CORALES, HISTORIA Y COLORIDO EN PELIGRO DE EXTINCIÓN

¿Qué es un coral?

Una buena pregunta que muchos responden aseverando, ¡una piedra! y de cierto modo algunos están formados por un esqueleto de roca calcárea, formada y habitada por uno o varios pólipos, animales, que conviven además, en simbiosis con algas.

La mayoría de los corales pétreos forman parte de la clase Anthozoa (del griego antho: flor,  zoa: animal). Se estima que en el mundo existen más de 1314 especies de corales del orden Scleractinea. En Cuba y el Caribe se calcula que hay entre 56 y 61 especies de corales pétreos, dependiendo de la clasificación.

Estos desempeñan un importante papel dentro del ecosistema marino, brindan sustrato, alimento y refugio a muchos organismos de forma permanente.

“Actualmente se estima que a pesar de la limitada extensión de las formaciones coralinas sobre los océanos, estas albergan la cuarta parte de las especies del globo terráqueo (Alcolado, 1999). De aquí que los arrecifes coralinos sean considerados, junto a las selvas tropicales, los ecosistemas más biodiversos del planeta”. (González. Ferrer. Sergio, Corales Pétreos, Jardines Sumergidos de Cuba).

La diversidad de formas y colores responde al hábitat y otras muchas razones. Los pólipos se alimentan principalmente de zooplancton (del griego zoo: animal, plancton: errante) pequeños animales que pasan su vida flotando y van a la deriva con las corrientes, también ingieren peces y crustáceos muy pequeños.

Su diminuta boca está rodeada por tentáculos que usan para capturar el alimento, valiéndose de células secretoras de mucus y armadas de estructuras tóxicas y punzantes, que neutralizan las presas. Lo ingerido por un solo pólipo es repartido hacia el resto de la colonia.

Pero hay otros pólipos de corales que cuentan con otra vía de obtención de alimentos, son los que viven en simbiosis con un grupo de algas conocidas como zooxantelas. Se les llama corales zooxantelados y su alimentación se desarrolla a partir de la recepción de productos derivados de la fotosíntesis que realizan estas algas.

En la mayoría de los corales zooxantelados los pólipos no se observan durante el día, pues la actividad de las zooxantelas satisface su alimentación, pero en la noche, los depredadores diurnos no están y las corrientes marinas conducen el zooplancton hacia las zonas poco profundas y entonces los pólipos salen a comer.

Las zooxantelas se instalan en el interior de los corales, son microscópicas, unicelulares y de color carmelita claro, normalmente exceden el millón por centímetro cuadrado de la superficie del coral y ambos se benefician de esta convivencia.

De las 1314 especies de corales que habitan el planeta, se estima que 645 pertenecen a corales zooxantelados. Los tejidos de estos corales son traslúcidos,  deben sus colores al tipo y densidad de las algas simbiontes que albergan. En ellos predominan los colores carmelita o amarillo, incluso ambos.

Pueden  lucir  otros colores, pero estos tienen que ver con los efectos de la luz y los rayos ultravioletas. Se pueden apreciar el rojo, violeta, verde y blanco brillante.

En los arrecifes superpoblados, los corales suelen competir por el espacio, algunos se arman de un rápido crecimiento para sombrear especies más débiles y hasta de tentáculos especializados en la defensa, estableciendo jerarquías de agresividad entre las diferentes especies.

Todos los corales pétreos son marinos, y pueden habitar desde las aguas tropicales hasta las aguas frías de la región antártica. Han contribuido al crecimiento de los límites geográficos de continentes e islas, favoreciendo el asentamiento de especies terrestres y del hombre.

Los arrecifes de coral son muy raros. Se hallan en menos del 1% de los océanos del planeta. Sin embargo, son uno de los sistemas esenciales para la supervivencia humana, pues albergan entre el 25% y el 33% de toda la vida marina.

Los arrecifes más cercanos a las orillas, conocidos como crestas, han desarrollado adaptaciones, como el crecimiento constante, que les permite vivir en zonas de mucho oleaje. Estos son una fortaleza para la protección de las costas contra la acción del oleaje.

Los ecosistemas marino-costeros, manglares, pastos y playas, ayudados por la geomorfología y las corrientes, deben una parte importante de su existencia a la erosión de los corales mediante diferentes procesos bioecológicos y al resguardo que brindan sus estructuras.

Prehistoria

La primera forma de vida que se manifestó en el planeta surgió en el mar y fueron estructuras biogénicas llamadas estromatolitos. Ellos fueron los primeros constructores de arrecifes de todo el periodo precámbrico de la era Paleozoica. Hoy aún existen en Australia y Las Bahamas.

Las formas más primitivas de corales coloniales tabulados y rugosos datan de la era Paleozoica, en el Devónico, cuando existió un grupo conocido como heterocorales.

En Cuba, los corales fósiles más antiguos encontrados, están en rocas de la era Mesozoica, durante el Jurásico Superior, cuando en el mar nadaban reptiles gigantes y una gran variedad de vertebrados e invertebrados, entre ellos los rudistas (moluscos gigantes). Todos ellos desaparecieron 65 Millones de años atrás debido al fuerte impacto de un meteorito en la zona que ocupa hoy Yucatán, conocida con el nombre maya de Chicxulub.

