COLECCIONISTA DE ARTE… RUPESTRE

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Ronald Suárez Rivas

Ronald Suárez Rivas

Cada vez que descubre un nuevo dibujo entre las rocas, a Hilario Carmenate le brillan los ojos y, como en sus tiempos de estudiante de artes plásticas, se pregunta qué querría expresar el autor y en qué circunstancias lo habrá creado.

Hilario se dedica a la búsqueda de pinturas… rupestres.

Hace años que lo hace, en las cuevas de las montañas pinareñas y en la península de Guanahacabibes.

Primero las fotografía. Luego en su cuaderno de campo, plasma lo que ve. Es esta la única manera de dejar constancia de ese importante legado de nuestros antepasados, que hoy se pierde aceleradamente, dice.

Con medio siglo de experiencia en la espeleología, asegura que dibujos que se apreciaban nítidamente hace 20 años, en la actualidad casi no se ven.

“Se trata de algo bastante generalizado. En la mayoría de los lugares nos está sucediendo”.
Es el caso, por ejemplo, de las pinturas de la Cueva del Cura, de la Solapa de Los Pintores, o la de María Antonia.

“Los especialistas a nivel internacional consideran que se debe al ascenso de las temperaturas y otros factores asociados al cambio climático”, explica.

Ante esa realidad, el fundador del Guaniguanico, el grupo espeleológico en activo más antiguo de Pinar del Río, ha decidido priorizar en sus exploraciones la búsqueda de nuevas estaciones de arte rupestre.

Ello ha permitido el descubrimiento de los dibujos de la Cueva del Espiral, en el Pan de Guajaibón, y en las cuevas de Perjuicio y de Pancho Baños, en la Península de Guanahacabibes, entre otros.

“Los más recientes, los encontramos en el mes de diciembre pasado, en Cueva de Canilla, un sitio donde ya se habían reportado otras pinturas, en el que realizamos un nuevo hallazgo”.

Gracias a este empeño, Pinar del Río cuenta en la actualidad con más de 40 estaciones de arte rupestre, de las cuales alrededor de unas 30 han sido notificadas por él. No obstante, Hilario considera que lo que falta por descubrir pudiera ser mucho más de lo que se conoce.

Incluso en sitios que ya habían sido explorados, afirma que han aparecido pinturas en fechas recientes.

“Lo que sucede es que el arte rupestre no se buscaba, se descubría por casualidad. Por lo general, los arqueólogos iban fijándose en el piso, tratando de hallar las evidencias materiales, y no miraban para las paredes y el techo.

“De ahí que muchas veces, en cuevas reportadas hace años como sitios aborígenes, exploraciones más recientes encontraron dibujos que no habíamos visto anteriormente, cuando trabajamos allí”.

En las estaciones registradas a lo largo de Vueltabajo, señala que hay representaciones de seres humanos y de animales –lo cual se ha interpretado como un ritual para favorecer la caza–, aunque la gran mayoría son figuras abstractas.

“Algunos científicos creen que están asociadas con los conocimientos de astronomía que tenían. Otros sostienen la hipótesis de que consumían plantas sicotrópicas que les hacían ver esas imágenes y luego las pintaban”.

A pesar de que no existe un criterio definitivo al respecto, Hilario prefiere creer que los dibujos hallados en sus exploraciones no son el resultado de las alucinaciones.

“Pienso que tenían la intención de representar algo, de crear símbolos con un significado, con un mensaje para ellos y quién sabe si para otras culturas”.

A sus 72 años, dedica como promedio unos 15 días al mes a escudriñar en las cuevas de Vueltabajo.

“Todas las expediciones de quienes integramos el Comité Espeleológico de Pinar del Río son financiadas por nosotros mismos. Utilizamos el transporte público y llevamos nuestra comida, aunque siempre contamos con el apoyo y la hospitalidad de las familias campesinas.

“Cada vez que descubrimos una nueva estación hago un croquis tratando de ser lo más fiel posible a lo que veo, y también le tomamos fotos, y luego lo informamos al Grupo Cubano de Investigaciones del Arte Rupestre, que es el encargado de llevar el control en todo el país”.

Para Hilario es la única manera de preservar esa valiosa herencia de nuestros antepasados. Por ello considera que se debería organizar un sistema de exploraciones, con el apoyo de instituciones como Patrimonio y el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente.

“Nosotros lo hacemos con nuestros medios, pero no es suficiente”, dice.

En el plano personal, confiesa que cuando haya una nueva creación de los habitantes originarios de estas tierras siente una satisfacción muy grande.

“Nuestros primeros pintores fueron ellos, y cualquiera que fuera el significado de aquellos dibujos realizados en las paredes de las cuevas, o en los bloques de piedra, en definitiva, son una forma de arte”.

Lo más importante, sin embargo, es el hecho de que se pueda conocer a tiempo la mayor cantidad, para documentarla y para facilitar los estudios sobre el tema, advierte el veterano espeleólogo.

“El arte rupestre constituye una de las evidencias más importantes de la cultura de nuestros aborígenes, y lo que no se descubra en los próximos diez o 15 años, se va a perder”.

EN CIFRAS
304 estaciones o sitios de arte rupestre existen en Cuba, de ellas más de la mitad en la región occidental
– 85 se hallan en Matanzas
– 53 se encuentran en Guantánamo
– +40 en Pinar del Río
– 64 % de las estaciones cubanas están conformadas por pictografías, la mayoría de color negro
– 28 % de los sitios contienen solo petroglifos

Fuente: Información brindada por el Máster en Ciencias Divaldo Gutiérrez, presidente de la Sociedad Espeleológica de Cuba.

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