CABALLERO DE LA HISTORIA

Antes del triunfo de la Revolución los habitantes de la Cordillera de Guamuhaya vivían aislados en la montaña y llevaban sobre sí la miseria y el desespero.

Muchos morían por falta de asistencia médica o medicamentos, las embarazadas eran socorridas por parteras, y la mortalidad materna e infantil era muy elevada.

En este medio, y en plena guerra de liberación, el 23 de mayo de 1958, vino al mundo un niño, cuya expectativa de vida al nacer era como mínimo la ignorancia y la miseria.

Veinte años después, consolidada ya la Revolución, aquel montuno, Jorge Freddy Ramírez Pérez, convertido en joven, se encuentra con La Habana para estudiar Técnico Medio en Fototopografía, abriéndose así un nuevo capítulo en su existencia.

Desde entonces tomó muy en serio los estudios. Se hizo museólogo. Sus amigos le llamaban Pasa Trabajo I. Sin dormir, estudiando por curso libre y trabajando todos los días, incluyendo los fines de semana en el monte, logró graduarse de licenciado en historia.

Vivió 18 años el sueño de un proyecto inigualable en Cuba: organizar y llevar a la práctica el desarrollo sostenible en Las Terrazas, Candelaria.

En él compartió albergue con constructores y cocineros y se asentó en el barrio de antiguos campesinos serranos. Gracias a esa experiencia escribió la más acabada versión teórico-práctica del desarrollo sostenible de nuestra nación.

Con ese resultado, alcanzó el título de Doctor en Ciencias Geográficas, cuya tesis ganó el premio de la calidad en arte y humanidades de la Universidad de Alicante, España.

Freddy, como le llamamos sus amigos, es “Caballero de la Historia”, hecho a la estirpe quijotesca. Lucha y trabaja todos los días contra molinos de vientos generados por la ignorancia, la incompetencia, la desidia, la corrupción y el egocentrismo.

Luego de debatirse entre la voluntad de vencer sus objetivos en vida y servir al prójimo, salen a relucir resultados inimaginables: el cafetal oculto, el dato en los más apolillados documentos de archivos.

El descubrimiento de la cueva del cimarrón, aquellas de tan difícil acceso que el rancheador no llegó. Sólo la persistencia del investigador lograr hacerle justicia.

La reconstrucción de las evidencias de un pasado glorioso, aborigen, colonial, de la lucha por la vida de negros huidos al monte, mudos testigos no reconocidos y mucho menos situados en el justo espacio de la historia universal.

Su visión intelectual de consagrarse al trabajo colectivo lo ha llevado a ser pionero en los estudios geohistóricos en Cuba. Para ello unió sus dos grandes amores: las ciencias naturales y las sociales.

El resultado demuestra la consistencia de la tesis: “el historiador no debe ser investigar en exclusivo en archivos, en tanto el geógrafo, debe poner al hombre en el lugar central de su realización. Sobre ese filo de navaja ha trillado, mochila al hombro, lleno de fe y esperanza, más de medio siglo.

La consagración a un ideal implica la renuncia a muchos placeres. Nada paga la vida dedicada a la investigación. La satisfacción del deber cumplido, con uno mismo en primer lugar y luego con la sociedad, es el premio.

Con honor lleva además otros dos títulos académicos ser master en historia local y regional y haber sido nombrado por grandes científicos de las ciencias sociales, miembro de la Academia de la Historia de Cuba.

Ambos por sí mimos, sumado a su título de doctor y de licenciado en historia, lo convierte en paradigma de las nuevas generaciones de pinareños y orgullo de sus hermanos de lucha.

Porque un día decidió apostar por esta tierra bendecida por el verde inigualable, y aun, tras los sinsabores que la vida les aguarda a los hombres buenos, por los desagradecidos. Freddy se siente tan pinareño como el que más.

Lo une a esta tierra de Vueltabajo: “[…] lazos de otros tipos, que no se pueden romper con los nombramientos […]” como escribiera el Che a Fidel en su carta de despedida.

El resultado más tangible de su obra, el que trascenderá, son sus libros. En ellos ha depositado su espiritualidad y conocimientos, a su vez, deja como legado a las futuras generaciones un tesoro que el tiempo bendecirá, y un día los pinareños se sentirán orgullosos de uno de sus mejores hijos, el Caballero de la Historia.