EL MAJÁ DE SANTA MARÍA, LOS MURCIÉLAGOS Y LAS CUEVAS

Muchos espeleólogos y excursionistas que ahora leen este artículo habrán sido testigos de uno de los espectáculos naturales más interesantes de Cuba.

¿Quién no habrá visto al entrar o salir de alguna cueva justo después del anochecer, varios majaes colgados del techo o la vegetación cazando murciélagos en pleno vuelo?

El majá de Santa María (Chilabothrus angulifer) es el único representante de la familia de las boas en Cuba.

Pertenece a un género que es endémico de las Antillas Mayores y Bahamas, con 13 especies descritas hasta la fecha. Hasta hace sólo algunos años el majá, como todos los miembros del género Chilabothrus, pertenecía al género Epicrates.

Con la ayuda de herramientas moleculares en 2013 se demostró que las especies antillanas conforman un linaje independiente, más cercano filogenéticamente a las anacondas (género Eunectes) que a las especies de Epicrates de Sudamérica.

El majá es el mayor de los ofidios cubanos y de todo el Caribe Insular. En el siglo 19 el reconocido naturalista alemán Juan Cristóbal Gundlach refirió haber presenciado individuos de más de seis metros.

Pero debido a la gran persecución a la que está sometido por parte del ser humano, en la actualidad resulta difícil encontrar animales que superen los tres metros.

El majá fue la primera especie de este grupo de boas donde se registró esta interesante conducta de cazar murciélagos en las entradas de las cuevas.

Las primeras referencias que sugerían la posibilidad de tal conducta fueron hechas por William Palmer, a comienzos del siglo pasado (Miller, 1904).

Este naturalista norteamericano describe que los pobladores cercanos a una cueva estudiada por él cerca de Baracoa, en la región oriental, referían haber visto a los majaes enroscados en las raíces descendentes de un árbol en la entrada capturando los murciélagos al salir. Sin embargo, William Palmer no pudo confirmar tal hecho personalmente. Unos años más tarde (1919) otros dos naturalistas norteamericanos, Thomas Barbour y Charles T. Ramsden, narraron las observaciones del entonces asistente del Museo Poey de la Universidad de La Habana, el señor V. J. Rodríguez, en una cueva cerca de Maisí. Este señor observó un majá en el interior de la cueva con parte de su cuerpo proyectada hacia el aire y lanzando mordiscos a un lado y al otro, aparentemente tratando de capturar los murciélagos que pasaban cerca.

Los herpetólogos Albert Schwartz y Larry H. Ogren (1956) observaron un majá en el suelo a la entrada de un salón que albergaba una numerosa colonia de murciélago frutero (Artibeus jamaicensis), en una cueva en Guajimico, costa sur de Cienfuegos. Pero estos autores tampoco presenciaron ningún evento de depredación.

No fue hasta 1957, más de medio siglo después de las primeras referencias, que el norteamericano Jerry D. Hardy Jr. por primera vez aportara datos concluyentes sobre el majá como depredador de murciélagos en cuevas.

Este investigador estudió una población de majaes en una cueva de calor ubicada en Guanayara, unos kilómetros al oeste de la ciudad de Trinidad.

Aquí describió cómo los majaes se ocultaban en oquedades durante el día y salían a cazar al anochecer. Tres de los 41 majaes estudiados por él fueron observados mientras constreñían o engullían murciélagos al inicio de la noche y otros dos regurgitaron tres y nueve murciélagos de Poey (Phyllonycteris poeyi), respectivamente.

En 1974, los herpetólogos Bruce R. Sheplan y Albert Schwartz también capturaron en otra cueva cercana a Trinidad un majá que contenía seis murciélagos de al menos tres especies distintas: dos P. poeyi, un Brachyphylla nana, dos Mormoops blainvillei y un murciélago no identificado.

Posteriormente esta conducta se reportó también en otras dos especies del género: la boa de Puerto Rico (C. inornatus) y la boa de Jamaica (C. subflavus).

Más de 40 años pasaron antes de que se le prestara atención al tema nuevamente en Cuba, mientras las investigaciones con las demás especies caribeñas avanzaban.

Hace algunos años (2015) publiqué junto con otros colegas resultados parciales de mis investigaciones sobre majaes depredando murciélagos en cuevas, pero en este caso juveniles muy pequeños.

El individuo de menor tamaño observado depredando murciélagos resultó ser además el majá de Santa María más pequeño registrado hasta la fecha y la boa más pequeña reportada cazando murciélagos en toda América.

Con tan solo 56 cm de longitud total y 80 gramos de masa corporal, este neonato de majá fue capaz de capturar en vuelo y engullir a una hembra adulta de murciélago de Poey.

Varios otros individuos de muy pequeño tamaño también se reportaron en este trabajo, tanto con murciélagos en su estómago que luego regurgitaron como apostados en actitud de forrajeo a la entrada o en el interior de cuevas.

El majá de Santa María por lo regular nace con 65-70 cm de longitud total y unos 150 g de masa corporal; está entre las boas con mayor talla al nacer.

