EL MEJOR GUÍA DE VIÑALES

Corría el año de 1985, enero-febrero, aún no me había mudado a vivir a Pinar del Río. Fui movilizado para pasar un curso básico de espeleología en la Escuela Nacional. Ubicada entonces en la base de campismo Dos Hermanas, Viñales, Pinar del Río.

 

Al llegar los 140 estudiantes de La Habana, encontramos una dirección colegiada. Integrada por el director, Enrique Alonso Alonso y otro director en tránsito, que estaba recibiendo, y fue quien concluyó como director general, el Dr. Nicasio Viña Bayes.

 

En el primer matutino de inicio de curso, nos presentaron al claustro de profesores la mayoría, profesores del Instituto Superior Pedagógico de Pinar del Río y de la Delegación provincial de la Academia de Ciencia de Cuba, de dicha provincia.

 

En el grupo un hombre que entonces tenía 71 años, vestía de forma muy sencilla y con una gorra algo estropeada por el uso, fue presentado por el Dr. Viñas, como el mejor guía de Viñales. En poco tiempo se reveló como una persona que no representaba la edad que tenía, por su energía y actives.

 

Recuerdo que, durante la primera exploración de campo para estrenar al colectivo en la sierra de Viñales, con el objetivo de llegar a la cueva de los Cimarrones. Espelunca ubicada al mismo centro superior de esos mogotes de difícil acceso, fue Juan Gallardo Cordero, el guía de toda la escuela.

 

De esta forma lo conocí y desde el primer día existió una gran química entre ambos. Durante más de 20 años acudí a él cada vez que tenía una duda sobre un lugar de Viñales. Siempre encontré la guía y el sabio consejo para alcanzar el objetivo.

 

Juan Valentín de las Nieves Gallardo Cordero, vino al mundo el 14 de febrero de 1914 en Viñales. Llevaba en su sangre los genes del canario, Domingo Cáceres Díaz, de Las Palmas de Gran Canarias y llegó a Cuba en 1900, donde vivió hasta 1927 en que retornó a su tierra y allá al poco tiempo le sorprendió la muerte.

Su madre, Patrona Gallardo Cordero había nacido en Río Blanco, municipio La Palma. Gallardo tuvo además la compañía de Rosario, Amparo y Alejandrina, sus hermanas. Vivió en Viñales hasta 1951-1955, en que vivió en la loma de Los Jazmines.

 

Momento en que retornó al pueblo a vivir en una cuartería en la calle principal, donde hoy se levantó la Biblioteca Municipal hasta 1978. Cuando se mudó para la carretera al cementerio, donde vivió hasta 1996 en que retornó con una de sus hijas a la antigua casa materna en la calle Camilo Cienfuegos, hasta su fallecimiento en 2011.

 

Su primera esposa se llamó Amparo Bravo. Natural de San Andrés con la que tuvo un hijo que murió poco tiempo después. Se casó con Maria Valdés Robaina (natural de La Majagua, Viñales), con la que tuvo cuatro hijos que nombró: Juan, Eustaquio, Rolando y Caridad.

Sus estudios solo llegaron hasta el cuarto grado de escuela primaria que estaba ubicada en la calle Salvador Cisneros, donde cursó los dos primeros grados, en tanto que los siguientes dos los realizó en la escuelita ubicada donde hoy está Educación Municipal.

Gallardo, como lo llamábamos los espeleólogos, comenzó amar la naturaleza y a trabajar en su conocimiento, para ayudar a su mamá en la recogida de bellotas alrededor de 1931.

Entre otros oficios de ayudante de camión y de estibador de madera en los aserríos de San Vicente, se mantuvo en contacto con la naturaleza, colectando plantas medicinales para las droguerías de La Habana.

Em 1953 conoció a Carlos de la Torres, a quien recordaba con mucho cariño. El fue su guía y colaborador en las expediciones de campo.

