BIOESPELEOLOGÍA EN CUBA

La Bioespeleología en Cuba tiene sus inicios en el primer tercio del siglo XIX con los descubrimientos de Tranquilino Sandalio de Noda acerca de los peces ciegos en la localidad del Cajío, límite meridional entre La Habana y Vueltabajo.
A lo largo de la historia este ha sido un tema que ha contado con un gran número de investigadores que se pueden dividir en dos partes, los realizados por científicos profesionales de forma personal o en representación de instituciones estatales o privadas y las realizadas por científicos aficionados a título personal o, como miembros de grupos espeleológicos y de exploraciones interesados en la naturaleza.
Este segundo grupo ha jugado un importante papel en apoyo de los primeros, ya que la proliferación de aficionados a la biología y de grupos dedicados al estudio de las cavidades, en un país donde más del 65 % de su territorio es cársico, ha sido de vital importancia, al punto que se pudiera asegurar que un número nada despreciable de las grandes personalidades de la biología cubana, antes de hacer estudios universitarios fueron aficionados y la mayoría asociados a dichos colectivos.
De ahí que una personalidad como Gilberto Silva Tabaoda, quien sin lugar a dudas ha sido una importante influencia en las actuales generaciones de estudiosos de la quiropterofauna cubana, fue y aún se considera espeleólogo.
Los estudios bioespeleológicos de Cuba han sido abundantes en reportes e investigaciones científicas, se puede decir que Cuba es el paraíso de la bioespeleología mundial, por la gran cantidad de cavernas existentes en todo el Archipiélago.

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