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EL CEMENTERIO CHINO DE MARIEL: IGNOTO, DEVENIDO EL MÁS ANTIGUO DE AMÉRICA.

Carlos A. Borrego

Carlos A. Borrego

Grupo Espeleológico Guamuhaya. | Miembro Ordinario de la Sociedad Espeleológica de Cuba. | Coordinador del PCMCu y el Proyecto Cubabat para provincia Artemisa. | cborrego2000@gmail.com

“…buscad y hallaréis…Porque todo el que… busca, halla…”  Evangelios de Lucas 11:9-10 y Mateo 7:7-8

En un lugar distante allende la bahía de Mariel, reposa olvidado en el tiempo un sitio que ha pasado inadvertido al interés de cronistas e historiadores. Un viejo y enigmático cementerio abandonado, que ha trascendido los siglos exclusivamente a través de la tradición oral: esas fantásticas historias contadas de abuelos a nietos y que discurren en la frontera entre el mito y la realidad. 

LA LEYENDA

Al consultar la historia regional o diferentes versiones de historia local de Mariel, ninguna hace mención a este cementerio que está presente en el saber de los viejos pescadores de este pueblo costero. El Dr. Francisco José Vélez, antiguo historiador de Mariel, quien fuera Jefe Local de Sanidad y Médico del Lazareto de Mariel, en su libro “Páginas de la Historia de Mariel” (1960), no lo menciona, solo dedica menos de media cuartilla al Lazareto, al cual asigna una fecha errónea de construcción posterior a la real, citando por demás al historiador de Vuelta Abajo Adolfo Dollero, quien habiendo descrito bellamente el Lazareto, no escribe nada sobre dicho camposanto.

Tampoco aparece información al respecto en otras historias locales posteriores al 2010. Únicamente referencias verbales contadas por el anterior historiador de la localidad, Juan Antonio Pérez Rivero, fallecido en febrero de 2013. Entonces,  ¿qué puede haber de cierto en algo que desde un inicio parece más leyenda que historia?

PRIMERAS EVIDENCIAS

El museo de Mariel dio los primeros indicios. En el listado de sus sitios patrimoniales,  aun sin precisar el lugar exacto, aparece desde hace muchos años la existencia de un cementerio chino en la localidad y fue hallada además una tarja fundida en una mezcla de grano fino, traída en el año 1992 desde dicho cementerio por Yoni Cabrera, técnico del Museo de aquel entonces, actualmente fallecido. En dicho año se llevaba a cabo una  excavación arqueológica en la Cueva de la Caña Quemada, como parte de los trabajos del Censo Arqueológico Nacional en la isla, durante el cual se exploraron los terrenos al oeste de la bahía. El Dr. Gabino La Rosa, dirigió dicho censo en los municipios Caimito, Guanajay y Mariel.

La pieza muestra caracteres chinos bajo relieve, escritos verticalmente y cubiertos con un derretido de cemento, que al ser traducidos por Pedro Eng Herrera, historiador y descendiente de chino de Guanabacoa, nos revelan la inscripción: “Tarja mortuoria” (坟墓) acompañada por el apellido chino Lǚ (呂).

UBICACIÓN DEL CEMENTERIO

Luego de varias exploraciones realizadas al oeste de la bahía de Mariel, desde el 2009 al 2012 por parte de especialistas del Museo local, de Patrimonio provincial, e integrantes de los grupos espeleológicos “Marien” de la localidad y “Guamuhaya” de Guanajay, a finales del mes de julio del 2012, fueron halladas las ruinas del antiguo Lazareto de Mariel. Unos doscientos metros al oeste, en una exploración posterior, fue finalmente localizado el cementerio, junto a la enseñada de Laza, en el extremo oeste de la bahía de Mariel, en las coordenadas X=23.015944, Y=82.762889.

Fueron varios los intentos fallidos regresando exhaustos, hasta que esa mañana aparecieron las primeras escasas tumbas muy destruidas. Éramos tres los re descubridores en esa mañana: la museóloga local Mirta Vale, Edel Mayol, en aquel momento aspirante a historiador, y yo.

