CUEVA DE JUANELO PIEDRA

Cueva de Juanelo Piedra[1]

Por: Antonio Núñez Jiménez

Esta espelunca se encuentra en las coordenadas 554-231 de la hoja 3784-III, en la finca Juanelo, barrio de Güiro Marrero, municipio Quivicán, actual provincia de Artemisa, a unos 9 m sobre el nivel medio del mar, a solo 2 km al norte de la ciénaga litoral y a 30 km al ESE de la cueva del Diamante, en la extensa Llanura Cársica Meridional, donde sobresalen el diente de perro y las piedras sueltas o carsolitos y afloran las tierras rojas, que permite una incipiente agricultura y la explotación ganadera. La caliza masiva, sin formar estratos con fragmentos de microfósiles, corresponde al período mioceno.

El plano de esta cueva representa una galería rectilínea de 136 m de largo total, por un ancho promedio de 20 m; salvo una pequeña parte del “salón de las Claraboyas”, la cueva está ocupada por un gran lago freático y orientado casi de SW a NE.

A la cueva se penetraba originalmente por una de sus dos claraboyas, abiertas en el techo; debajo de estas se ve un pequeño cono de derrumbes, cubiertos por formaciones secundarias, rodeado por un lago. Una entrada artificial escalonada, abierta en el siglo pasado permite un cómodo acceso por su lado sur. El espejo de agua del lago se halla a 7 m debajo de la superficie de la llanura, es decir a 2 m sobre el nivel del mar.

La parte visible del lago tiene 48 m de longitud por 20 m de ancho; en sus extremos este y oeste la bóveda desciende en sifón impidiendo ver la continuación del lago en esos rumbos opuestos.

El “salón de las Claraboyas” tiene una morfología muy semejante a la cueva tipo “Aston” en una fase “Diamante”. En ese punto la bóveda, aproximadamente semiesférica tiene casi 7 m de altura, mientras que la bóveda de la “galería del Lago”, en su prolongación hacia el occidente, apenas tiene 2 m de altura sobre el nivel del espejo de agua, aunque entre el techo (libre de agua freática) y el piso (ocupado por dichas aguas) hay unos 7 m de separación.

Al bucear la “galería del Lago” se encuentran en el piso de la cueva estalagmitas debajo de las puntiagudas estalactitas pendientes del techo. Era evidente que tales formaciones secundarias se habían originado en una fase del desarrollo de la cueva en que esta se encontraba libre de las aguas y que luego de formarse dichos espeleothemas la cavidad volvió a inundarse, demostrando los cambios del nivel de las aguas en esta localidad.

Hacia el oeste la profundidad del agua aumenta hasta los 5 m. El fondo se ve a veces cubierto por manchas oscuras formadas por las deyecciones de las golondrinas que han hecho sus nidos de barro en los huecos del techo de la cueva libre del nivel de las aguas; en otros tramos el piso rocoso de la galería está cubierto por estalagmitas.

En dirección al NW, luego de nadarse unos 40 m, la bóveda del techo cavernario va descendiendo hasta llegar a la superficie del agua. En ese extremo existe un amplio sifón, en ese punto es necesario sumergirse y bucear en un amplio salón por donde continúa la cueva inundada de agua en su totalidad.

[1] Antonio Núñez Jiménez: “Clasificación Genética de las Cuevas de Cuba”. Departamento de Espeleología, Instituto de Geografía de la Academia de Ciencias de Cuba, edición provisional, pp. 98-149, 1967.

Ya no se ve ni un pálido reflejo de la luz solar que penetra por la claraboya, a la luz de las linternas se observan blanquísimos mantos, cuyas gotas de aguas, al rodar por su superficie aérea, es decir antes de que se inundara la cueva, formó pliegues dentados, este saló fue bautizado con el nombre de “salón Blanco”.

