COMIENZA EL RETORNO. DOMINGO 26

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Desde Sagua a Corralito

Hilario Carmenate detiene sus ejercicios matutinos: el pintor que lleva dentro le revela una visión erótica del Guajaibón, y nos llamó para compartirla: un monumental perfil de mujer desnuda acostada, de unos turgentes senos, sobre el fondo rojizo del amanecer. Y, se concedió ese derecho humano al disfrute de la belleza, y el placer de dibujarlo en su cuaderno de campo.

Hicimos un calentao de arroz con frijoles y yuca como desayuno, y una cantimplora de agua para el camino. Quisimos despedirnos de Mercedes la doctora, pero aún dormía. Le dejamos una nota de agradecimiento y una flor.

Salimos a las 8:50, Felipe amarró varias mochilas en su caballo y él como nosotros, a pie. Al pasar junto a tres niños que jugaban frente a su casa, Hilario habló con ellos y les pidió que le hicieran un dibujo.

Marceli G. Sánchez, de 8 años y 3er grado, le dibujó una bandera cubana, en lo alto de una asta que le ocupa media página del cuaderno, con una estrella.

Vamos rumbo a Mil Cumbres por la carretera de montaña. Cruzamos el puente sobre el arroyo El Dos, y a unos 500 metros la existencia de dos puentes sobre el río Sagua en un tramo de 100 metros, le dan al lugar el nombre de Dos Pasos o Los Pasos juntos.

Felipe señala hacia el sur, a la cordillera ondulante de La Catalina: — Allá están los mogotes de Fornaguera, y hay una colonia de Microcycas calocoma, de unas 40 palmas—. Nos dice.

Y cuenta que “por los años 40, el general Montes, oficial de las Fuerzas Armadas, y latifundista, era el dueño y el que mandó a desmontar las lomas y se convirtieron en potreros.

Le pagaban 40 centavos al día a los monteros y como alimento funche. También construyó una carreterita… todavía quedan algunos puentes viejos. Manolo Ferro y Vicente Carvajal le compraron la finca y eran los dueños en 1959.

Subiendo Fornaguera, a la izquierda de la carretera baja el arroyo El Cusco, activo siempre. En un vivero forestal una mujer riega miles de posturas en bolsitas de polietileno.

Después vimos áreas reforestadas con caobilla antillana, ocuje yarúa… Desde la loma del arroyo Boca manga (175 metros sobre el nivel medio del mar), hay una vista del Guajaibón que muestra el sur de sus cumbres cimeras.

En el batey de Mil Cumbres –conocido antiguamente como Echevarria o Manacas– se conserva la casa de madera del general Montes, pintada de azul con tejas francesas rojas.

Hoy es casa de visita del área protegida. Hay una caballeriza y un vivero con una especie de palma que quieren desarrollar en la zona. Por una tubería les llega el agua por gravedad desde lo que llaman El Acueducto –expresión campesina bien lógica- abastecido por manantiales de las elevaciones al sur de la casa.

Por la carretera actual hoy e mal estado un bus hace 4 o 5 viajes al día entre el pueblo de La Palma –cabecera del municipio- y el batey El Mameyal a siete kilómetros al este de Sagua; serpentea entre sierra Chiquita y Mil Cumbres. Del pueblo de San Cristóbal llegaba otra hasta el batey, pasando por Rancho Mundito y Sabanilla, pero el deplorable estado de la carretera y el período especial casi eliminaron esos viajes, aislando aún más la zona.

Avanzamos al sur subiendo a través de un trillo la loma de Seguí, pedregoso por el afloramiento de estratos calizos verticales. Cerca de la cumbre (305 metros sobre el nivel medio del mar), una vereda casi perdida, ya no se usa, señala el antiguo camino a la Hoyada de La Catalina.

El actual, mejorado con buldócer, bordea la cima por el este en un tramo de dos kilómetros y desciende al sur, sombreado de guásimas, algarrobos, cedros, yagrumas, guasimillas y bejucos que penden de lo alto, las malvas hacen del camino casi un trillo, y las guayabas maduras perfuman el aire y nos nutren.

En otra cima del mismo cerro pero que llaman La Altura, hicimos un alto. Felipe con su índice activo nos señala al oeste y describe “la loma de la jocuma, hasta donde llegan los potreros de Seguí y del Caimito, cerrados al sur por las sierras de La Hoyada, La Jía y El Congo

Al este los potreros del Pinar de Flores y las serranías de Galván, El Mameyal y Seboruco. Descendimos a la hondonada de Laguna Villar, ahora seca, y tomamos agua en el arroyito de igual nombre, que se pierde en un sumidero estrecho, son las 11:25.

En la Puerta del Mamey –puerta de golpe en la cerca de potreros y una enorme mata de mamey colorado-, entroncan el camino actual y el viejo.

