EL ASIENTO ARQUEOLÓGICO DE CANTABRIA

En mi primer relato hice referencia al bautismo como explorador… en el presente,  comparto con ustedes la segunda experiencia investigativa, esta vez, relacionado con la expedición que realicé al sitio arqueológico de filiación cultural agroalfarera, situado en las lomas de Catabria, provincia de Cienfuegos.

Pero antes… quería agradecer a todas la personas que desde la anterior narración se asomaron a los orígenes de mi vida como explorador, pues, después de decidir compartir lo que hasta ahora ha permanecido inédito en mis diarios espero les guste y conozcan a través de cada texto lugares, hechos y las peripecias que les acompañan.

Un mañana de verano a finales de 1975, siete estudiantes de 9o grado de la ESBEC “Carlos Roloff” -entre los cuales estaba yo-, situada en el munipio de Cumanayagua, Cienfuegos, guiados por el profesor de Historia y Arqueólogo, Raúl Rodríguez, nos dirigimos a pie hacia las lomas de Cantabria con el objeto de visitar el asiento arqueológico del mismo nombre, distante a unos 8 km hacia el noroeste.

Foto realizada en 1975 donde aparecen los estudiantes de 9o grado de la Secundaria Básica en el Campo “Carlos Roloff” en el asiento arqueológico de Cantabria. A la derecha agachado y con sombrero el autor de este relato

Mis compañeros y yo marchábamos con gran entusiasmo, pues sería el primer encuentro con un asentamiento humano donde habían vivido los primeros habitantes de esta región. Queriamos que el camino fuera más corto y que el tiempo volará, pero antes… atravesamos los diltados campos de naranja en los cuales todos los estuadiantes combinabamos el estudio con el trabajo según la prédica martiana.

Mas adelante, se nos interpuso el caudaloso río Arimao, el cual vadeamos hasta alcanzar la orilla opuesta. Ofrecía la vía fluvial en aquel tramo una de las más hermosas vistas. Las aguas se desparramaban sobre el lecho rocoso formando varios brazos separados por cayuelos alargados, donde los arbustos luchaban agarrados a las rocas para no ser arrancados de raiz en la crecidas turbulentas que solían ocurrir en el período de lluvias.

Aguas arriba, se apreciaba la vetusta estructura metálica del puente que permitía a los vehículos y personas transitar de una orilla a la otra a través de la carretera, hacia el cercano pueblo de Cumanayagua o en dirección contraría con rumbo a la ciudad de Cienfuegos. Y aun mucho más allá, se percibía el puente ferroviario, muy similar al ya descrito. Ambas estructuras, se combinaban con las aguas del río y sus escarpadas orillas para formar un paisaje singular.

Ya cerca del poblado de Codicia, entroncamos la carretera Cumanayagua-Cienfuegos, por la cual continuamos la marcha en dirección a esta última población. Tras unos tres kilómetros llegamos a un punto donde convergía un polvoriento terraplén, por el que continuamos con rumbo norte para aproximarnos a nuestra meta.

En la medida que avanzábamos penetrábamos en una zona donde el relieve ondulado se hacía más pronunciado, aquí y allá esparcidos sobre aquella geografía, se podían ver asentamientos aislados de campesinos, cuyas sencillas casas le daban un toque artístico a los diversos planos paisajísticos. 

Más adelante el camino se bifurcaba, tomamos el que se dirigía rumbo a la zona de Cantabria, un rato después de nuestra marcha, empezamos a ver a la izquierda una meseta alargada, desprovista en gran medida de árboles debido a la intensidad con que el hombre a lo largo de siglos había saqueado y empleado aquel sitio con diversos fines.

El profesor Raúl paró en seco su andar peculiar de grandes zancadas, para virarse hacia nosotros e indicarnos “…esa es la meseta donde está el sitio arqueológico…”. Confieso que sentí una inmensa impresión, tendría la oportunidad de conocer el lugar que durante cientos de años sirvió de asentamiento a una comunidad de pobladores de los cuales solo sabía a través de libros y clases que había recibido. No todos los nacidos en Cuba habían tenido el privilegio, hasta ese momento, de ver lugares arqueológicos como aquel, por lo que el impacto emocional era inevitable.