Definimos una estrategia de investigación. Marieta Menéndez, conservadora del museo local, junto a Mirta Vale y Ernesto Fregel como especialista de Patrimonio del museo, investigarian en los archivos fotográficos del museo local, Edel Mayol investigaría sobre el Lazareto y yo investigaría sobre dicho cementerio.  Otros colegas del grupo espeleológico de Mariel estuvieron haciendo prospecciones subacuáticas, ellos fueron José Fuset y Carlos Gutierrez. En menos de 6 meses comenzamos a publicar los resultados en el periódico digital El Explorador.

Lo cierto es que el cementerio se encuentra lamentablemente en condiciones muy deplorables debido a los vandalismos y daños sufridos, luego de su abandono total, por parte de indolentes buscadores de tesoros, durante la “fiebre del oro” a finales de la década de 1980 y en épocas posteriores hasta la actualidad.  También según testimonios, debido a profanaciones por parte de sectas oscurantistas. En sus inicios remotos, comprendía únicamente paupérrimas sepulturas en tierra, dada la precariedad del momento, vagamente señaladas con alguna piedra o madera, que según el caso, no trascendieron los años y en ocasiones mostrando sus restos expuestos. Solo un área unos 330 m2 (30m x 11m),  puede ser identificada en la actualidad a través de escasos indicios.

En su interior algunas pocas tumbas escasamente delimitadas con ladrillos y en un área más actual reutilizada al sureste, algunas falsas bóvedas de factura posterior, tras la aparición de la fabricación del cemento en Cuba a finales del siglo XIX y principio del XX, las cuales corresponden a una etapa posterior de enterramiento y reutilización del cementerio que analizaremos más adelante. Entonces ¿cómo surgió y por qué causa? ¿Qué motivo lo hizo quedar un buen día olvidado y abandonado, si conocemos que por ejemplo, el Cementerio Chino de la Habana, aún abre sus puertas a los descendientes de chinos que tienen a sus difuntos enterrados allí y con el fin de rendirles tributo, le visitan con frecuencia incluso hasta nuestros días?

HISTORIA REGIONAL

Fue relativamente pequeña la comunidad china que se asentó en la jurisdicción de Guanajay. En 1862 la población total de la Jurisdicción de Guanajay era de 23100 habitantes y de ellos, solo 1152 eran chinos, de ellos correspondían 26 varones a Puerta de la Güira, 62 varones y 2 hembras a Guayabal, 96 varones a Cayajabos, 573 varones y 1 hembra a la villa de Guanajay, 380 varones a Cabañas y solamente 3 varones a Mariel.  Evidentemente esta no pudo ser la causa de su origen, menos aún si sabemos que en Guanajay, en cuyo cementerio fueron permitidas inhumaciones de chinos como lo reflejan los libros de enterramientos de la Parroquia local, de cuyo “Libro No. 1 de entierros de asiáticos sin bautizar”,  aparecen un total de 115 entierros que comienzan el 2 de Mayo de 1867 y cierra el día 18 de Agosto de 1885.

ABOLICION DE LA ESCLAVITUD

En el año 1807 el comercio de esclavos fue prohibido por Inglaterra y ya en 1833 Gran Bretaña promulgó la liberación de los esclavos. Cuba para dar una solución a esto, importó primero cierta cantidad de indios mexicanos de 1846 a 1860, pero ello no constituyó una solución satisfactoria y en consecuencia, recurrió a los trabajadores chinos llamados culies. El 3 de junio de 1847, llegaron a La Habana desde Xiamen los 199 primeros culíes a bordo de la fragata Oquendo. Unos días después, el 12 de junio del mismo año, a bordo del “Duke of Argyle” llegan provenientes del sur de china igualmente, otros 365 culies en lo que constituyó la segunda expedición de chinos a Cuba, como primer país de destino de la migración china a América, que se extendería por 27 años hasta 1874. Otros destinos posteriores lo serían Perú en 1849 y Panamá en 1852.

