CUBA PASAJE A LA NATURALEZA. GUANAHACABIBES V

En la costa sur de la bahía de Guadiana, se encuentra cayo Redondo, ubicado 2 km al sur del caserío La Fe, frente al bajo, Algodonal y al norte de punta Los Soldados; islote de mangles y arena, que ocupa un pequeño espacio dentro de estero Redondo, en el borde marítimo de la faja de manglares costeros de la zona; a 1,5 km al sur del poblado de La Fe. Especie de penicayo, donde se encuentra uno de los sitios arqueológicos más interesante de Vueltabajo.

Sobre este promontorio se asentó hace más de 3 000 años AP un grupo aborigen, reportado por Mark R. Harrington en 1915, quien lo dio a conocer para la ciencia en su libro, “Cuba Antes de Colón” en 1935. Excavado por Cornelius Osgood en 1941 cuyos resultados publicó en: “The Ciboney Culture of Cayo Redondo Cuba”, London Yale University Press.

Al parecer, siete años después, según descrine Ramón Dacal, Antonio Balasch, realizó un viaje de estudios al extremo sur de La Fe, que pudiera ser este sitio, en él realizó excavaciones y remitió los objetos encontrados al museo del grupo Guamá.

El topónimo de este espacio geográfico se convirtió en paradigma en la caracterización de otros aborígenes, quienes con patrón de asentamiento similar habitaron el Archipiélago y pertenecían al preagroalfarero de la fase Siboney aspecto Cayo Redondo.

Según refieren Enrique Alonso Alonso e Hilario Carmenate, recogido en el Censo Arqueológico de Pinar del Río de 1986, el sitio estaba compuesto por un gran residuario en forma de herradura y otro de forma ovalada más pequeño, que sobresalían varios centímetros por encima del nivel del agua de los pantanos costeros y los aborígenes dejaron abundantes restos alimenticios y artefactos e instrumentos de trabajo, con un espesor máximo de 1.30 m.

Los originarios habitantes pertenecieron a la etapa preagroalfarera o mesolítica, y sus actividades subsistenciales la dedicaron a la pesca, la recolección, la captura y en menor medida a la caza.

El grupo Guaniguanico lo visita la primera vez en 1973, en compañía de los Dres. Valeri Guliaiev y Vladimir Vashilov, arqueólogos de la Unión Soviética. Luego se decide por el colectivo vueltabajero, realizar excavaciones estratigráficas en 1982, el sitio ha sido clasificado como de primera magnitud.

Las capas arqueológicas, en las que aparentemente predominan los restos de Strombus pugilis y Crassostraea rizophorae, alcanzan un espesor máximo de 1,30 m. Resulta notable el hecho de que la especie Strombus pugilis, tan abundante entre los restos arqueológicos de alimentos en el sitio, no puebla hoy las aguas circundantes.

Abundan restos alimenticios, artefactos e instrumentos de trabajo, desarrollaron actividades de subsistencia dedicadas a la pesca, la recolección, la captura y en menor medida, la caza. Dentro del conchal fueron desenterradas abundantes conchas de Strombus pugilis, en grandes cantidades y evidencias óseas de pescados, manatíes, tortugas, caparazones de almejas, ostiones, mejillones, pinzas de cangrejos y restos de jutías.

De regreso a la Fe, la tarde va cayendo lentamente, ensimismado en sus pensamientos, los visitantes comentan las impresiones del día. Con la vista fija en la estela de agua que deja la embarcación, entre el oleaje y el cielo se observa como la silueta de una canoa con hombres encima que se bambolea a la altura del cayo abandonado.

Se miran entre sí y una idea les ronda. ¿Dónde están los restos de las canoas, y de los utensilios de madera que debieron utilizar estos primeros habitantes? será acaso esta visión fantasmagórica, indicación de que Cayo Redondo tiene mucho que decir…

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