El Capitolio Nacional: baluarte de la ciencia en Cuba.

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Tomando como referencia para su construcción el «Panteón» de París, el «San Pablo» de Londres y el Capitolio de los Estados Unidos, el Capitolio Nacional de La Habana ha estado muy vinculado a la ciencia en nuestro país a lo largo de los años.

Muy a tono con el día de la ciencia en Cuba celebrado el 15 de enero, coincidiendo además con el día en que Antonio Núñez Jiménez fundara la Sociedad Espeleológica de Cuba, se muestran pinceladas histórico arquitectónicas que vinculan esta majestuosa edificación con nuestra ciencia nacional.

El complejo arquitectónico  construido en 1929 bajo la dirección del arquitecto Eugenio Raynieri Piedra, fue concebido para albergar y ser sede de las dos cámaras del Congreso o cuerpo legislativo de la República de Cuba.  Presenta una fachada con columnas neoclásicas y una cúpula que alcanza los 91,73 m de altura.

Kilómetro cero

Situado en el centro de la capital del país, entre las calles Prado, Dragones, Industria y San José, es el origen kilométrico de la red de carreteras cubanas, marcado por un diamante de 25 quilates colocado bajo la cúpula del Capitolio. El diamante perteneció al último zar de Rusia, Nicolás II, y había llegado a La Habana en manos de un joyero turco que lo adquirió en París. En 1973 se sustituyó por una réplica por cuestiones de seguridad y se guardó en la caja de seguridad del Banco Central de Cuba. ​

Después del triunfo de la Revolución, cuando fue disuelto el Congreso, el Capitolio fue transformado en la sede del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente y de la Academia de Ciencias de Cuba. Desde 2010 se encuentra sometido a un proceso de restauración capital para devolverle sus funciones primigenias y que vuelva a ser la sede del parlamento cubano.

El proyecto para los jardines del Capitolio se concibió como un sistema de senderos floridos que se correspondían con los accesos de entradas de las diferentes fachadas del edificio.​ El estudio de la vegetación, desarrollado a partir del dominio y el conocimiento del paisajismo y la jardinería que el urbanista y paisajista Jean-Claude Nicolas Forestier poseía, se encaminó a enmarcar la monumentalidad del edificio, compaginando la arquitectura del capitolio con especies como lantanas moradas, cannas rojas y amarillas, embelesos, y un conjunto de palmas reales situadas en los cuatro ángulos del edificio como culminación del tratamiento, un elemento típico de la vegetación tropical y símbolo de la nacionalidad cubana.

Primer Jardín Botánico de la Ciudad

El origen de esta zona de la ciudad se remonta a finales del siglo XVIII, estando estrechamente vinculado a la construcción de la nueva Alameda de Extramuros, propiciada por los nuevos espacios obtenidos de la demolición de las murallas a partir de 1863.

La historia de los terrenos hoy ocupados por el Capitolio de La Habana comienza cuando el lugar, ocupado por una ciénaga, fue dragado a principios del siglo XIX para su aprovechamiento urbano. Posteriormente se instaló allí un Jardín Botánico, que fue el primero en la historia de la ciudad, fundado el 30 de mayo de 1817.

Biblioteca Nacional de Ciencia y Tecnología

El Capitolio Nacional también ha sido sede de la Biblioteca Nacional de Ciencia y Tecnología (BNCT), inaugurada por Fidel el 18 de julio 1988 en el Instituto de Información Científica y Tecnología (IDICT) adscrito al Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente.

Esta cuenta con bases de datos únicas en el país, a disposición de los investigadores y del pueblo en general. Entre ellas, el Directorio de Instituciones, base de datos no bibliográfica descriptiva que brinda información corporativa de instituciones cubanas y algunas firmas extranjeras radicadas en el país, relacionadas con las ciencias naturales, exactas, tecnológicas y aplicadas. Es la única publicación del país contentiva de información exhaustiva acerca del potencial científico nacional. En ella aparecen registradas personalidades relevantes en todas las ramas de las Ciencias Exactas, Técnicas, Naturales, Aplicadas y Sociales.

También posee una base de datos nombrada Cubaciencia, base de datos analítica bibliográfica con resúmenes de autores que recoge la producción científica cubana desde el año 1987 hasta la actualidad. A partir del 2009, como resultado de una nueva reestructuración del centro se decide pasar la BNCT a la Biblioteca Nacional José Martí.

Museo de Ciencias Felipe Poey.

En 1960 se anuncia la intención de crear el Museo Cubano de Ciencias Naturales, y se forma por indicación de Fidel la Comisión para la Creación del Museo Cubano de Ciencias Naturales, presidida por Antonio Núñez Jiménez e integrada por naturalistas y otros intelectuales. Entre los primeros, destacan las personalidades del malacólogo Miguel Luis Jaume y de Gilberto Silva Taboada.

