FANTASMAS DE LOS YAYALES

Los Yayales

Un vallecito conocido como Los Yayales se encuentra a 8 km franco sur de Manuel Lazo y a 3,5 km al oeste-suroeste de cueva La Mina. Ubicado a 10 m de altura sobre el nivel medio del mar.

Desde la cueva del Negro se llega a través una vereda, cerrada por la ausencia de circulación peatonal, erizadas de diente de perro semi-aplanado por su antiguo uso.

Los Yayales: término de origen botánico (fitotopónimo). La yaya (Oxandra lanceolata (Sw) Beth), es árbol silvestre, uno de los más comunes en toda la isla. Forma extensas colonias llamadas yayales. Abundan en las costas y terrenos pedregosos llanos. Alcanza cierta altura en las montañas.

En 1823 Los Yayales fue comprado por Francisco Morales. Son tierras rodeadas de carso desnudo. Se pobló a partir de 1850 por unas 50 familias. Sus habitantes se dedicaron al cultivo del tabaco.

Para ello se hizo un claro dentro del monte, sistemas rosas, es decir se quemó los espacios con suelo que cubría el carso, ello aumentó la fertilidad del suelo y destruyó las plagas naturales locales.

Otros habitantes o en el tiempo muerto, además de las cosechas de tabaco y de otros productos de supervivencia (maíz, viandas), el campesino se iba al monte a buscar el sustento familiar con el corte de madera, la extracción de miel, la cría de cerdos de forma extensiva y la producción de carbón, incluso la caza.

Para 1890 los cosecheros llegaron a introducir 19 clases de las aromáticas hojas de magnífica calidad, tratadas en casas de curar tabaco construidas a tal efecto.

Los Yayales en la Guerra de 1895

Durante la guerra de 1895 este sitio ganó en relevancia para las tropas cubanas en la región. En el segundo trimestre de 1897 el general Juan Lorente de la Rosa ubicó el Cuartel General de la Tercera División en el Valle de San Juan. Lugar donde se encontraba el campamento del coronel Manuel Lazo y orientó al coronel Leyte Vidal, acantonar la Segunda Brigada en Los Yayales.

La mayoría de las expediciones mambisas, llegadas por el sur de Cabo Corriente, fueron transportada hasta la región del Valle de San Juan y El Vallecito. Luego salían del territorio por “Puerta La Güira”, sitio por donde se movían las tropas cubanas dejando atrás la Península de Guanahacabibes, para dirigirse hacia la Cordillera de Guaniguanico y de ahí a la Sierra del Rosario. 

Esto crea una incógnita, aún por dilucidar: ¿Dónde estuvieron los famosos arsenales de El Cabo de San Antonio, que tanto se reportan en las comunicaciones y órdenes de lo grandes jefes militares cubanos en la Sierra del Rosario?

El camino más seguro para la transportación y resguardo de esos arsenales, era la vereda y asiento de Los Yayales. A través de ella se comunica el Valle de San Juan con la región oriental de la Península de Guanahacabibes, de esta forma se eludían áreas pobladas y líneas fortificadas.

Desde ese sitio, casi al centro del escenario oriental de la guerra, desde el cual a pie se puede salvar en apenas par de hora cualquier punto, era fácil dominar la línea fortificada del Camino Real y el de Cueva Las Vacas-Gener-La Colonia, que iban paralelos al de los Yayales.

Es un recorrido con gran desarrollo del carso y abundantes espeluncas. Con reservas de agua dulce, acceso a la costa, escenario al resguardo por el tupido bosque semideciduo. De esta forma convertía este entorno en trampa mortal para cualquier incursión del ejército español.

Las tropas hispanas apoyadas por los colaboradores naturales de la región, tenían conocimientos de dicho espacio. Por ello no se atrevieron a caer en trampa tan mortífera. Ello creaba un espacio que puede ser considerado como Territorio Libre, bajo la gobernación del ejército mambí. 

Esta es la razón de pensar que allí pudieron establecer los almacenes de reserva de la Brigada vueltabajera, y a su vez, debió ser unas áreas para armerías, como la de Siero o hospitales de campañas y rehabilitación de los heridos en combate y una prefectura. 

Si se analizan las operaciones de la brigada occidental, muchas fueron contra los fortines, fincas y poblados, de esta extensa región que abarca desde La Furnia-Puerta La Güira hasta el Valle de San Juan, unos 40 km en línea recta, con un ancho promedio de 8 km, para un área superior a los 320 km2, entre la costa sur y la Ciénaga de los Remates-Jerusalén, a ambos lados de la trocha y línea fortificada central. 

La inmovilidad de las tropas españolas en la línea fortificada, cuyo objetivo supremo era defender la producción agropecuaria de la región, en especial el tabaco; le permitía también la obtención de alimentos para sostener la tropa paralizada dentro de sus fortificaciones. 

Esto contribuía, a cierta libertad de movimiento de los cubanos levantados en armas y facilitaba el traslado de las expediciones en esta primera parte del traslado.

Los Yayales en la República

La vereda nunca ha sido fácil de atravesar, el historiador Gerardo Ortega describió:

En 1902 de los Yayales a la Güira se sacaban los enfermos en carreta de bueyes o a mulos y de ahí en coches de caballos hasta Cortés. En esta zona solo existía un arría de mulos de 12 animales. Muchos de ellos murieron en él camino. 

Después de 1959 y hasta los años 1980, el valle de Los Yayales, estuvo ocupado por un pequeño caserío de unas 10 casas. Poseía un pozo de agua eólico. El asiento estaba rodeado del bosque semideciduo.

Sus antiguos habitantes, para finales de esa década comenzaron a emigrar en busca de un acercamiento a áreas más pobladas y con mejores condiciones de vida. 

En el 2008 el sitio histórico se encontraba sepultado bajo la manigua y la zarza. El pozo artesanal había sido desmantelado y su brocal se derrumbó ante el abandono y se encuentra totalmente sedimentado. 

Por doquier, antiguas gomas de carros ligeros, camiones y tractor. Palanganas desfondadas, hornillas de carbón, cubos de hierro herrumbrosos, suelas de zapatos mezcladas con la huella de antiguas “chacualas” o “abarcas” de piel de verracos y alpargatas, mezclas de diferentes momentos históricos.

Un gran basurero de latas, pomos de diferentes épocas, incluso botellas de ron Bacardi, Pedro Domech y otras muy antiguas. Quizás de finales del XIX principios del XX algunas de ellas, restos de canecas del XIX, hierros de todo tipo. En fin, un fascinante mundo arqueológico que espera por el investigador acucioso. Porque aún en los Yayales, sobreviven sus fantasmas.

De Cuba Pasaje a la Naturaleza.

Guanahacabibes XXV