CUEVA LA MINA. TESOROS DE LA HISTORIA

La Güira

Llegar a la Güira fue el comienzo de una historia cuyo primer destino era dormir en la cueva de La Mina el grupo llego hasta la casa de Emilio Vázquez Lugo y su esposa María Vázquez Borrego; Emilio se convirtió en el guía hasta cueva de La Mina.

Emilio es alto, delgado, quemado por el sol, a primera vista se parece al típico campesino de la región, pero algo en él lo diferencia de esa idílica imagen, un estado permanente de tensión ante la presencia de extraños.

Aún cuando en este caso la justificación está dada por razones de seguridad nacional, no deja de impresionar el estado nervioso, receloso, de casi todos los campesinos de la comarca.

Esta es una de las zonas preferidas para la infiltración de enemigos de la Revolución y salidas ilegales de personas que se lanzan a la aventura de viajar a Estados Unidos en cuyas aguas, un número grande e indeterminado de seres humanos, han encontrado la muerte.

Las historias que se escucharon, más que aterrar, envuelven en tristeza. Realidad dolorosa, que ha endurecido el espíritu de hombres y mujeres encontrados al paso. Pero una luz reina en estos campos: los mismos seres humanos, en estado de alerta permanente, son campesinos sencillos, amables, solidarios y jaraneros.

Fuera de estos riesgos, una vez que se nos identificó, incluso en los momentos de confusión, fuimos salvaguardo y siempre existió una fuerte confianza y camadería entre ellos y nosotros.

Comienza la aventura

Con la llegada del guía, salimos, a pleno sol de verano, con Emilio. La mayoría a pie, las mujeres a caballo. Avanzamos por tortuosa y arenosa vereda que penetra en la llanura cársica.

En la ruta encontramos una carreta tirada por bueyes con elevado acopio de madera, cercano a los tres metros de altura, el campesino regaló al grupo, sabrosos mangos aceptados con agradecimiento.

Quedo detrás del grupo y otro habitante local vestido de guardabosque me detiene y pregunta quiénes somos. Me identifico, se aleja receloso. Informará a sus superiores de nuestra presencia.

Continuamos la marcha. Tomamos la vereda precedida por una Puerta de Golpe. Hace 23 años, durante las expediciones de estudio de la Trocha Jaimiquí-Sitio Nuevo, ella había quedado en mi memoria, como punto de referencia hasta cueva La Mina.

El grupo se va alargando. La avanzada, en la que voy, penetra en tupido bosque semideciduo. Hemos avanzado seis kilómetros y se siente el salitre del mar. Tomamos agua. Pasados 20 minutos, no llega la retaguardia, compuesta por un sobrino de Emilio y cuatro espeleólogos.

Emilio comienza a blasfemar y decide sigamos. Promete traer a cujazos al sobrino por haberse extraviado. Retomamos el camino, poco después ya estábamos en el lugar la cueva La Mina.

Sorpresa

A la entrada de la espelunca encontramos dos recelosos guardafronteras, que esperaban por Emilio para abastecerse de víveres. Aun, cuando el oficial al frente del dúo, fue muy respetuoso, se comunicó con sus superiores e informó de nuestra presencia en la zona. Realizó ingentes gestiones conciliadora a través de la radio, para al final orientarnos que debíamos abandonar la zona y suspender la expedición.

Para qué contar el ambiente creado en ese momento. Algunos ofendidos, otros incrédulos y la mayoría desconcertados ante lo que nos decían, todos pensando en el retorno de 8 km a pie, cargados como mulos, cuando el cansancio se notaba en la tropa y la incertidumbre de tener cuatro compañeros extraviados.

Pero ni modos, aún con el permiso oficial no había solución y quedaban dos salidas, ponernos en franca rebeldía y crear un gran problema con una solución desastrosa, que llevaría a la suspensión de la expedición o cumplir la inconcebible decisión superior y solucionar el problema desde casa del guía, mientras aparecen nuestros compañeros.

