ENTRE EL VERAL ANDAN LOS INVESTIGADORES

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Pedro Luis Hernández Pérez

Pedro Luis Hernández Pérez

Miembro Ordinario de la Sociedad Espeleológica de Cuba

La Reserva Natural de El Veral

Frente a Poza Redonda se encuentra la reserva natural El Veral. Su nombre está dado por un arbolito de madera muy dura. Cuando abundan los ejemplares, se le llama veral.

Primeras descripciones

La Península de Guanahacabibes ha sido estudiada por cientos de investigadores. El Veral, por su posición geográfica, casi a la cabeza del Cabo de San Antonio, de este a oeste, ha sido recorrido, tanto por el norte como por el sur, por la inmensa mayoría de ellos.

Antes de 1959, pocos fueron los estudiosos que llegaron hasta estos apartados escenarios de la geografía cubana con sus indagaciones. Sobre todo, por lo difícil de su acceso y la fama que le precedía.

El primer hombre de ciencia que lo bojeó fue Tranquilino Sandalio de Noda en 1839. Nos dejó en su quinta “Carta a Silvia” (11 de enero de 1839), una descripción muy expresiva de qué era el Cabo de San Antonio en el siglo XIX:

«Es una punta de tierra de mas de diez leguas, larga, estrecha, desierta y estéril. — Toda es de ciénaga o de pedregales: no tiene población alguna sino una que otra ranchería de pescadores, en las cuales en tiempo de mosquitos apénas se puede soportar la vida. En el centro, todo de peñas y cubierto de majaguales inmensos, hay todavía restos de los antiguos ganados cimarrones, y á veces suele haber uno ú otro negro cimarron«.

Importante esta referencia para la historia de Vueltabajo. En el siglo XIX a esta tierra al poniente de La Habana le llamaba José A. Saco: Tierra de Nadie, Continente Negro.

A esta y otras expresiones de descrédito, salieron al paso hombres como el propio Noda y Cirilo Villaverde, las dos mayores luminarias culturales del siglo XIX Vueltabajero.

Ambos, sin ponerse de acuerdo, pero movidos por su amor a la “Patria Chica”, defendieron con sendas obras el terruño. Del primero, “Cartas a Silvia”. El segundo, “Excursión a Vueltabajo”.

Los dos coincidieron en lo alarmistas y desproporcionadas que eran las noticias que se publicaban en la prensa de época, de la presencia en el territorio pinareño de enjambres de negros cimarrones.

Por ello, aún no se ha hecho como se debía el reconocimiento merecido: estos dos escritores son los primeros defensores de los valores del pueblo de Vueltabajo y, se oponían al flagelo social de la esclavitud.

Las características del Cabo de San Antonio, Noda las abordó con más detalles y  dejó asentado en su sexta carta a Silvia:

«Desde el cabo de S. Antón siguen como veinte leguas de costa tan profunda que los mayores navios pueden navegar junto á la orilla: esta es de arrecifes y peñascos tajados á plomo, ó sea acantilados; hay algunos puntos con una breve playa de arena blanquísima; pero casi toda la ribera es inabordable y por lo mismo huyen de ella los navegantes en tiempos tempestuosos.

Toda es desierta, solitaria y melancólica: no se ve en ella ni una ranchería de pescadores, sino en tiempo de la pesca del carey. ¿Qué se han hecho aquella multitud de habitantes que por aquí vivian ahora tres siglos?

Aquí los salvajes Guaniguanicos, los bárbaros Guanahacabibes, los pacíficos Ciboneyes poblaban estas tierras hoy abandonadas á los mosquitos, á los caimanes y á las jicoteas.

Es verdad que al interior todo es un pedregal fragosísimo, que aqui llaman seboruco de diente de perro; y como en vez de tierra solo se encuentran peñas y mosquitos, nadie quiere residir en tan agrios terrenos».

Esta reseña deja en claro lo difícil del acceso a este territorio, de ahí que casi estuviera desconocido para la ciencia.

El cedro

El cedro, común de los terrenos cársicos puede alcanzar hasta los 20 m de altura. Apreciado por su madera duradera, blanda, porosa y fácil de trabajar en la carpintería, tiene la propiedad de no ser atacada por los insectos, por su sabor amargo.

Su tronco produce una goma (sin incisión), que sirve para curar las enfermedades del pecho. La corteza del madero se emplea en cocimientos para desinflamar golpeaduras. Según el historiador Gerardo Ortega, la cáscara de cedro se hierve para ser agregada al agua común y ser consumida o para darse baños de piel contra el tabardillo.

Tiene la propiedad de proteger el aroma del tabaco enriqueciéndolo, de ahí que los anaqueles de las fábricas de torcido del tabaco se construyen de esta madera, filosofía que se sigue en la realización de las cajas, petacas y humidores, donde se almacenan y conservan los mejores puros del mundo.

En 1944, Miguel A. Fleites, realizó una expedición por la costa norte del Cabo de San Antonio, a la cual denominó: Cabalgando por Guanahacabibes. En dicho texto expone que a su paso observó árboles centenarios de cedro, al respecto escribió: […] Valle San Juan, al que llegamos sobre las cinco de la tarde. […] En esos momentos se estaba montando allí un aserradero de madera […] y muchos bolos de caoba y cedros centenarios, a juzgar por su tamaño descomunal”.

El nombre de este árbol ha sido utilizado, al menos en dos ocasiones, como fitotopónimo. Uno como un tramo del camino costero de Cabo Corriente, conocido como vereda del Cedro, y el otro, la cueva del Cedral, ubicada en punta Leones.

Esta espelunca es una cavidad paradero de los aborígenes cubanos, donde fueron observados fragmentos de concha de Cigua, molusco marino de evidente antigüedad muy apreciado en la dieta indígena.

Cavidad compuesta de un salón con desplomes y el afloramiento del manto acuífero en forma de pequeño depósito. El sitio fue descubierto por los arqueólogos Enrique Alonso e Hilario Carmenate, en 1970. Todo indica que sus primeros habitantes pertenecieron a la cultura preagroalfarera, posiblemente los Guanahatabeyes. Porque entre el veral andan los investigadores.

Cuba Pasaje de la Naturaleza.

Guanahacabibes LI

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