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CABO CORRIENTES INCÓGNITAS Y NATURALEZA

Pedro Luis Hernández Pérez

Pedro Luis Hernández Pérez

Miembro Ordinario de la Sociedad Espeleológica de Cuba

Playa Jaimanita

A través de la primera terraza emergida de la costa sur entre Cabo Corrientes y Los Troncones, se desarrolla un asombroso y accidentado litoral. Predominan los farallones de paredes verticales y desarrollado diente de perro o lapiaz, incluso, superior a un metro de altura.

Su paisaje rocoso se ve interrumpido por las oquedades de mareas. Alargados abrigos rocosos de origen marino. La abrasión y la erosión del bate bate del mar, sobre estas rocas desprenden bloques calizos. Algunos son colocados por grandes olas sobre su cima, quedan por un tiempo suspendidos en sus laderas hasta que se rompe el frágil equilibrio que los sostienen y se depositan en los someros fondos marinos.

En estas laderas se forman diferentes tipos de pequeñas casimbas o diente de perros en forma de estanques de agua salobre y salada. En algunos farallones suelen existir manantiales de agua dulce en la superficie, que se mantienen activas y llenas del preciado líquido todo el año.

Su altura máxima alcanza los veintiséis metros. Además, entre los farallones se desarrolla un conjunto de playas como caleta de las Cañas, Punta Leones y Jaimanita.

Punta Leones es un farallón cubierto de arbustos y maleza, donde abundan las palmas yuraguano. Tiene una longitud de 4.7 km. con una altura máxima de diez metros. Es la punta más relevante de esta región de seboruco costero. Ubicado a lo largo del mismo, cientos de huracanolitos.

Llegar a la playa Jaimanitas fue toda una sorpresa. Este enclave se ubica a los 21° 45′ 56» lat. N y los 84° 26′ 35» long. W. Es una larga franja costera de 2 km. Formada por arena y diente de perro. La costa presenta una alineación de dunas y unos montículos de rocas amontonadas entre 2 y 4 m de altura.

En octubre de 1963 el capitán Eliseo Reyes (San Luis), dirige una operación que hace fracasar la entrada por playa Jaimanita del tercer alijo de armas y pertrechos militares por medio de dos lanchas tipo V-20, llegadas al lugar desde el barco madre Rex, que se encontraba fondeado a cinco millas de la costa.

Este era uno de los muchos intentos de la CIA por compilar información valiosa para hacer un plan para incentivar la contrarevolución. Estos medios eran conducidos por ocho hombres, bajo la dirección de Juan Jiménez (Viyaya). Natural de Guane. Entrenados por la inteligencia de los Estados Unidos durante tres meses.   

La playa de Jaimanita es un lugar excepcional para meditar. El bosque natural llega hasta la arena de playa y da paso a las aguas del Mar Caribe Occidental. Este paisaje entra en armonía con el azul del cielo. Por momentos no se deslinda la línea del horizonte. Es un todo indefinible, en día tan hermoso.    

Al final de la playa se abre un rompiente de más de 4 km de extensión. ¡Impresionante…! Filoso diente de perro sobre la cresta del farallón de 8 m de altura del mar. Obliga a caminar con muchos cuidados sobre los picos rasgadores de zapatos y de la piel, en caso de partirse o resbalarse.

Al final, antes de Cabo Corriente, Caleta de las Cañas, una playa de cantos rodados marinos de diversos tamaños y un basurero horrible, proveniente de los aliviaderos de los barcos que cruzan esas aguas.

Tantos desechos mezclados con sargazos, dificultan el andar. Pululan una especie de agua mala, los barquitos portugueses. Al parecer es la temporada donde infestan estas aguas.

Imagino lo diferente que debió ser para la expedición de Pánfilo de Narváez. Este capitán de barco, el 19 de febrero de 1528, navegó desde Santiago de Cuba hasta la hacienda Guaniguanico. Propiedad de Diego Velázquez, primer gobernador de Cuba. En busca de refugio con rapidez, ante la presencia sorpresiva de una tormenta local.

Iba camino a La Florida. Por ello se vio obligado también a buscar refugio por tres días por otro mal tiempo, en Cabo Corrientes. Al parecer entre el 23-24 del propio mes. 

Cabo Corrientes

Con las últimas luces del dia y energías que quedaban, los pies llagados y con tajos del diente de perro, llegamos a Cabo Corrientes. Este es el extremo sur de la Península de Guanahacabibes.

Estábamos en el lugar que tantas veces a salvado la vida de cientos de navegantes. El sitio más famoso del Tesoro de Mérida y, ahora, salvaba la nuestra, no solo por ser el destino del día, sino también por existir un pozo de agua dulce. La canícula había casi acabado con nuestra fuerza de voluntad y de aventureros.

Así llegamos y nos preparábamos para después de recuperar fuerzas y dormir con calambres toda la noche, conocer a Cabo Corrientes, lleno de incógnitas y naturaleza.

De Cuba Pasaje a la Naturaleza. Guanahacabibes XLII

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