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CAMINOS TRILLADOS DESCONOCIDOS

Pedro Luis Hernández Pérez

Pedro Luis Hernández Pérez

Miembro Ordinario de la Sociedad Espeleológica de Cuba

Bahía de Corrientes

Al amanecer retomamos el camino por la costa este de la bahía de Corrientes. En dirección norte, parte la carretera por la que se puede llegar en auto hasta La Bajada. Esta sección de la Península de Guanahacabibes se desarrolla a lo largo de 22 km, bordeando la bahía de igual topónimo.

El nombre de este accidente geográfico le fue conferido, en 1528, por el intrépido navegante español Alvar Núñez Cabeza de Vaca, quien tuvo que refugiarse huyendo de una tormenta local, este se dejó llevar por las corrientes marinas que lo guiaron hasta este sitio.

Es bahía de tipo abierta, en forma de herradura, que tiene como extremo sur-oeste a Punta del Holandés y en su extremo sur-este a Cabo Corrientes. La profundidad media de este inmenso acuatorio es de 896 m.

Su máximo calado lo alcanza al sur de la zona conocida como La Majagua, muy cerca de la vereda del Coplin a 2 712 m de la costa, con alrededor de 1 691 m. La Bahía de Corrientes tiene 21 km de largo por 10 km de ancho, ocupa un área de 210 km2.

En su interior resurgen múltiples manantiales de agua dulce, como los de playa Gutiérrez y surgidero de Corrientes. Así como pozas: Juan Claro y Redonda. La costa es una sucesión de playas, seboruco costero, balcones y farallones, con alturas de 15 m.

Rodeando estos accidentes existen secuencias mixtas de tipos de vegetación. En el farallón y el arrecife costero, aparecen bosques achaparrados espinosos, con especies que en otras circunstancias pudieran ser incluso arbóreas.

Aquí se convierten, por el maravilloso sistema de adaptación de las especies, en simples bonsáis o formas rastreras, a causa del achaparramiento, la esclerófilia y la microfilia.

Entre estas especies, batidas con fuerzas por el viento, salpicadas por la acción del salitre en olas, gotas y aerosol y el sustrato rocoso de los farallones, se encuentran: la yana, el lirio de costa, el vomitel, el zapote y el Vitex guanahacabibensis.

Estos matorrales xeromorfos costero y sub-costero se localizan en casi toda la costa sur y se ubican entre el bosque siempre verde micrófilo y la vegetación de costa rocosa.

Forman una franja de 100 a 300 m de ancho, predominan arbolitos y árboles achaparrados de 1 a 6 m de altura y algunos emergentes de hasta 10 m, con una densidad de individuos elevada. Una de las especies más abundantes de esta formación es las Adelia ricinella.

En las playas se presentan una vegetación rastrera sobre la duna. Estas especies protegen la arena de la erosión. Este complejo de vegetación de costa arenosa, se localiza en toda la ribera al sur y suroeste de la península.

Forman una franja que oscila entre 10 y 100 m o más de ancho, sobre un sustrato areno-carbonatado, donde se incluye el uveral y una franja de palma y almácigo (Thrinax-Bursera).

Los arbustos que componen esta vegetación, no sobrepasan los 2 m de alto y algunas de las especies mejor representadas son: Canavalia maritima, Suriana maritima.

Continúa la secuencia del uveral, franja de bosque siempreverde monodominante de uva caleta, con un solo estrato arbóreo de 6 a 8 m de alto; elevada densidad de individuos, apreciándose también la palma cana y la Comocladia dentata.

La bahía cumple una función ecológica muy importante. Gracias a las confluencias de corrientes. La existencia de múltiples áreas de arrecifes y barreras coralinas.

Estas características crean condiciones excepcionales para ser considerado como espacio de vital importancia, en el desarrollo de la vida de cientos de miles de individuos, de diferentes especies marinas.

Playa Uvero Quemado

Avanzamos 6,3 km por la costa y la carretera. En el transecto se observan áreas alternas de duna y diente de perro o seboruco costero. Las arenas están consolidadas, por la conservación del bosque semideciduo y la vegetación sobre las arenas de las playas.

Punta Aguirre es un saliente de seboruco costero. Un bando de garzas blancas levanta vuelo asustadas por nuestra presencia. Por la hora tan temprana del viaje, interpretamos que este lugar es dormitorio de estas especies. Estas aves tienen las costumbres de alimentarse tierra adentro, y duermen en las costas.   

El fondo marino posee un perfil excelente para el buceo. Desciende desde 1 m hasta el canto del Veril de forma rápida y escalonada. En ella alcanza profundidades superiores a cientos de metros.

La playa de Uvero Quemado a tramos tiene pequeñas caletas que permiten acceder al agua, mientras en otras, el diente de perro se interpone. Su arena fina y grano medio de unos 30 m de ancho de duna.

El límite de la playa está cortado por la carretera hacia La Bajada. Aun cuando frente a este vial, está bien fortalecida una cortina de uvas caletas, el vial es un elemento antrópico que corta el movimiento de las arenas, de la energía, la masa y la información natural.

Este daño al medio ambiente se observa aún más marcado, cuando existen tormentas severas o eventos meteorológicos extremos. Las arenas, las rocas y otros elementos naturales de la playa y del fondo marino, cierran el paso por la carretera. Eso es consecuencia de que ocupan sus lugares originales.

En 1965, el arqueólogo Rodolfo Payares, localizó evidencias arqueológicas de la presencia aborigen milenaria que ocupó la región. A solo 30 m de la orilla y a 10 m de profundidad, se encuentran los restos bastante destruidos de un naufragio.

Se observan las costillas de hierro con pernos de bronce que lo atravesaban y pedazos de maderas forradas con planchas de bronce semienterradas en las arenas. Es un barco de unos 40 m de eslora y una manga de 10 m.

Su interior se encuentra cubierto por rocas que pueden pertenecer al lastre del buque, a su alrededor abundan piezas de hierro, cadenas gruesas convertidas en relictos fantasmagóricos, acentuados por estar parcialmente cubiertos de algas, corales y gorgóneas.

Hicimos noche en Uvero Quemado. Aun en la noche era difícil salir de las tranquilas aguas que daban un agradable masaje a nuestros cansados cuerpos. Hasta aquí habíamos desandado caminos trillados desconocidos.

De Cuba Pasaje a la Naturaleza. Guanahacabibes XLVI

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