Luego de acalorado debate decidimos retirarnos. Emilio estaba molesto. Los extraviados tomaron el camino a Los Cocos y llevaban mucha ventaja. Él estaba convencido de que chocarían con la unidad de Guardafronteras, por radio se alertó a dicho enclave y un poco más tranquilos por la seguridad de nuestros colegas, nos despedimos de los guardafronteras, quienes apenados permitieron que hiciéramos una foto recuerdo de tan angustioso momento.

El retorno

El camino de retorno fue penoso. El cansancio era evidente y el malestar de regresar a casa sin haber explorado era aplastante. Estábamos convencidos que de ahí no nos moveríamos hasta que aparecieran nuestros compañeros extraviados. Caminamos como sombras. Yo, apenado, ante todo, por la presencia de dos mujeres y de dos invitados de otros grupos.

El retorno me pareció más corto. Mientras caía la noche arribamos al poblado de La Güira. Nos interceptó un jeep del cuerpo de guardafronteras, El jefe del jeep nos expresa que puede haber una solución al problema, que permanezcamos en casa de Emilio, hasta que se aclare la situación.

El momento no era adecuado. Ellos tenían un reporte de salida ilegal y estaban de operaciones. Mala suerte para nosotros. Hacía alrededor de una semana que no había situación operativa. Nos pusimos fatales.

Hicimos abundante comida en casa de Emilio, por si llegan nuestros compañeros.  Ellos estaban acompañados de un guía local de toda la confianza. Poseían dos caballos que llevaban toda la comida y agua de reserva. Estaban equipados con casas de campaña, todo ello nos dejaba más tranquilos.

Raudel y Boligán son espeleólogos de mucha experiencia, habituados a auto perderse en largas exploraciones de días. Por ello no era de temer ninguna dificultad, más allá de la aventura, como después la práctica nos dio la razón.

María como madre sabia y cariñosa asumió la jefatura de la cocina, auxiliada por las dos chicas y el eficiente HC (Hilario). Algunos decidieron bañarse para relajarse, otros intercambiamos con la familia, hasta que estuvo la abundante “espaguetada”.

Una pertinaz lluvia hizo presencia en la noche, aumentando las angustias de Carmen no acostumbrada a estos sinsabores, se encontraba muy exaltada y nerviosa. A poco arribó el jeep que nos había interceptado, buscando que María les confeccionara los alimentos para varios guardafronteras, quienes se encontraban en operaciones a esa hora, 11 p.m. y no habían comido nada en todo el día. Ellos se retiraron alrededor de la una y media de la madrugada.

En la madrugada, acostado en el portal de la casa, veo venir un motor, tal parecería que me pasaría por encima, pero mi nivel de cansancio era tal, que hice caso omiso del mismo, me viré para el otro lado y proseguí mi sueño profundo. Al amanecer, ya todos levantados y los cuerpos adoloridos convidaba hacer algunos ejercicios calisténicos.

En ese instante aparece un joven primer teniente de guardafronteras, Yuri, que fue la persona que llegó en la madrugada; comienza a interrogarnos exacerbando aún más los ánimos de Marlisse y Carmen, que arremetieron contra el hombre con toda la saña que solo las mujeres, con su estirpe de madres, son capaces de desplegar, por momentos pensé que todos iríamos detenidos, o ellas le harían al joven oficial lo mismo que su esposa le hizo al cruel Agamenón.

Al final, él, entre apenado y disgustado por la rebeldía femenina, intentó palabras conciliadoras, ni él mismo entendía lo sucedido. Este hombre a pesar de su corta edad, es enérgico en sus afirmaciones y sensible ante sus coterráneos y luego de varios encontronazos duros por teléfono con sus superiores, logra que se nos otorgue el permiso de entrar a realizar nuestro trabajo.

Mientras esto ocurre ha llegado la señora que trae el pan a la casa de María y nos informa de nuestros compañeros, están bien y durmieron anoche en cueva La Mina, esto de alguna forma relajó todas las tensiones y raudos nos disponemos a marchar en busca de ellos y al fin, comenzar la expedición. Llegó el momento de conocer los tesoros de la historia

De: Cuba Pasaje a la Naturaleza.

Guanahacabibes XX