Otra vez afloran en el camino los estratos calizos, ahora más gruesos. Pocos rayos del sol consiguen traspasar el enramado de algarrobos, guásimas, guaras, copeyes, ciguarayas y jagüeyes, dagames, majaguas, cabos de hachas, llamaos, ayúas, macurijes, tengues, helechos arborescentes… Al oeste de Puerta del mamey hay otra colonia de palma corcho.

Cien metros al sur de la puerta Valdín y los dos Pedros les hicieron el croquis topográfico a dos pequeñas cuevas al borde del camino: al este, furnia Vereda La Hoyada, de apenas siete metros de profundidad y galería muy estrecha incógnita.

Al oeste cueva del Jagüey, de quince metros, ambas funcionan como sumideros de las aguas locales. Ochenta metros después, también al borde del camino, se le hace croquis hasta los siete metros a furnia La Palma.

Avanzamos otros noventa metros y aparece furnia Grande, de doce metros de diámetros en la boca y dieciocho de profundidad, al este y a seis metros del camino.

Cincuenta metros al sur de esta y diecisiete al oeste del camino, vimos cuevita El Majá, un ponor que dejamos incógnito a los dieciocho metros. Setenta metros más y al borde del camino otra furnia de boca ancha que nombramos cueva El Ficus, de veinte metros.

Participaron en la exploración espeleológica, Valdín, Alain, Orlando Sotolongo, Enrique, Alexis, Hilario, quien escribe y Pedro Valdés, quién se destacó haciendo los croquis topográficos.

Fueron ubicadas todas en el mapa topográfico 1: 25 000 y observamos que las seis cuevas están al borde del camino: es una zona potencial para estudios espeleológicos y del carso en general.

La grandeza del cubano no se ha perdido

A la 1:15 salimos del monte a la Hoyada de La Catalina: un valle intramontanos (polje) que se extiende tres kilómetros de este a oeste por uno de ancho, con mogotitos aislados, ensenadas y abras penetrando las sierras que lo rodean.

La división político-administrativa entre los municipios de La palma y Los Palacios lo divide al centro: la parte norte pertenece a la E.M.A de La Palma (¡no, no! no vayan a pensar que lo siembran hasta la mitad y la otra parte la E.M.A de Los Palacios… sería el colmo!)

Hay cultivos de plátanos, yuca y malangas y frijoles, vimos platanales de burro censa con la yerba hasta los racimos, y mucha área abandonada, sin sembrar.

Conversando con tres obreros en el comedor del plan –modesta construcción de madera y guano-, nos explicaron que allí trabajan quince, de ellos directos en el surco seis, cuatro boyeros; un montero, la cocinera, dos custodios, el tractorista y dos jefes.

Ninguno vive allí, vienen en carreta desde San Andrés de Caiguanabo –unos 27 kilómetros- y ahora con la escasez de combustible, vienen poco. La sequía está afectando mucho.

Nos brindaron almuerzo: yuca y plátano burro.

— En 1943 aquí no vivía nadie —. nos contó Felipe: — Después vivió un viejo de apellido Blanco con tres hijos llamados Juan. Por los años 50 llegó un montero de los Ferro también llamado Juan, al que para diferenciarlo lo apodaron, El Aparecido.

En la actualidad allí vive Justo Ávila, el montero del plan, pero solo temporalmente, pues tiene su casa en Corralito, cerca de San Diego de los Baños.

Los exploradores del 43 llegaron sin guía; salieron de La Hoyada rumbo al suroeste y anduvieron perdidos en los pinares, sin alimentos desde el día anterior. Antonio Núñez Jiménez relata:

En estos terrenos, nuestros zapatos terminan por deshacerse y entonces sacamos de nuestras mochilas las frazadas, las partimos en dos y nos las atamos a los pies para poder seguir caminando (…). De nuevo la noche nos sorprende por el camino. Estamos exhaustos. Durante los altos que hacemos para descansar nos quedamos dormidos, y cuando despertamos, proseguimos (…)”.

Pensamos explorar un poco La Hoyada y acampar allí, pero decidimos dejar la exploración para otra expedición en que podamos dedicarle varios días, y avanzar hoy hasta Las Yeguas.

A las 2:55 pm, en marcha otra vez. Un monte reforestado de majaguas sombrea el camino hasta al pie de loma La Tasajera. Allí nos alcanza Justo Ávila acompañado de su mujer y un hijo en dos caballos; han estado un mes en La Hoyada y bajan a su casa.

Él se ofrece como guía y nos despedimos de Felipe, que regresa jinete a Sagua, sin más pago que el agradecimiento de personas que no conocía ayer, y que quizás no vuelva a ver. Así son de humildes y excelentes anfitriones los hijos de las montañas, por eso cuando este domingo comenzaba el retorno a casa aprendimos, que la grandeza del cubano no se ha perdido.

Pedro Luis Hernández Pérez

Pedro Luis Hernández Pérez

Miembro Ordinario de la Sociedad Espeleológica de Cuba