Mapa con la localización del asiento arqueológico de Cantabria resaltado dentro del círculo rojo

Dejamos el camino, cruzamos una cerca de alambres de púas y ascendimos la cuesta con gran regocijo hasta llegar a la cima de la meseta. Bajo nuestros pies yacían cientos de años de historia, cuántas veces los pobladores originarios que vivieron allí pisaron la misma tierra que nosotros… Comencé a imaginar, con figuraciones más que con conocimientos, como había sido la vida en este sitio, absorto en mis cavilaciones de jovenzuelo novato, fui traído a la realidad cuando el profesor Raúl nos indicó que hiciéramos junto a él una exploración del lugar para intentar localizar evidencias arqueológicas.

El sitio arqueológico de Lomas de Cantabria, fue descubierto para la Ciencia por los integrantes del Grupo Arqueológico “Guama”, y dado a conocer en 1947 por Oswaldo Morales Patiño, quien publicó un artículo en la revista de Arqueología y Etnología, con el título de “Asiento Cantabria. Exploraciones de los delegados del Grupo Guama”. Dichas investigaciones fueron realizadas entre el 9 de junio y 20 de octubre del indicado año.

A partir de ese momento, el sitio arqueológico alcanzó notoriedad atrayendo a destacados arqueólogos a lo largo del siglo XX, sobre todo por lo particular de la cerámica que emplearon los pobladores del asiento. Ha sido clasificado como asentamiento de una comunidad neolítica de origen aruaco, cuyo grado de desarrollo los incluye dentro de la economía de producción, distinguida por la práctica de la agricultura y la cerámica, que en Cuba han sido llamados históricamente Tainos.

Los estudios cronológicos realizados en la región Centro-Sur de Cuba, plantean que la comunidad agricultora que vivió en el asiento de Cantabria, arribó al lugar hacia el siglo XIV de Nuestra Era, momentos en que la vieja Europa estaba en pleno Medioevo. Así son las paradojas de la historia, lejos estaban los primigenios habitantes de Cantabria de imaginar que una centuria después su tranquila existencia sería perturbada para siempre por el ocupante europeo.

Nuestra exploración de superficie a lo largo de la meseta de Cantabria no fue en vano, fueron apareciendo por doquier fragmentos de cerámica, pertenecientes a diferentes recipientes empleados por los ocupantes de la colina. Es indescriptible la impresión que sentí al ver aquellos testimonios materiales, era la primera ocasión en que tenía entre mis manos tanta historia.

Quizás para el desconocedor no tenía significado alguno, pero era realmente reconfortante para un imberbe que se asomaba al pasado, poder palpar lo que cientos de años atrás había sido utilizado por un pueblo laborioso que desapareció engullido por los cambios culturales que les impusieron. 

De todos los fragmentos de cerámica encontrados en superficie, lo que más nos llamó la atención fue el asa zoomorfa de un recipiente, todos coincidimos que era la cabeza de un murciélago. Los ceramistas de esta cultura solían adornar sus recipientes de cerámica con diversos motivos incisos y moldear figuras como esta, al estar sus vidas muy ligadas a la naturaleza circundante y a un pensamiento mágico-religioso muy rico.., Que maravilla de la creación del hombre!!!.

Caía la tarde, era necesario regresar, por lo que nos dispusimos a desandar el camino hacia nuestra escuela, no sin antes perpetuar aquel viaje en una foto que guardo con mucho celo como recuerdo de tan inolvidable experiencia. El retorno lo hicimos absortos en nuestros pensamientos y emociones, acumuladas en aquellas horas que pasamos sobre la meseta de Cantabria, seguramente… habría un antes y un después de aquella incursión y el encuentro con el pasado…