BREVE HISTORIA DEL DÍA DE LA CIENCIA EN CUBA

Por: María del Carmen Amaro Cano
Vice-Presidenta Sociedad Cubana Historia de la Medicina

Antecedentes: El siglo XIX traía a Cuba, en 1802, al segundo obispo de La Habana, Juan José Díaz de Espada y Fernández de Landa; además de las muy necesarias reformas que introdujo entre el clero, fundó el primer cementerio habanero, impulsó las tareas de la Sociedad Económica de Amigos del País, sobre todo en lo referente a la educación, y apoyó las reformas en la enseñanza en el Real Seminario de San Carlos y San Ambrosio que introdujeron varios de sus profesores, como José Agustín Caballero, Justo Vélez y –en especial– Félix Varela Morales.
También respaldó el obispo la labor del ya destacado médico Tomás Romay Chacón en la introducción en Cuba, en 1804, de la vacuna contra la viruela y en las campañas de vacunación que Romay dirigió durante décadas.

El Obispo Espada, seguidor de la ilustración española y partidario de la constitución liberal, fue víctima de las ambiciones y envidias de otros prelados, que lo llevaron a ser acusado de hereje y masón, lo cual le produjo gran amargura en los últimos años de su vida. Entre los profesores del Seminario se destaca el presbítero Félix Varela Morales (1788-1853), quien dio inicio a una tradición de pensamiento en Cuba, la cual mantuvo su influencia durante todo el siglo XIX. En la obra de Varela, especial significación tenía la enseñanza de la ciencia y, sobre todo, de la manera de pensar en términos científicos, apartándose de la lógica escolástica.

Elegido diputado al parlamento español en 1821, se opuso al restablecimiento del absolutismo monárquico y, bajo pena de muerte, tuvo que exiliarse permanentemente. Varela preconizó en su destierro la posibilidad de la independencia de su patria y de la abolición de la esclavitud, y fue el primer intelectual cubano de relieve en hacerlo.

En 1823 se produjo el restablecimiento, promovido por Tomás Romay, de la enseñanza práctica de la medicina, incluyendo las disecciones, que había sido interrumpida desde hacía algunos años. Ello tuvo lugar en el Real Hospital Militar de

La Habana, al cual se adscribió un Museo de Anatomía, dirigido por el cirujano español Francisco Alonso Fernández, y luego por el estrecho colaborador de este, el habanero Nicolás José Gutiérrez.

De este año data el primer intento de Gutiérrez por establecer una sociedad médica, que había sido el sueño de Tomás Romay. Renovado en 1826, como propuesta de una Academia de Ciencias Médicas, sólo se materializó en 1861, 35 años más tarde. En 1836-37 Gutiérrez realizó una estancia de estudios en hospitales de París –en aquel entonces la meca de la medicina– y como resultado de lo allí aprendido, introdujo en Cuba el estetoscopio y varias técnicas para la realización de operaciones mayores. Muchos jóvenes cubanos imitaron su ejemplo. Unos fueron a estudiar medicina en París, otros, ya graduados de medicina en Cuba o en España, marcharon a Francia a hacerse especialistas y a su regreso a la Patria introdujeron los avances de la medicina francesa. En 1840 Gutiérrez fundó la primera revista médica cubana, el Repertorio Médico Habanero. En 1838 Felipe Poey publicó el primer texto para la enseñanza de la geografía de Cuba, y en ese mismo año organizó un modesto Museo de Historia Natural.

Desde 1850, aproximadamente, el hijo mayor de Felipe Poey, Andrés Poey, estableció un pequeño observatorio meteorológico. Siete años más tarde se creaba oficialmente el Observatorio Físico- Meteórico de La Habana, bajo su dirección; pero, al ser cesanteado por las autoridades coloniales, se radicó en Francia y el vacío dejado por su observatorio fue ocupado por el Observatorio del Colegio de Belén, dirigido desde 1870 por el padre Benito Viñes, meteorólogo catalán.

Fundación de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de la Habana.

