientos aborígenes, demostrado por las piezas recuperadas en calas practicadas en lugares cercanos, que han arrojado la presencia de industria lítica. También la presencia de palenques vinculados al cimarronaje y por la posición geoestratégica es posible que haya habido una prefectura también.

Hora de continuar, nos despedimos cariñosamente de esta gente de vida sencilla y placentera, que siempre nos ha parecido que viven tan felices, rodeados de naturaleza y alejados de la imponente civilización, que aplasta la parte viva y natural de los seres humanos.

Con las rutas indicadas por el campesino en busca de El cafetal Buenos Aires, seguimos camino. Pero apenas habíamos avanzado unos pasos, Freddy vio una cueva en la ladera que parecía interesante, allá fueron dos de los muchachos a explorarla un poco, para ver si tenía desarrollo o algún elemento histórico de importancia.

El resto nos quedamos revisando las palmas, en busca de xiloglifos, que se pueden avistar en las más longevas.

Esta modalidad de dibujo o arte de grabar en troncos de palmas, fue tema interesante para Jorge Freddy Ramírez desde que vivía en Las Terrazas, en pleno corazón de la Sierra del Rosario, en los años noventa del siglo XX, cuando se percató se la presencia de estos símbolos asociados a contextos históricos con la presencia de esclavos africanos.

Comenzamos a revisar las más altas y antiguas y el resultado fue excelente, casi todas estaban grabadas, al parecer por manos africanas o de sus descendientes en el sitio, que bien se prestaba para eso. Aparecieron rasgos típicos de símbolos religiosos, de la cultura afrocubana,  entre ellos, algunas cruces que podían significar enterramientos. Todo se registró fotográficamente y se dibujó para su posterior estudio.

No lejos del lugar donde estábamos, advertimos el farallón de Arroyo Platanal y el Mogote del Mono, justo entre los dos debía encontrarse al menos la estructura de los secaderos de tan preciado grano.

Así fue, a medida que nos acercábamos, Jorge Freddy comprobaba que los escritos históricos que había leído, en los cuales aparecía la descripción exacta del lugar, coincidían con todos los elementos mencionados.

Cercana a la parte más alta de la ladera, con una magnifica vista, descubrimos varios elementos arquitectónicos, algunas losas para pisos y ladrillos, además de fragmentos de cerámica y cristal, variados, lo que denota que hubo una estructura, habitada de forma temporal o permanente.

Después de debatir un rato, revisar los alrededores, confrontar lo que veíamos con lo que afirmaban los documentos históricos, regresamos al campamento.

Nos retiramos por un camino diferente, muy bonito, para hacer fotos, vimos un jagüey abrazando a una roca muy grande que nos detuvo por un rato hasta sacarle una buena foto.

De regreso nos dimos un refrescante baño en el río, para relajar los agotados músculos, luego de la caminata. Conversamos un rato acerca del itinerario recorrido y la belleza y exactitud con que estaba plasmado en los documentos históricos, el sitio visitado.

Ya cuando el sol se escondió y se tornó fresca la tarde, regresamos al campamento para elaborar la variada comida espeleológica: espaguetis.

El ultimo día después de desayunar emprendimos la caminata de 9 km hacia la autopista con la esperanza de capturar rápido algún transporte que nos devolviera todos a la ciudad de cada cual. Como siempre, nos llevábamos, el cansancio de las largas caminatas entre lomas y senderos intramontanos, las fotos, la información, además  el placer de haber conocido un nuevo lugar cargado de historia y naturaleza.

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