CUEVA DE LA MINA EN EL CAMINO DE LOS MISTERIOS DEL CABO.

Retorno a cueva la Mina

Sin guía salimos del poblado de La Güira. El viaje no fue tan largo, En el monte todo se parece y luego de caminar más de lo conveniente y ante las reiteradas rabietas de Carmen, a las que se le sumó Mario (el alemán), me convenzo, me he extraviado.

Nunca antes he blasfemado tanto, como en esa ocasión, Mario llegó a decir que, en su país, cuando un jefe se pierde, la gente lo recrimina mucho más fuerte y dejan de seguirlo, menos mal que no vivo en Alemania, porque en ese caso saldría solo al monte.

Retorno sobre mis pasos y a poco encuentro a Yanet y Lisset (el otro grupo perdido ayer), quienes acompañan a Boligán con sus pies llenos de ampollas en sangre. Descansan en la punta de una vereda. Raudel salió en nuestra búsqueda a caballo. La alegría invadió a todos con la unión y oímos su historia.

Luego de que se cansaron de caminar dando vueltas, el guía decidió acercarlos a una cueva sin saber cómo se llamaba, resultó ser La Mina. Como no nos encontraron, decidieron, ante la caída de la noche, a hacer campamento en la espelunca ubicada. Hoy en la mañana salieron a encontrarnos.

Una vez reunidos todos, avanzamos hacia la cueva de La Mina, a donde arribamos alrededor de las tres de la tarde, hicimos una foto donde se demuestra la satisfacción del reencuentro.

Cueva de La Mina

Esta espelunca está alejada de la vereda unos 150 metros con rumbo sur, la cueva de La Mina está ubicada en las coordenadas X: (168,650) Y: (236,250) de la hoja 3381-I a escala: 1:50 000. Su entrada es una gran dolina de corrosión y desplome que crea un farallón de más de tres metros de altura, a través de una pendiente inclinada, pero antes de descender están los restos de un antiguo sitio aborigen.

Al sur de la dolina y junto a su entrada se observaron indicios de lo que pudo ser un gran montículo residual, destruido por su uso como relleno de veredas y hornos de carbón. Fue reportado para la ciencia por Hilario Carmenate y Enrique Alonso en 1970 y se le atribuye pertenecer a la etapa preagroalfarera.

Preparamos el campamento, mientras las chicas con Hilario Carmenate al frente, comienzan a cartografiar la cueva, otro grupo con Raudel exploran la misma, yo como castigo por haberme perdido asumo la cocina por el día de hoy y hago una espaguetada que al final fue elogiada por todos.

El cansancio llevó a la mayoría a acostarse temprano, mientras, las muchachas, Oney y el “Tropa” continuaron con la cartografía de la espelunca, terminando tarde en la noche.

En la cueva aparecieron evidencias aborígenes tales como piedras molederas, majadores y percutores líticos, restos de conchas marinas y terrestres, así como algunos fragmentos de huesos humanos.

Esta cueva también ha sido objeto del vandalismo de los buscadores de fortunas, alterando todo el espacio con calas no controladas. Es un lugar de frecuentes fiestas, romerías y campamentos de trabajadores forestales.

Historia de La Mina

La vereda de Los Yayales, camino que permite llegar hasta ella, fue corredor de las tropas mambisas durante la guerra de 1895. Por aquí se movieron los hermanos Lazos, y algunas de las expediciones que arribaron a la costa sur de la Península.

La espelunca fue campamento mambí y se ubicó la armería de Siero, cuya carcasa del torno original, traído hasta aquí en yuntas de bueyes sobre rústica carreta desde el ingenio Guacamaya de San Luis, fue encontrado por nosotros en los años de 1980, en la localidad de Mapotón.

Esta noche sobre saco de dormir en el suelo, me hace recordar aquella primera noche que pase dentro de esta cueva en los años de 1980, porque estuvo acompañada de una singular historia que ahora reproduzco en versión libre:

La noche nos ha sorprendido en este maravilloso mundo de luz, sombras y oscuridad. Previsores, habíamos tomado lo imprescindible para poder pernoctar, por si nos cogía la noche. armo la hamaca entre árboles dentro de la dolina de la cueva.

A mi lado, Mayito abre una lata de carne rusa él dice que “no come pescado”, todos nos miramos. Jorge le pide a Mario que traiga agua del gours para la cena. Nuestro inteligente amigo va por el preciado líquido. Joseíto toma la lata de carne y la vierte dentro de la de pescado.

Al regreso Mario preguntar por la lata de carne. Jorge le responde: compadre pasó una Jutía y la tumbó dentro del pescado, José agrega, ahh. –Por algo yo sentía que la sardina sabía tan sabrosa…

La cara de Mario era una ópera. La risa invadió las colosales bóvedas. Finalmente, todos de comimos el apreciado manjar, incluyendo a Mario, que nos perdonó la jugarreta y de paso, aprendió a comer pescado con carne.

La noche caía sobre el campamento. El ruido de los grillos se combinaba con el andar tropeloso de los cangrejos. El sonido suave de las hojas dejaba entrever la presencia de majaes que cazaban murciélagos. Poco a Poco la cueva de La Mina comenzaba a revelar los misterios del Cabo.

De Cuba Pasaje a la naturaleza.

Guanahacabibes XXI