EL RÍO SAN FRANCISCO, UN ESPACIO DE PURA NATURALEZA

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Yamile Luguera

Yamile Luguera

Especialista del Centro de Investigaciones Marinas (CIM) | Miembro Ordinario de la Sociedad Espeleológica de Cuba

En San Cristóbal, Artemisa, alrededor del río San Francisco la vegetación es enredada y abundante, con furnias y cascadas inesperadas, que albergan especies llamativas y endémicas.

Justo en la mitad, entre La Habana y Pinar del Río, en la joven provincia de Artemisa, la naturaleza nunca deja de sorprendernos. Justo ahí, en la Sierra del Rosario está la cuenca hidrográfica del río San Francisco.

Nuestro infatigable grupo espeleológico Tageni, en su incesante búsqueda de cuevas, tropezó con el resolladero (lugar por donde aflora parte del cauce subterráneo del río) El Brazo de la Cueva, un nombre singular para un boquete impresionante ante la vista de cualquier espeleólogo.

El río San francisco posee dimensiones considerables, ante un relieve poco prolífero en altura, sus saltos poseen, algunos más de 20 m de altitud. En tiempos de abundantes precipitaciones corre el agua espumosa y cristalina, como pudimos ver en algunos de estos.

Debido a la alta humedad relativa, la vegetación es espesa y los arboles crecen altos en busca de la luz, brindando buena sombra en las márgenes del río.

Las aves como el zorzal, los sinsontes, gavilanes, cartacubas, tocororos, zunzunes, bijiritas, auras, tomeguines, entre otras que se cuentan entre las endémicas, vuelan y cantan de un árbol a otro, ignorando la presencia humana.

Menos a la vista, pero formando parte del área están la jutía conga y la jutía carabalí, y varias especies de murciélagos y aves nocturnas, como el sijú cotunto y algunas lechuzas.

Mariposas de vivos colores revolotean en las flores silvestres del río y otras menos vistosas se acercan al limo de las orillas con camuflajes que las hacen parecer hojas secas, menos atractivas que las comunes, pero bien interesantes.

José García (Pepe Lucas) acoge a investigadores y visitantes que se acercan a la zona, brindándoles con mucha voluntad, los frutos de sus cosechas de aguacate, árbol del pan, malangas, plátanos y guayabas, todas de un sabor muy fresco por las condiciones del sitio.

Toda la zona es un área cargada de cuevas verticales, que sumen el agua de la lluvia para llevarla hasta río. Muchas no exploradas, pero sí bien localizadas por los campesinos locales.

Ellos, amistosamente siempre brindan sus conocimientos, valiosos por demás, pues no hay mejor mapa que el cubanamente conocido como Guajimapa.

Otros dos campesinos, Sara González y Julián Pérez, dueños de un lugar lindo y confortable, rodeado de plantaciones de plátano y café y más cercano a la carretera de Cinco Pesos, conocen de otros lugares y la historia del área.

La casa se encuentra en una posición elevada, con una buena vista de todo el sitio, utilizado antes del año 1959 para criar ganado vacuno.

Las consecuencias de esto, es que las lomas cercanas a la casa y alejadas del río, aún se encuentran despobladas de árboles, por su antigua función de potreros.

Cinco cuevas verticales se localizan en sus terrenos de cultivo, y a 1 km de este está la cueva de Los Alzados que conserva aún las camas de unos fugitivos que estuvieron escondidos en ella en la década del 60 del siglo XX.

Sara y Julián, concuerdan en que las cuevas atraviesan las lomas de lado a lado. Y que todos los arroyos que nacen en estas lomas, penetran en El Rosario, para luego emerger nuevamente por el Brazo de la Cueva, y convertirse en el río San Francisco.

Como dato interesante, nos dicen, que en la zona de El Rocío, hay cuevas de dimensiones considerables, que  están en tierras de Pedro Bejerano. Así como también en el área del Cuajaní, hay cuevas verticales grandes cerca de los cafetales.

Indudablemente se abre a los ojos de los espeleólogos un nuevo sistema cársico, con mucho terreno para la investigación.

Las caudalosas aguas del San Francisco han tomado parte en este asunto, además del escurrimiento de la lluvia entre las calizas de fácil erosión. Gracias a este increíble funcionamiento natural, hoy se descubren diversas cuevas.

También, gracias a estos procesos formadores, se abre hoy a nuestros ojos, un lugar cargado de accidentes cársicos, que en ocasiones sirve de refugio a especies valiosas de la fauna cubana y en otras alberga pozas de cristalinas aguas que invitan al baño a cualquier visitante.

Con historias y leyendas que corren de boca en boca. Con tradiciones como: “al sembrar un cocotero debe hacerlo una niña de 5 años o menos, pues así la planta no crecerá mucho y dará sus frutos en menos tiempo y con poca altura”.

Queda mucho trabajo por hacer en próximas expediciones, topografías, exploraciones, antropología del área, hidrología, biología, entre otras tantas que se le puedan escudriñar en las rocas del lugar, por los curiosos espeleólogos y otros visitantes.

YLG

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