CAVERNAS SUBMARINAS Y DE LAS TERRAZAS EMERGIDAS

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Manuel A. Iturralde-Vinent

Manuel A. Iturralde-Vinent

Académico de Mérito, Academia de Ciencias de Cuba; Miembro Fundador del Grupo Espeleológico Martel de Cuba.

Entre los límites de la plataforma insular y en costas rocosas de calizas donde hay antiguas terrazas marinas emergidas, se han descrito cavernas horizontales y verticales.  Sobre su origen existen distintas opiniones, de manera que constituyen un tema abierto a debate que puede dar lugar a un interesante intercambio entre los espeleólogos. Sin embargo, en este punto quisiera subrayar que cualquier opinión debe basarse en hechos concretos (fotos, mapas, publicaciones), pues de otro modo, poco aporta al tema. !Denme datos y moveré el mundo!.

Cuevas subhorizontales freato-marinas

Las bocas de estas cavernas subhorizontales se abren en la muesca activa situada en el nivel actual de oscilaciones de la marea, donde en ocasiones se comunican tierra adentro con casimbas situadas en la llanura costera o se reducen hasta grietas que se dispersan dentro del manto freático.  Por estas cavernas circula la corriente de marea y a ellas fluyen las aguas subterráneas y de lluvia.  Muchas de ellas, ya secas, están elevadas y se abren al pie de los farallones emergidos de antiguas terrazas, o están sumergidas bajo el mar y sus bocas se abren al pie de viejas terrazas.  Según Alfredo Contreras (2020, Espeleobuzo profesional), algunas de estas cavernas situadas en una terraza sumergida al norte de Matanzas, presentan espeleotemas, lo cual sugiere que algunas de estas cuevas estuvieron eventualmente emergidas.

Las cavernas de este tipo, cuando están activas, se abren al pie de la escarpa de la terraza de Seboruco, donde la acción de las oscilaciones de la marea y la actividad de invertebrados que habitan este intervalo inter-mareal, abren los conocidos «nichos de marea» en los cuales se reconocen: el nicho o socavón, su techo o solapa, y las cavernas (Núñez Jiménez 1967,1968).

Estas cavernas se pueden considerar freato-marino-vadosas, pues en su formación participan estos tipos de aguas. El proceso pudiera ser como sigue:

  1. Las grietas que cortan los macizos rocosos permiten el flujo vertical y horizontal de las aguas, el cual provoca la ampliación de las grietas y poros.
  2. Gracias al flujo y reflujo de la marea ocurre una mezclan de las aguas vadosas, freáticas y marinas, dando lugar a una disolución en condiciones de mezcla de aguas (Efecto Bögli), que incrementa la capacidad disolutiva. Asimismo, la corriente de marea provoca la constante remoción de la película de líquido supersaturado que cubre el contacto agua-roca y los carbonatos son trasladados fuera del macizo (Skwaletski e Iturralde-Vinent, 1971).
  3. La acción del oleaje añade una erosión física en el intervalo de interacción tierra-mar, al que se une la «erosión biológica» de los microorganismos que viven en el intervalo inter-mareal, ampliando la boca de la caverna.
  4. Cuando pasado el tiempo la cueva se eleva junto con la terraza costera y queda seca, las aguas de lluvia juegan el papel preponderante y disuelven activamente el macizo. Se forman clarabollas, agujeros de desplome (sink holes) y en las paredes y techos se evidencian las huellas de disolución y en menor medida, algunas espelotemas (Fig. 1).

(Fig. 1). Cavernas subhorizontales en las terrazas marinas emergidas.

Sur de La Mula, Sierra Maestra

Ambrosio, Varadero, donde se evidencian las formas de disolución vadosa en el techo y paredes.

Cuevas verticales freáticas y/o vadosas

En la plataforma insular de Cuba se conocen varios «agujeros azules»  que constituyen cavernas verticales sumergidas, cuyos fondos, representados por un amasijo de bloques derrumbados de las paredes y techo, alcanzan una profundidad de 70 metros y más, quizás hasta 90 metros como en Las Bahamas (Núñez Jiménez, 1967). En las paredes de un agujero azul llamado «Ojo del Mégano» se observaron mantos y otras formaciones cristalinas subaéreas (Alfredo Contreras, 2020), indicativo de que en algún tiempo pretérito probablemente estuvo emergida.  Es importante señalar que las terrazas submarinas, son más antiguas mientras más profundas, pues se formaron al elevarse por pulsos el nivel del mar, a partir del máximo glacial de Wisconsin (MIS 2) desde hace 18 000 años, a partir de -120 metros de profundidad y hasta alcanzar el nivel actual. 