Una estalactita casi en el centro de ese salón presenta su cónica superficie erizada por miles de helictitas. A continuación, se desarrolla un túnel con morfología similar a la del salón del lago, pero desciende hacia el occidente, donde la cueva continúa más estrecha, cubierta de esbeltas columnas; el techo desciende bastante y la prudencia indica el retorno. El piso muy irregular deja ver trechos de roca estructural perforada por huecos cilíndricos.

Durante la exploración del 4 de mayo de 1966, por Antonio Núñez Jiménez, Nicasio Viñas y otros expedicionarios se tomaron temperaturas a las 10:40 horas en el aire exterior con 24.4o en el interior de la cueva 23.0o y en el agua 25.3o. Además durante la exploración subacuática se tomaron muestras de agua a distintas profundidades, para realizar análisis de salinidad y oxígeno disuelto:

Profundidad

(m)

Oxígeno ML/L

(milímetro por litro)

Salinidad 5o/00

(gramos por mil gramos de agua)

0.00 m

4.02

0.5o00-5%

3.00 m

3.98

0.5o00-5%

6.00 m

4.22

0.5o00-5%

10. 00 m

4.60

0.5o00-5%

El O2 fue determinado mediante el “Método de Winkler”. La salinidad titulada con solución NO3Ag, y también midiendo la conductibilidad eléctrica del agua. Los resultados es una proporción de salinidad casi nula y el oxígeno no disminuye con la profundidad, sino que aumenta.

Se calculó que el piso de la cueva en el fondo del salón Blanco se encuentra a unos 8 m por debajo del nivel del mar y sin embargo existen las estalagmitas ya descritas se demuestra los niveles del mar durante el pleistoceno.

En dirección opuesta al “salón Blanco”, casi NW a partir del ¨salón de las Claraboyas” la cueva vuelve a descender, totalmente ocupada por el agua. Es necesario bucear de nuevo en sifón como 5 m de profundidad para pasar al “salón de los Cristales”, por presentar bellas estalactitas cristalinas, casi transparentes, de la más pura calcita. Curiosamente numerosas estalactitas muestran su superficie como estriadas horizontalmente, es decir ligeramente “cordadas” como las bautizó Núñez Jiménez y ellas se deben a las huellas de las fluctuaciones del nivel del manto freático; esta forma cordada ya fue observada en las formaciones secundarias de “cueva de La Lechuza”.

El rumbo de esa nueva dirección e casi norte 10o, la cueva sigue a través de un ancho sifón en cuya superficie existe una campana de aire, respirable, sin equipos de escafandra autónoma.

A esta parte de la espelunca se le nombró salón del sifón, presenta en su centro el cono de derrumbes con la bóveda de morfología semiesférica, pero sin presentar la claraboya, esto permite suponer que algunas cuevas y salones del sistema subterráneo Aston se encuentran en “rosario”, unidos por sifones y galerías inundadas que dejan libre la comunicación, que aprovecha para su movimiento, la fauna que atesora.

A los lados del cono de derrumbe del “salón del sifón” se observa que dicho cono tiene unos 15 m de altura desde su base hasta la cima, lo que indica que el piso de esta cueva se encuentra 13 m por debajo del nivel del mar. La tierra roja penetra entre sus grietas y se deposita en el fondo de la cueva inundada, en forma de cono.

A 24 m de distancia de la entrada al salón de los Cristales es necesario sumergirse unos 7 m para pasar por una galería de deslumbrante belleza, porque compiten los cristales de las más variadas formas en helictitas a través de ellos nadan lo peces ciegos. Se avanza a través de un bosque de estalagmitas cónicas de aspecto alabastrino. A esta sección se le denominó la “galería de las Helictitas” la más bella de Juanelo Piedra. Se prolonga esta galería y se observan mantos purísimos colgados de sus techos y paredes, la cavidad parece una geoda cuajada de cristales con las formas más fantásticas. Se avanzó en esa galería unos 45 m, hasta que comienza a estrecharse y ante el peligro se retornó.

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