En toda Cuba hay rocas del Jurásico Superior, pero en la cordillera de Guaniguanico, en Pinar del Río, es que se observan restos de los grandes reptiles marinos, depositados en calizas negras, rocas brechosas. Estos depósitos alcanzan los 900 m de espesor, en cambio en otros lugares del planeta, solo entre 5 o 6 m. (Iturralde-Vinent, Manuel y Gasparini, Zulma 2013).

Entre los invertebrados, se extinguieron los ammonites y los globotruncánidos (invertebrados unicelulares marinos) además de los rudistas ya mencionados, entre otros. 

En los “yacimientos fosilíferos cubanos” de la zona occidental  hay plantas, tortugas, cocodriliformes, ictiosaurios, plesiosaurios, pliosaurios, peces, moluscos cefalópodos, bivalvos, erizos, diminutos ostrácodos y folaminíferos.

A partir de esta la extinción masiva se hicieron dueñas de los mares las formas modernas de vida. Se estima que fue en el Eoceno, donde diversos grupos de corales escleractineos comenzaron a edificar los primeros arrecifes coralinos que alcanzaron mayor plenitud durante el Oligoceno y el Mioceno.

Historia documental

Se sabe por referencias bibliográficas que los primeros estudios sobre corales datan de finales del siglo XVI, en un principio se creía que eran plantas. No fue hasta 1753 que el biólogo francés J.A de Poysonell, quien determinó que eran animales similares a los del grupo de las anémonas.

En Cuba, a partir de la llegada a la capital de Antonio Parra, un soldado de la infantería española, es que se aborda por primera vez el tema de los corales, bajo el nombre de “piedras curiosas”, colectadas en canteras y playas del occidente.

La primera publicación cubana sobre el tema se tituló: “Descripción de diferentes piezas de historia natural”, La Habana 1787.

Para 1877, Rafael Arango y Molina, cubano célebre, especializado en moluscos de Cuba, publica el material “Radiados de la Isla De Cuba” donde recoge referencias de la mayoría de las especies de corales pétreos. Este material constituye la primera obra taxonómica de los corales cubanos.

Los corales y el hombre

Unas mil especies de peces, 160 de esponjas, moluscos, crustáceos y gran variedad de plantas, conviven en el arrecife coralino que rodea la ancha y relativamente poco profunda plataforma submarina cubana, que se sumerge en las cálidas aguas del océano Atlántico, al Norte, y del mar Caribe, al Sur.

Los corales están presentes en la vida del hombre desde sus inicios. Por ejemplo, en Cuba se han descubierto figuras antropomorfas y morteros en sitios arqueológicos de ocupación aborigen, realizados a partir esqueletos de corales, que posiblemente hayan llegado a la orilla después de eventos meteorológicos.

También la utilización de roca marina en la industria constructiva no es solo tema actual. Durante los siglos XVI, XVII y XVIII, se construyeron en La Habana, fortalezas, iglesias y casas que pertenecieron a personalidades adineradas, como el Castillo de la Real Fuerza, la fortaleza de La Punta, El Morro, la Catedral de La Habana, los conventos de San Francisco y Santa Clara, entre otras.

Estas se construyeron a partir de bloques de piedra donde se observan fósiles de animales marinos, la mayoría corales. Estas piedras se conocen como calizas conchíferas y eran extraídas de canteras cercanas al sitio de construcción.

En la capital hubo algunas de estas canteras en los lugares que hoy ocupan La Rampa, Malecón y San Nicolás. Además de las canteras de San Lázaro, donde trabajó por varios años el joven José Martí.

En el mundo de la medicina, los corales pétreos son utilizados como fármacos o reactivos de interés bioquímico, además de ser excelentes materiales sustitutos del tejido óseo en personas con traumatismos severos.

Los corales más utilizados con fines médicos pertenecen al género Porites y se utilizan para la producción de un biomaterial nombrado Hidroxiapatita Porosa Coralina (HAP-200). Este producto cubano ha tenido gran aplicación en el campo de la neurocirugía, la ortopedia, en tratamientos de afecciones maxilofaciales, en injertos oculares, como relleno y suplemento en injertos.

Indudablemente los arrecifes coralinos son una pieza indispensable del gran rompecabezas que es el planeta tierra. Ha sido protagonista esencial para el hombre y muchas otras especies terrestres, además por supuesto de la vida marina.

Hoy las altas temperaturas, la contaminación, los plásticos que demoran cientos de años en degradarse y que pasan a ser parte de la dieta de gran variedad de especies, las cuales mueren al ingerirlos, y las malas prácticas, afectan notablemente la vida marina. Estos y otros factores hoy enferman y destruyen  los arrecifes coralinos de todo el planeta. Estamos perdiendo de forma irreversible ese importante y mágico mundo de colores.

Bibliografía consultada:

  1. Ferrer, González Sergio y colectivo de autores, Corales Pétreos Jardines Sumergidos de Cuba. 2004.
  2. Iturralde-Vinent, Manuel y Gasparini, Zulma, Animales del Caribe Primitivo y sus costas. 2013