Me contaba Gallardo que por entonces conoció a otro geólogo, Mario Sánchez Roig, quien era duro para soltar el dinero a cambio de sus fósiles, a pesar que Gallardo encontró en la loma de La Caoba y le trajo 32 especies fósiles de equinodermos nuevos para la ciencia, grupo biológico de cual él era principal especialista en el país, sin embargo, el científico no le dedicó ninguna de ellas a pesar de ser el verdadero descubridor.

Para ambos él colectaba fósiles, en una ocasión, Mario Sánchez Roig no pudo comprarle un ejemplar, sin embargo, Carlos de la Torre le pagó con los únicos 25 pesos que tenía en la casa la pieza, y le dio una atención esmerada en su casa. Cuenta además, que el le dijo que los ligus vivían en los árboles y Carlos de la Torre le confesó que él había descubierto el lugar donde habitaban esas especies.

En 1940 trabajó con el geólogo norteamericano, Robert Palmer. Contaba que era un hombre muy grande, vestía con ropa de campaña y sombrero de tela. Tenía los pies planos. En San Vicente bajando a un río, Palmer le tendió la mano y resbaló, con él arrastró a Gallardo, ambos cayeron en el lodazal del cauce del río y así salieron del apuro.

Fue guía de montaña de los Hermanos León y Alaín. Jesuitas que se dedicaron al estudio de la vegetación y la flora de los mogotes de Viñales. Él les hacía colectas para que ellos las estudiaran.

En estas exploraciones contribuía además con la Universidad de La Habana. Ese trabajo le permitió conocer que en Viñales existían depósitos en rocas con abundancia de fósiles del Oxfordiano medio.

Los principales hallazgos se realizaban en concreciones, conocidas como quesos, de la formación Jagua y Francisco. Entre los 150 millones de años habitaron: plesiosaurios, pterosaurios, cocodrilos, peces ganoideos, invertebrados y plantas.

Este conocimiento le permitió ubicar con relativa facilidad muestras que integran colecciones de Universidades, centros de investigaciones, coleccionistas privados e investigadores en todo el mundo.

Por ello trasmitió sus experiencias como guía, práctico o ayudante de los más notables y eminentes científicos de Cuba y el extranjero que han realizado estudios en la zona de viñales.  Entre ellos estaban Jorge Brodermann

Les enseñába sus habilidades para encontrar fósiles interesantes, descubrir nuevas especies de moluscos y explicar con lenguaje criollo como se fecunda la Microcycas calocoma o como criar Zachrysia guanensis. A su vez se retroalimentaba aprendiendo de ellos muchas cosas.

Las especies de dinosaurios Haploceras gallardoi está dedicado a su hallazgo. Fue el quien encontró la cabeza fósil de un pliosaurio, en la zona de San Andrés que le fue vendido a la Universidad de La Habana.

Trabajó para el Jardín Botánico Nacional en la Finca de los Molinos en la Avenida Carlos tercero. Ahí conoció al botánico Ponce de León, para quien colectaba plantas. En otra ocasión al malacólogo Miguel Jaume, que fue quien le pago, a solicitud de Carlos de la Torre, los primeros 50 pesos, con los cuales se pudo comprar su primer par de zapatos y dejar atrás las alpargatas rotas, con que andaba.

En los años de 1950 conoció a Antonio Núñez Jiménez. Convirtiéndose en su mayor colaborador en Viñales. Por ello, al triunfar la Revolución, desde el mismo 1959, Núñez Jiménez le dio la tarea de recibir, atender y colaborarle al pintor Leovigildo González.

Con la visita de Fidel Castro a Viñales se implementaron grandes planes de desarrollo social, económicos y turísticos. Surge así la idea del Mural de la Prehistoria y la construcción de un Museo, para exhibir los hallazgos fosilíferos encontrados en la localidad.

Gallardo junto a Núñez Jiménez fue fundador de la Academia de Ciencias de Cuba. Participó en la creación de los Institutos de Geografía y Geología. Colaboró en los trabajos de campo para la elaboración del Atlas Nacional de Cuba.