La Comisión, desde su creación se encargó de reunir a los curadores y otros especialistas que conformarían el equipo de trabajo del Museo, así como, reunir colecciones dispersas en el país, tanto de instituciones como la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, y centros escolares nacionalizados que poseían colecciones docentes de historia natural, como colecciones privadas cuyos propietarios, marcharon del país.

El 26 de mayo de 1964 quedó inaugurado en el Capitolio y con ello, abiertas al público cubano y extranjero 26 salas de exhibiciones que abarcaban perfiles zoológicos, botánicos, geológicos, etnográficos y arqueológicos. Su nombre pasó a ser Museo de Ciencias Felipe Poey.

Entre los espacios expositivos más visitados y populares entre el público cubano, se encontraban la reproducción a escala natural de la Cueva número 1 de Punta del Este, de la Isla de la Juventud, caracterizada por las pictografías aborígenes que conserva, y el Planetario de La Habana.

Hasta 1995 radicó en el Capitolio hasta que fue trasladado a su sitio actual en la Plaza de Armas, abriendo sus puertas nuevamente al público en 1999.

Características constructivas

La cúpula, de una altura de 92 m, fue en su momento la quinta más alta del mundo con un diámetro de 32 m. Cuenta con 16 nervios entre los que destacan los panales recubiertos con láminas de oro de 22 quilates. Remata la cúpula una linterna con 10 columnas jónicas en cuyo interior había 1959 cinco reflectores giratorios que fueron retirados.

La longitud total de la construcción fue de 207,44 m, y su composición arquitectónica y volumétrica se estructuró a partir de un cuerpo central compuesto por la escalinata monumental, de casi 36 m de ancho por 28 m de largo y un total de 56 peldaños interrumpidos por tres descansos intermedios. A ambos lados del desembarco de la gran escalera, se emplazan dos grupos escultóricos hechos en bronce por el artista italiano Angelo Zanelli, La Virtud Tutelar del Pueblo y El Trabajo, de 6,50 m de altura cada uno.

FOTO Estatua de La República del escultor italiano Angelo Zanelli.

En el interior de este espacio se materializa el simbolismo arquitectónico en la imponente escultura de La República, situada bajo el domo, obra también de Zanelli, hecha en bronce, con 15 m de altura y 30 T de peso, que en su momento fue también la segunda más grande del mundo bajo techo. ​

Este espacio constituye el nudo de articulación del gran Salón de los Pasos Perdidos, el más monumental de los espacios existentes en los edificios públicos del país, con casi 50 m de largo, 14,5 de ancho y casi 20 m de puntal.

Un lugar poco conocido de este edificio es la «Tumba del Mambí Desconocido». Está ubicada en la parte baja de la escalinata principal; debajo y a ambos lados de ésta es posible apreciar dos arcos que conducen a un pasaje cubierto donde se encuentran las entradas a este recinto, que contiene un sarcófago rodeado por seis figuras de bronce que representan cada una las seis provincias de la república. ​

Proyecto de edificación

Al proyecto del capitolio resulta imposible asignarle una autoría exclusiva; constituye en sí una obra que desde su inicio fue recibiendo a través de estudios sucesivos un minucioso trabajo de diseño particular de los detalles del proyecto, patente en los bocetos y dibujos originales, que constituyen verdaderas obras de arte en muchos casos, y cuya materialización dio lugar a la expresión y la imagen final del edificio. ​

La firma de arquitectos Govantes y Cabarrocas fue la encargada del estudio del nuevo proyecto del Capitolio. Fue designada una comisión a cuyo frente se encontraba el arquitecto Raúl Otero, en la que participaron miembros de un equipo francés que se encontraba en La Habana trabajando en un Plan Director para su reordenamiento urbano, dirigido por el urbanista y paisajista Jean-Claude Nicolas Forestier.  

La dirección del proyecto fue llevada a cabo por arquitectos cubanos: Otero fue designado Director Artístico de la obra, encargado de la documentación de planos y los detalles del proyecto, y Eugenio Raynieri Piedra​ fue nombrado Director técnico a cargo de la ejecución y el presupuesto. Otro profesional a cuyo cargo estuvo el proyecto del Capitolio fue el arquitecto José M. Bens Arrate. La compañía norteamericana Purdy & Henderson Company tuvo a su cargo la construcción del edificio. ​

Atendiendo al volumen de su construcción, se estima que el Capitolio de La Habana es el tercero en importancia por su construcción monolítica en el mundo y el único de esas características construido en el siglo XX. ​ Fue inaugurado el 20 de mayo de 1929, con un costo total de casi diecisiete millones de pesos.

Fuente: Ecured, Wikipedia, IDICT, Internet.

Carlos A. Borrego

Carlos A. Borrego

Grupo Espeleológico Guamuhaya. | Miembro Ordinario de la Sociedad Espeleológica de Cuba. | Coordinador del PCMCu y el Proyecto Cubabat para provincia Artemisa. | cborrego2000@gmail.com