En Perú como segundo país de destino de la migración a América en 1849, la recepción de culíes fue  similar a la forma en que fueron recibidos en La Habana.  Varios miles fueron contratados para trabajar en las islas guaneras frente a la costa, colectando excretas de aves empleadas como fertilizantes en las cosechas. Esto hacia que padecieran de serias afecciones respiratorias que en ocasiones les causaban la muerte. Entre 5.000 y 10.000 participaron en la construcción de ferrocarriles, y unos 80.000 (entre 70% y 75%) fueron llevados a las plantaciones azucareras y algodoneras en la costa. También hubo sirvientes domésticos, artesanos y trabajadores no especializados. En Tacna se crea un “llamado” cementerio chino en 1868.

En Panamá, con los años la comunidad china se fue consolidando y se constituyó el primer barrio chino en Panamá conocido como Matachín. Ya para el año 1882 se tramita la compra de los terrenos para la construcción del cementerio chino Wah On Kon Ce, en terrenos que van desde Santa Ana hasta el Chorrillo y el 6 de enero de 1883 se hizo la ceremonia de inicio de la obra.

PRIMEROS ENTIERROS DE CULIES EN LA ISLA

Las investigaciones realizada por Cosme nos muestran que los primeros entierros de culíes durante las cuarentenas en 1847, ocurrieron inicialmente en un territoro de Regla próximo a la ensenada de Guasabacoa llamado Punta Blanca, hasta 1856 se suspenden para, sobre dicho lugar construir almacenes de pólvora. Posteriormente, estos continuaron en una zona cercana: la Loma de los Cocos que con los años fue cubierta por el avance urbano de la localidad y sus calles.

Investigaciones posteriores relatan que los chinos fallecidos radicados en La Habana, eran enterrados en el llamado «Cementerio de los Ingleses» ubicado entonces en la hoy barriada del Vedado a partir de su reutilización en 1860 y posteriormente en el Cementerio provisional de “San Antonio Chiquito”. Finalmente el 20 de mayo de 1893, se aprueba la construcción del Cementerio Chino de la Habana y la primera inhumación se produjo, el 29 de Octubre de 1893.

SURGIMIENTO DEL CEMENTERIO

El 12 de noviembre de 1861, a fin de evitar toda cuarentena en los puertos, el Gobernador Superior Civil de la isla dicta unas disposiciones que obligan a desviar todo el flujo marítimo de buques cuarentenarios hacia el Lazareto de Mariel, ya fueran de colonos asiáticos o buques de travesía en general bajo unas condiciones tan rigurosas que a partir de entonces todo buque trayendo chinos a Cuba, debía hacer observación de 6 días en este lugar. Prácticamente todos los buques transportando colonos tendrían que cumplir con el destino de expurgo de estas disposiciones. Esto provocaría a partir de ese momento y en lo adelante, la entrada obligatoria de barcos cargados de chinos por el Lazareto de Mariel, durante prácticamente toda la segunda mitad del periodo migratorio de culíes a Cuba hasta su culminación en 1874.  

Este período de 13 años incluyó a los chinos culíes provenientes de la conocida como “primera” migración y a los de la segunda migración, a partir de 1865 a 1885 aproximadamente, que venían de los Estados Unidos, referida por Pérez de la Riva como de los “chinos californianos”, aunque estos últimos aportaron menor cantidad de fallecimientos en cuarentena, dadas las mejores condiciones de salubridad durante un viaje considerablemente mucho más corto desde Norteamérica y por tal motivo dichas embarcaciones no tuvieran que entrar por el Mariel al poder efectuar una cuarentena de solo 24 horas en puerto habanero.

Las condiciones en que viajaron los chinos desde el sur de China, mayoritariamente desde Macao hasta Cuba eran de gran hacinamiento con poca comida, agua y condiciones higiénicas; con brotes infecciosos además, trayendo como consecuencia que  desde 1847 hasta 1874, año en que terminó el comercio de culíes, unos 143.040 chinos salieran de China y unos 126.008 arribaran a Cuba, es decir, 17.033 perecieron en la travesía, constituyendo una tasa de mortalidad promedio del 12%. De manera que se hace evidente que durante la cuarentena, debido a la cantidad de enfermos que arribaban a puerto, ocurrían numerosos fallecimientos en el Lazareto como lo refiere para Guanajay el Dr. Luis Manuel Núñez en su libro.

