GESTIONAR SOBRE LA BASE DEL CONOCIMIENTO

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Leslie Molerio

Leslie Molerio

Miembro Ordinario de la Sociedad Espeleológica de Cuba

Parece una perogrullada, pero no lo es, si uno pasa revista a ciertas discusiones, polémicas, opiniones erróneas o insustentables a veces desenfrenadas, fútiles e infructuosamente defendidas que aparecen en las Redes Sociales.

La utilidad de estas páginas, como fuente de intercambio serio, salutaciones, información, ciencia dura y pura en algunas de ellas o simple sano intercambio entre amigos, es indudable. Claro que si Voltaire viviese la era de Internet seguro hubiese pensado más de una vez antes de exponer toda su moralidad en la famosa frase: “No comparto lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”. Me sonaría más a Umberto Eco, que lamenta el poder que el acceso a las redes da a todos por igual, pasando por alto toda responsabilidad ética.

El 65% del territorio cubano está carsificado. En el karst (o carso) cubano se encuentra la mayor parte de los recursos de agua subterránea del país, depósitos de minerales útiles, incluido petróleo y gas, los suelos más fértiles, el terreno donde se asientan la mayor parte de la población y las industrias del país. Adicionalmente, por su belleza, endemismo de especies, escenarios didácticos, relieves espectaculares y formas de relieve que es necesario conservar por sí mismas o por las riquezas que guardan, mucho terreno cársico cubano tiene alguna categoría de protección en el sistema nacional de áreas protegidas.

Gestionar los espacios cársicos entraña una elevada responsabilidad, tanto por lo complejo y frágil del fenómeno cársico en sí mismo, como por su interrelación con otro tipo de sistemas y paisajes. En este sentido, disponer del conocimiento adecuado de los términos y conceptos es fundamental para poder ejercer control efectivo sobre el medio.

La terminología con la que se designan las formas y procesos del karst son heredados de otras lenguas, dialectos e idiomas. Fueron introducidos por los autores clásicos, los que sentaron las bases de esta disciplina (y a los que hay que leer y estudiar), sobre la base de denominaciones locales o regionales. Al incorporarlas al lenguaje científico suele pasarse del coloquial al conceptual y, éste, suele desconocerse o no se le da la menor importancia.

A veces esos términos se traducen…otras se transforman y otras se generalizan a países ajenos. Para los autores clásicos del Karst Dinárico, sobre todo Cvijic, pero no el único, era impensable usar el término cenote (del maya d´zonot), simplemente porque no lo tenían. Pero trajimos al Trópico, de manos de los europeos los términos dolina, ponor, polje y uvala, que sustituyeron o intentaron sustituir los términos locales. Pero cuidado, en la vieja Europa, Martel no usó el término polje, por ejemplo. En su lengua original, “polje” es campo, llanura extensa; así como “dolina” es valle. Prácticamente todos los mal llamados “poljes” en la sierra de los Órganos, son dolinas. Pero el propio Cvijic, consideró que la forma típica del relieve cársico eran las dolinas, y no parece haberse equivocado.

Los geógrafos clásicos cubanos antes de Núñez Jiménez jamás utilizaron los términos dolina, uvala, polje. Eran “valles intramontanos”… “depresiones”. A partir de los trabajos de Lehmann en Cuba, a mediados de los 50 del pasado siglo (defensor de la climageomorfología como corriente conceptual), Núñez los incorporó –traducidos del alemán- a la literatura nacional y otros los siguieron.

Así el uso (sobreuso y mal uso) de los términos (errando sistemáticamente los conceptos) contribuyó al caos en el léxico por la repetición continua. Los verdaderos poljes, por ejemplo, están conectados con estructuras tectónicas (cuencas sedimentarias, rifts, plegamientos y otras). Poljes de este último tipo se encuentran en Cuba y contienen importantes recursos de agua subterránea, como las así llamadas cuencas Ariguanabo, Vento y Jaruco (llamada Jaruco-Aguacate, pero la parte de Aguacate, hacia el Este, es un valle fluviocársico decapitado).

Peor ha sido la permanente confusión cuando se introdujeron en la literatura nacional términos de Lehmann como el de “randpoljen”, llanura de contacto, confundido con valle de contacto… el hoyo de terreno de la toponimia regional.

Para la Sierra de los Órganos y muchas otras regiones de Cuba, la respetable toponimia local ha acuñado el término “hoyo” para designar, concretamente, todas las formas que, mal nombradas poljes por muchos autores cubanos no especializados, consisten en depresiones cerradas o no, del tipo clásico de dolinas. Esto es, depresiones formadas básicamente por procesos corrosivos de carsificación con o sin intervención fluvial, con o sin cuevas que constituyan sus sistemas de drenaje y, casi siempre, con una fase lacustre en su evolución.

Uno de los clásicos geomorfólogos cubanos, Manuel Acevedo, insistió en subsanar este error e incorporar la denominación toponímica cubana desde mediados de la década de 1970. Pero antes llamó la atención al respecto, en 1967, como mismo hicieron también entonces Gradzinski y Radomski. Y muchos de los desde esa época hemos seguido una línea ingeniera de estudios del karst.

No son pocos los problemas que concepciones erróneas han provocado en la gestión ingeniera de estas regiones. Y como el karst es un fenómeno hidrológico, he aquí casos típicos: el sucesivamente fallido abasto de agua a Valle Ancón, el déficit de abastecimiento de agua a la comunidad de El Moncada, la incompleta protección sanitaria de los Manantiales de Los Portales, el proyecto de central hidroacumuladora del Cuyaguateje, el drenaje del Valle de Jibacoa, e incluso la problemática de los recursos hidráulicos en las Escaleras de Jaruco, el agotamiento de los manantiales de Ojo de Agua de Catalina, la contaminación del Manantial Los Jardines y todo el ecotono marino de Santa Cruz del Norte, la regulación de las aguas subterráneas en la Meseta del Guaso, y muchos otros cuyos problemas sólo comenzaron a resolverse cuando los conceptos quedaron claros y, con ello, el diseño de la investigación y las soluciones  que correspondían.

He ahí la permanente insistencia en la absoluta necesidad de profundizar en los conceptos y dominarlos claramente para poder gestionar adecuadamente el paisaje y sus componentes. Es de felicitarse que estos foros existan para el bien del conocimiento común. La página sobre las Áreas Protegidas de Cuba tiene una importancia invaluable, esencial y utilísima para esos sanos propósitos.

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