Que majaes tan pequeños se hayan observado depredando murciélagos sugiere que esta boa es capaz de utilizar este abundante recurso alimentario prácticamente desde que nacen. Sin embargo, parece existir algún tipo de factor limitante relacionado con la talla máxima de los majaes que pueden explotar este recurso eficientemente, pues resulta difícil ver majaes que superen los dos metros cazando murciélagos. Ninguno de los aproximadamente 150 majaes que he medido y pesado asociados a cuevas con grandes colonias de murciélagos, ha superado por mucho los dos metros de longitud total (el mayor midió 2.04 m), la talla promedio fue de 1.40 m.

Los murciélagos, al ser animales pequeños que vuelan a gran velocidad y que tienen un eficiente sistema de ecolocación, su captura implica un elevado gasto energético. Para un majá de pequeño o mediano tamaño, la recompensa energética proporcionada por los murciélagos capturados es suficiente para reponer el gasto implicado en su captura, más una porción extra que es destinada a las demás funciones metabólicas de la serpiente. Pero a medida que los majaes van creciendo la gravedad los favorece menos, se vuelven cada vez más pesados y lentos.

Para un majá de dos metros de largo capturar murciélagos al vuelo resulta mucho más complicado, además de que los pocos que logre capturar no le van a cubrir todos sus requerimientos energéticos.

Es por esto que se ven forzados a abandonar este recurso alimentario en algún punto de sus vidas. Los majaes que superan los dos metros por lo general consumen otras presas de más fácil captura y con una mayor recompensa energética, como pájaros, ratas y jutías.

Una de las observaciones conductuales más interesantes sobre el majá de Santa María las efectuó Vladimir Dinets en un estudio reciente (2017) en el Parque Nacional Desembarco del Granma.

Este autor estudió un grupo de nueve majaes que usan regularmente una pequeña cueva que contiene una colonia de murciélagos fruteros.

Estos majaes mostraron una marcada tendencia a cazar juntos, seleccionando el mismo tramo de la cueva para posicionarse cada vez durante las sesiones de forrajeo. Siempre que los majaes se congregaron de esta manera el éxito de capturas per cápita fue el máximo.

Todo lo anterior llevó a su autor a concluir que existe cacería coordinada en el majá de Santa María.

Una conducta tan sofisticada sólo se había reportado antes en algunas aves y mamíferos.

No obstante, se necesitan observaciones adicionales para corroborar esta hipótesis y si se trata de un fenómeno local o una estrategia extendida en la especie.

Las cuevas de calor y otras cuevas que albergan grandes colonias de murciélagos en Cuba constituyen sitios muy importantes en el ciclo de vida del majá de Santa María.

Las mayores densidades de majaes se han reportado asociadas a estos ecosistemas: hasta cerca de 30 majaes en una sola cueva en un momento dado.

La etapa más vulnerable de sus vidas la pasan aquí, desde que nacen y hasta después que alcanzan la madurez sexual. Actividades esenciales como la reproducción también tienen lugar en estas cuevas.

El gradiente térmico que se observa en estas cuevas ofrece las condiciones óptimas para que las hembras de majá termorregulen durante su período de gestación.

Tales son las ventajas que ofrecen estas cuevas, que los majaes asociados a ellas muestran una marcada fidelidad por este tipo de hábitats, donde encuentran refugio, alimento, pareja y condiciones climáticas ideales.

He recapturado majaes en varias cuevas de calor más de cinco años después de haberlos marcado.

Pero no todo es color de rosa. Existen varios factores que amenazan a estas poblaciones de majá de Santa María en la actualidad. Muchas cuevas de calor han sido totalmente modificadas para construir refugios y la construcción de canteras ha hecho que muchas de ellas desaparezcan.

La extracción de guano de murciélago para ser usado como fertilizante, ha llevado al interior de estas cuevas a muchas personas que no dudan en eliminar a todo el majá que se les cruce en su camino.

Esto sin contar la ruptura del delicado equilibrio biológico y climático que existe dentro de estas cuevas, causada por la extracción del guano en sí.

También el majá de Santa María es utilizado por personas que practican algunas religiones de origen africano, donde muchas veces el animal termina siendo sacrificado.

Personas inescrupulosas identifican las cuevas de calor como sitios clave para la captura regular de majaes con el fin de abastecer este creciente mercado.

En lo personal llevo más de 12 años estudiando a esta magnífica y poco conocida boa. Mi intención es no solo continuar aportando conocimientos sobre su historia natural, sino también desarrollar un programa para su conservación in situ utilizando las cuevas de calor como sitios clave.

Con este artículo hago un llamado a todos los espeleólogos y amantes de la naturaleza que frecuentan las cuevas.

Todo dato que aporten sobre el majá de Santa María es importante y podrá ser utilizado en el futuro para elaborar planes de manejo efectivos que garanticen su conservación a largo plazo. Una foto, una localidad, la descripción de conducta determinada, un caso de dieta, observaciones sobre su reproducción, mediciones, etc.

Todos son datos que serán muy bien recibidos y agradecidos. Además, los interesados en aprender un poco más sobre esta especie pueden contactarme directamente, mi modesta experiencia e información serán puestos a su disposición. Entre todos podemos contribuir al conocimiento y la conservación de este gigante de nuestra fauna y de las cuevas donde habita.