También el sitio web de genealogía cubana en red (cubagenweb), refiere datos provenientes de archivos mostrando registros tabulados de salidas de barcos de culies, de los cuales 86 corresponden a entradas directas a Mariel. Estos comienzan con el más temprano, correspondiente al 10 de Abril de 1864, la fragata portuguesa D. Fernando transportando a 475 asiáticos y el más tardío correspondiente al 17 Febrero de 1872, la fragata francesa Blanche transportando a otros 321. En esta tabulación se muestran por cada embarcación la cantidad de los colonos que entraron al Lazareto y los que salieron luego de la cuarentena, ofreciéndonos información respecto a las muertes ocurridas durante la cuarentena.  Esto condicionaba la forzosa existencia de un sitio de entierro para los fallecidos durante el período de expurgo, dando origen al cementerio del Lazareto de Mariel.

CONCLUSIONES

Con respecto a la autenticidad del cementerio en el sentido de su concepto como tal y a su oficialidad, es opinión propia el hecho de poder llamarle primeramente cementerio, por cuanto se ha visto que según los documentos consultados en el Archivo Nacional, la Diputación de Sanidad de Mariel tenía un sitio elegido para “cementerio”. Además en 1862 aparece el Reglamento para dicho cementerio, en cuyo artículo 11 se hace referencia a la profundidad de sus fosas y al empleo de cal para cubrir los cadáveres, como se observa en el fragmento siguiente.

Con respecto al término “chino”, durante unos 13 años aproximadamente, dicho cementerio recibió fallecimientos abundantes de culíes chinos, hasta el momento 163 fallecimientos documentados en el Lazareto y 658 conservadoramente estimados. Por tanto forzosamente devino en cementerio chino, aun cuando tuviese posteriores etapas de reutilización e incluso una etapa de desuso posterior y abandono.

Por otra parte, desde hacía años aparecía reflejado en el listado de sitios patrimoniales de la localidad y lo más importante además de su valor como patrimonio material inmueble, es su valor identitario manifestado en los resultados de las encuestas de la alumna Geisa Lisandra Cuellar en su trabajo de tesis y en las entrevistas del radiodocumental del periodista Yadiel Martin Hidalgo, ambos trabajos del 2014, revelando en el saber de los más antiguos pobladores de la comarca, como el más fiel exponente de identidad local y por ende nacional, la existencia del cementerio del Lazareto de Mariel, que a través de más de un siglo y de generación en generación han dado en llamar “el cementerio chino de Mariel”.

Los primeros sitios de entierro de los culíes en los cementerios provisionales de Regla posterior a su arribo en 1847, no existen en la actualidad, ya que están cubiertos por la urbanización. Del cementerio Espada solo queda un corto tramo de muro con las huellas de antiguos nichos al final de la calle Aramburu. Por otra parte el cementerio de los Ingleses, reutilizado a partir de 1860 hasta 1868 aproximadamente, yace bajo la urbanización entre las actuales calles G y H, delimitado al sur por 5ta avenida y al norte por las proximidades del malecón. El cementerio de San Antonio Chiquito donde también fueron sepultados los culíes a partir de 1868, tampoco existe en la actualidad, pues estaba ubicado en terrenos adquiridos por el  Obispado de La Habana para la construcción del Cementerio de Colón  comenzada en Octubre de 1871. El Cementerio Chino de la Habana, fundado en 1893 es conocido hasta hoy como el único de la isla. Por último, El Cementerio Chino Wah On Kon Ce de Panamá, fundado en 1883, es considerado el más antiguo de América.

Por tanto el arcaico y depauperado Cementerio Chino de Mariel, se nos revela como el más antiguo de Cuba, y a pesar de que los restos de los primeros inmigrantes chinos fueron sepultados en antiguos terrenos de Regla ya perdidos, se puede afirmar que este de Mariel, es el tal de su tipo que alberga los restos más antiguos in situ, como testigos de la primera migración china al Nuevo Mundo, lo cual lo convierte además en el más antiguo de América que aún se conserva.

En próximos artículos (“Forest Eagle: La piedra angular de un cementerio chino perdido en el tiempo.”) ofreceremos más detalles de posteriores investigaciones y otros aspectos de este interesante cementerio colonial, realizadas de 2012 a 2020, así como el radio documental de 2014.

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