Se vinculó, a lo largo de su vida, con los principales acontecimientos ocurridos en la localidad. Fue portador de muchas leyendas del terruño. Conoció de cerca la vida de Antoñica Izquierdo y Los Acuáticos.

Amigo de Benito Hernández Cabrera el “Cantor del Valle”. Se sabía sus principales décimas. Se relacionó con Ángel García y su sombrero de yarey. La escritora cubana Dora Alonso, le dedica su Felo Puntilla, del libro, “El Valle de la Pájara Pinta”.

Se vinculó muy de cerca con Leandro Rodríguez Malagón y las primeras milicias campesinas de Cuba. Durante la realización del Mural de la Prehistoria tuvo una gran participación en la lucha contra bandidos y en la alfabetización de las montañas de Los Órganos. Amigo y colaborador de las hermanas Carmen y Caridad Miranda y de su jardín.

Entre sus grandes hallazgos con relación a restos fósiles y dibujos rupestres en las cavidades, incluye el descubrimiento de la cueva de Cura, en el Hoyo de Jaruco.

Poseía excelentes conocimientos sobre los más diversos temas de la naturaleza y en particular los referidos a los moluscos terrestres. De este último grupo biológico trabajó con la Academia de Ciencias de Cuba y sus centros de investigación.

En tal sentido, construyó, pegado al mogote de La Bandera, del Valle de Viñales, un criadero de Zachrysia guanensis. Llegó a convertirse, gracias a sus experimentos prácticos, en fuente de consulta obligatoria para los estudiosos en la materia.

Gallardo ha contribuido con más 300 piezas museológicas a dignificar el incremento de las colecciones del Museo de Historia local. Trabajó incansablemente en la formación del Museo de la Prehistoria, ubicado en el Campismo Dos Hermanas. Contribuyó a la confección del expediente que se le hiciera a Viñales para su declaración como Patrimonio de la Humanidad.

De Juan Gallardo, Antonio Núñez Jiménez escribió una serie de artículos para el periódico Guerrillero que denominó: “Juan Gallardo, el guajiro sabio de Viñales

Esa idea la venía acariciando Núñez desde que de él dijo:

Juan Gallardo es un hombre que ha hecho su parte de historia en la espeleología cubana. Tuvo la suerte de ayudar en sus estudios y búsquedas a Carlos de la Torre, cuando recogía fósiles y distintos animales en la Cordillera de los Órganos.

Allí lo veo ahora agachado, mientras converso con Leovigildo que me cuenta esas cosas y pienso que lo he tenido siempre al alcance de la mano para una entrevista que a fin de cuentas nunca se ha hecho.

Una entrevista que puede ser útil, hermosa, interesante, pero que no se ha hecho. Una entrevista que se hará. Tal vez en ella Gallardo me haga la historia de la cueva con pintura rupestres que descubrió hace poco, o de cuando trabajaba para una compañía norteamericana que buscaba petróleo, o de cuando le buscaba las vianas o los ligus a aquel Don Carlos, cuya justa y reconocida fama esta cimentada en hombres anónimos como este que ahora pinta sobre la roca.

Tal vez me cuente todo eso y más. De todas maneras, si Gallardo quiere, será una buena historia.

Un día, apenas tiempo antes de morir, lo visité en la casa con su nieta. Él ya estaba enfermo, pero me reconoció y me dijo: Pedrito no hemos ido al fortín de las lomas de Murguía.

Tiempo después en compañía de Freddy visitamos el escenario en que se desarrolló el sangriento combate de Ceja del Negro y visitamos el fortín de Murguía, en la línea fortificada Puerto Esperanza-La Coloma.

Un años después publicamos el libro: “La Marcha Audaz”, por la editorial Loynaz. Libro que está dedicado a Juan Gallardo Cordero. Él siempre fue para mí: El mejor guía de Viñales.