En las planicies costeras calizas y en las terrazas marinas emergidas, a menudo se observan casimbas (cenotes) y en general cavernas tipo Aston (Núñez Jiménez, 1967), formadas en condiciones subaéreas, donde las aguas pluviales abren las cavernas de abajo hacia arriba (disolución invertida), en un formato fusiforme. Cuando la karstificación se extiende hasta alcanzar la superficie del terreno, los techos se desploman.  Así se originan estas estructuras de tipo campana, a menudo con la boca más pequeña y el fondo más amplio y relleno de graviclastos como el Hoyo Morlote (Fig. 2). Algunas cavernas submarins (agujeros azules) pudieron haberse originado bajo el nivel del mar hace más de 18 000 años, cuando la plataforma insular estaba emergida, y se habrían inundado cuando se elevó el nivel del mar.

Fig. 2. Terrazas emergidas al SE de Cabo Cruz, donde se observan las bocas de cavernas en las paredes de las terrazas, solapas derrumbadas y el Hoyo Morlote.

En los fondos marinos de la plataforma también se observan, en muchas localidades, manantiales que emiten agua dulce (por ejemplo en María La Gorda, sur de Guanahacabibes), que pudieran estar asociados a sistemas de grietas verticales ampliadas por la karstificación, por donde drenan -de abajo hacia arriba- los acuíferos costeros.  Este tipo de karstificación pudiera eventualmente dar lugar a cavernas verticales submarinas que no se pudieran distinguir de los agujeros azules, a no ser por la ausencia de espeleotemas subaéreos.  Pero si el fondo marino donde se formó dicha caverna emerge posteriormente, será difícil distinguir su origen submarino, como en el ejemplo del Hoyo Morlote (Fig. 2).

En consecuencia, se pueden valorar dos modelos de formación de estas cuevas verticales relacionados al drenaje a lo largo de grietas y fallas, de acuerdo a la propuesta de Licoshin (1868; Fig. 3). En un caso, en un macizo rocoso emergido, si el flujo acuoso por una falla o grieta es descendente, sin presión (tipo vadoso), la caverna se abrirá por ampliación neta hasta el nivel freático, donde puede complicarse y extenderse por la mezcla de aguas (Efecto Bögli). En el caso contrario, si el flujo es ascendente a presión, el desarrollo de la karstificación será de abajo hacia arriba, disminuyendo su intensidad en este mismo sentido, lo cual trae por resultado que en la superficie se muestre como un manantial. Este es el caso más probable para los macizos rocosos sumergidos, pero puede ocurrir en condiciones subaéreas, si el macizo calcáreo yace sobre un acuífero confinado (artesiano), con el cual se comunica a través de una grieta o falla por donde emerge el agua a presión, desde el subsuelo.

Fig. 3. Esquema de la karstificación por fallas y grietas verticales de acuerdo al flujo de las aguas en condiciones subaéreas (tomado de Licochin, 1968).

Sobre esta base, Iturralde-Vinent (2019) propuso dos modelo de formación de las cavernas verticales a cuenta del flujo por las grietas y fallas, para el caso que nos ocupa (Fig. 4). Este es un tema que merece un estudio más detallado.

Fig. 3. Origen alternativo de las cavernas verticales (casimbas y agujeros azules) en condiciones subaéreas y subacuáticas.  En el primer caso dependen de la circulación descendente de las aguas de lluvia y en el segundo, del flujo ascendente del agua subterránea hasta brotar por manantiales en la plataforma insular.

Referencias

Licochin, A., 1968. Carso y construcción hidrotécnica. Editora Gastroijdat, Moscu.

Nuñez-Jiménez, A., 1967. Clasificación genética de las cuevas cubanas. Editorial Academia de Ciencias de Cuba, 244 p.

Núñez Jiménez, A., Panos, V., Y Stelcl, 0., 1968. Carsos de Cuba. Academia de Ciencias de Cuba. Serie Espeleológica y Carsológica No. 2. (*)

Skwaletski, E. N. e lturralde Vinent, M.A., 1971. Estudio ingeniero-geológico del carso cubano. Academia de Ciencias de Cuba. Serie Espeleológica y Carsológica No. 31. (*)

(*) Disponible en www.redciencia.cu/geobiblio/inicio.html

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