En 1861, con carácter oficial, se crea la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, única de su tipo que existió en una colonia hispana. Por primera vez las personas interesadas en las ciencias disponían de un espacio dedicado al debate, a la presentación de trabajos y al contacto con instituciones homólogas de otros países. La creación de la Academia –como ya se dijo– era un viejo sueño del médico y profesor universitario, Tomás Romay, que materializó Nicolás José Gutiérrez, médico cirujano formado junto a Romay, alumno predilecto de éste.

Entre los miembros fundadores estuvieron también el naturalista Felipe Poey, el químico Álvaro Reynoso, el médico Ramón Zambrana, el geólogo Manuel Fernández de Castro y otros más, para un total de 30 personalidades del incipiente mundo científico habanero. Una de sus principales figuras fue su secretario general, durante 20 años, Antonio Mestre Domínguez, quien creó la revista de la institución, los Anales de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana (desde 1864), la revista científica general más importante que tuvo Cuba durante el siglo XIX. La Academia también poseía una importante biblioteca (abierta al público) y un museo (abierto a los estudiantes). Álvaro Reynoso, graduado de química en la Universidad de París, publicó en 1862, su Ensayo sobre el Cultivo de la Caña de Azúcar, que es una visión integral del cultivo de la caña de azúcar, con varias recomendaciones para mejorarlo.

El ingeniero cubano Francisco de Albear, fabricó un moderno acueducto para la ciudad, que se comenzó en 1856. Su diseño mereció medalla de oro en la Exposición Internacional de París, de 1878, aunque no se terminó hasta 1893, seis años después de la muerte de Albear. Ello constituyó un aporte notable a la higiene de La Habana y al bienestar de sus habitantes, y lo extraordinario es que todavía funciona.
Con la fundación de la Academia, la medicina alcanzó mayor auge en Cuba. Se fundaron varias revistas médicas importantes, como la Crónica Médico-Quirúrgica de La Habana (1875), dirigida por el oftalmólogo Juan Santos Fernández, quien también propició la fundación, en 1877, de la Sociedad Antropológica de la Isla de Cuba. A él se debe también la creación, en 1887, de uno de los primeros institutos de investigación bacteriológica fundados en América, el Laboratorio Histo-Bacteriológico e Instituto de Vacunación Antirrábica de La Habana. Esta institución, inspirada en el laboratorio de Luis Pasteur, no sólo permitió que los estudiantes de medicina realizaran prácticas de bacteriología, sino la elaboración de vacunas contra la rabia y la difteria (esta última en 1895), además de un sinnúmero de análisis bacteriológicos y químicos. Entre sus principales figuras estuvieron los bacteriólogos Diego Tamayo y Juan Nicolás Dávalos.
Pero el mayor logro científico alcanzado por un investigador cubano durante el siglo XIX fue el descubrimiento del modo de transmisión de la fiebre amarilla, realizado por el médico Carlos J. Finlay, quien hacía años venía estudiando la fiebre amarilla y sus epidemias. En 1881 llegó a la conclusión de que la diseminación de esta enfermedad se producía por contagio indirecto, a través de un “agente intermedio”. Esta conclusión la expuso claramente el 18 de febrero de 1881 en una reunión sanitaria internacional que se celebraba en Washington, pero nadie le prestó la menor atención. Por ese entonces estaba estudiando a los mosquitos como posibles “agentes intermedios” y en los meses siguientes continuó sus experimentos. Y el 14 de agosto de 1881 presentó, ante la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, su trascendental trabajo El mosquito hipotéticamente considerado como agente de transmisión de la fiebre amarilla, donde no sólo argumentaba su tesis del “agente intermedio” –es decir, la teoría metaxénica– sino que describía con precisión la especie de mosquito que realizaba la transmisión (conocida hoy como Aedes aegypti). Estas ideas y trabajos de Finlay fueron pioneros en el mundo. Nadie había hecho antes tal afirmación. La comprobación oficial de su teoría se produjo casi 20 años más tarde.

En 1882 se logró la erradicación del cólera, y en esta victoria epidemiológica estuvo presente la contribución de Finlay, aplicando la teoría científica epidemiológica que recién había descubierto. Últimas décadas del Siglo XIX.

En las últimas décadas del siglo XIX alcanzó gran auge entre los médicos cubanos el positivismo, sobre todo en su variante francesa, ya que muchos de ellos habían estudiado en París. Entre los pocos partidarios del positivismo inglés se hallaba el destacado filósofo y pedagogo cubano Enrique José Varona, quien en 1880 dictó, en la Academia de Ciencias, una serie de conferencias sobre psicología, lógica y ética que influyeron grandemente sobre la intelectualidad de la época. También alcanzó cierta importancia la difusión del darwinismo.

El siglo XX se iniciaba con un reconocimiento a Finlay, quien en 1901 recibe el título de Socio de Honor de la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana. Es el propio año en que en Cuba se extingue la fiebre amarilla. Al año siguiente se declara la República y se celebra en La Habana el Congreso Sanitario Internacional. El Dr. Diego Tamayo Figueredo es nombrado Secretario de Gobernación, quien designa a Finlay como Jefe Superior de Sanidad, quien a su vez encarga a Juan Guiteras Gener la responsabilidad de Presidente de la Comisión de Enfermedades Infecciosas.

En 1903, Guiteras era electo Académico de Número por la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de la Habana, disertando su obra “El Dr. Carlos Finlay, apuntes biográficos”, que le sirvió como trabajo de ingreso a la prestigiosa institución científica.

En 1906 en Cuba se producía la Segunda Intervención Norteamericana. Al año siguiente, Finlay recibía la Medalla “Mary Kingslay”, otorgada por el gobierno Británico, en el Aula Magna de la Universidad de La Habana.

En 1908 la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana rinde homenaje a Finlay, en tanto que Francia le otorga la insignia de “Oficial de la Legión de Honor”.
En 1912, Finlay es propuesto para el Premio Nobel, junto con Arístides Agramonte Simoni. Es Guiteras quien presenta esa candidatura a la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana. Lamentablemente la conducta antiética de otros de sus contemporáneos en EUA no permitió que la candidatura prosperara.

La ciencia cubana al triunfo de la Revolución.

El 15 de enero de 1960 se celebraba en Cuba el XX Aniversario de la Sociedad Espeleológica de Cuba y en el acto de clausura, efectuado en el Paraninfo de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana –el mismo lugar donde el siglo anterior defendiera Finlay su teoría metaxénica– Fidel expresaba: “El futuro de nuestra Patria tiene que ser necesariamente un futuro de hombres de ciencia, de hombres de pensamiento”.

Esta fecha fue escogida, a partir de 1990, para conmemorar el Día de la Ciencia Cubana.
Por azares de la vida, ese mismo día, pero tres siglos antes, en 1793, se había fundado la Real Sociedad Patriótica de La Habana o Real Sociedad Económica de Amigos del País.

Hoy, 153 años después de constituida la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana por Nicolás José Gutiérrez, y 54 años después de la declaración de Fidel en la clausura del XX Congreso de la Sociedad Espeleológica de Cuba, que motivó la conmemoración de este día, a partir del año 1990, como el Día de la Ciencia Cubana, rendimos homenaje a la figura del gran científico cubano, cuyo nombre ostenta el Museo de las Ciencias –donde radicara la Academia– conscientes de que su legado está presente en los actuales científicos de nuestra Patria.
¡Felicidades a todos los científicos cubanos, que no solo persiguen el valor científico del nuevo conocimiento, sino su valor social, y permanecen fieles al rigor metodológico para garantizar la validez científica de su aporte; pero sobre todo, que respetan los valores éticos ciudadanos y profesionales en sus investigaciones, en cumplimiento del legado martiano: “El culto a la dignidad plena del hombre”!…

Bibliografía Consultada:

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www.cuba.cu/gobierno/discursos/1960/esp/f150160e.htm
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– SOCIEDAD ECONÓMICA DE AMIGOS DEL PAÍS DE LA HABANA www.lajiribilla.co.cu/2006/n281…/memoria.html
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