GUANAHACABIBES OCUPACIÓN ESPACIAL Y SUS ESTUDIOSOS

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Historia de su ocupación

Como casi siempre ocurre en la historiografía cubana, la presencia de habitantes en una región se asocia con hechos acaecidos después de la conquista y se obvia, que antes de 1492 se asentaron los aborígenes, quienes tuvieron un período histórico de habitación mucho más largo, al actual.

La ocupación del espacio de esta región tiene una data confirmada de algo más de 4 000 años de antigüedad con la llegada de los aborígenes. Las dataciones radiocarbónicas realizadas a restos humanos en esta región han sido escasas, en correlación con el gran potencial de sitios arqueológicos reportados hasta el momento, más de 145 residuarios.

De ellas, las obtenidas en las excavaciones de cueva Funche, entre el 10 y el 24 de marzo 1966 por José M. Guarch Delmonte, arrojaron una antigüedad entre 2000 y algo más de 4 000 años antes del presente (AP) es decir en el 2034 AP.

A partir de estudios realizados en el mayor residuario local: cueva de La Pintura, el cual posee cerca de dos metros de altura en su centro, se dató en 1973, por el método radiocarbónico a una profundidad de 1.50-1.80 metros, en la porción más elevada del montículo 2 925- 3 000 AP, es decir, entre el 952 y el 1927 AP.

En dicho estudio apareció en capas tempranas, un buril de sílex que el Dr. Janus Kozlowski, consideró muy semejante en material, tipología y técnica de elaboración a los instrumentos protoarcaicos de la cuenca del río Mayarí y Levisa, en la provincia de Holguín; fechadas entre los 3 500 y los 5 200 AP, estas calibrada por dendrocronología ello llevó a datar el sitio alrededor de los 6 000 AP, el 4027 AP.

En una primera etapa existieron grupos pequeños preagroalfareros con movimientos cíclicos, que en la región de Guanahacabibes pueden ser considerados como sitios costeros, ya que el ancho geográfico de la Península les permitía estar en permanente contacto con la costa y el bosque todo el año y es característico que todos los sitios encontrados hasta hoy, responden a este grupo.

Pero evidencias arqueológicas de la región en la parte oriental de la Península y elevaciones aledañas de Guane rebelan, que en tiempos más cercanos al descubrimiento o vinculados con la conquista y expansión colonizadora, arribaron a esta comarca representantes de mayor desarrollo que el mesolítico medio, es decir los agroceramistas.

Al respecto el legendario arqueólogo pinareño Pedro García Valdés escribió en su libro, “La civilización Taina en Pinar del Río”, La Habana, 1930: “[…] arrancar y destruir las yaguas secas y los muchos curujeyes parasitarios que los historiadores han sostenido “por obra de la copia con la fidelidad del calco”, manteniendo que la comarca de Guaniguanico estuvo poblada solamente, por los indios más atrasados de Cuba”.

En atrevida y valiente publicación estableció una polémica científica, nada más y nada menos que con el tercer descubridor de Cuba, el Dr. Fernando Ortiz y describió que, en la finca de San Ubaldo, sitio ubicado al borde de la albufera de Cortés, contigua al poblado, fueron reportadas cuatro hachas petaloides de factura aborigen que se encontraban en propiedad de un campesino, quien según explicó las había “arrojado” al río Cuyaguateje.

Otros reportes hechos por el primer arqueólogo pinareño estuvieron relacionados con la señorita Leopoldina Ledesma, ella le regaló tres hachas pulidas del mismo tipo, halladas en finca Ojo de Agua, contigua al sur del asentamiento.

Dos más fueron recogidas en la propia vega, por el doctor Elpidio Pérez, donadas al museo Montané. Poco más al sur, en la finca La Majagua, fue ubicado un objeto que el erudito pinareño denominó “Buril” de sílex verde.

Otras dos hachas fueron encontradas en las vegas de los alrededores de La Grifa y El Buren. Los actuales habitantes han localizado dentro del asentamiento del pueblo de Cortés objetos de barro toscos, cocidos primitivamente, “tazones” y burenes.

Todas estas referencias dejan la posibilidad de la presencia protoagrícola o agricultora en la zona. Aún, cuando no se han encontrado evidencias más definitorias que bien podrían estar en el interior de las diversas lagunas (en las cuales Mark Raymond Harrington encontró muchas piezas de factura aborigen de madera en su interior en la localidad de Malpotón)

También pueden estar hundidas en áreas de manglares o de la propia albufera, o en la línea costera de medio kilómetro que se ha inundado desde la llegada de los Conquistadores a Cuba por el hundimiento de la costa sur de Cuba.

Una hipótesis menos deseable, es que pudieron ser destruidas por los buldóceres de las Brigadas que desbrozaron los marabuzales en la década de 1960, de la llanura sur pinareña, para que fueran convertidas en áreas de cultivos.

Hasta el día de hoy, los arqueólogos han podido estudiar más de 145 sitios con evidencias materiales de la presencia de los primeros grupos humanos en la Península de Guanahacabibes.

Algunos de estos lugares, incluso en el interior del territorio, un porciento reducido presenta en sus capas más tardías, evidencias de tosca factura alfarera, aunque es significativa su escasez. 

Sin embargo, aunque es difícil de demostrar todo indica que a la llegada de los conquistadores españoles aún quedaban grupos preagroalfareros, que vivían en sus costas y cuevas.

El padre Bartolomé de las Casas en el libro citado, al referirse a los habitantes que encontraron los conquistadores en el occidente de Cuba, escribió:

[…] Entiéndase también para unos indios que están dentro de Cuba, en una provincia al cabo della, los cuales son como salvajes que en ninguna cosa tratan con los de la Isla, ni tienen casas, sino están en cuevas de continuo, sino es cuando salen a pescar; llámanse guanatahabeyes; otros hay que se llaman siboneyes, que los indios de la misma isla tienen por sirvientes […]

Cuánta sorpresa debió causarle a los primeros “guanahacabibenses” atisbar tres carabelas el 12 de junio de 1494, muy cerca de la costa este del territorio.

Foto 8 Ajuar Aborigen de Guanahacabibes

En la ensenada de Cortés, Colón obligó a los marinos a bordo a firmar la denominada “Acta de Fernando Pérez de Luna” hecho acaecido en la nao capitana “La Niña.” Cristóbal Colón percibía la baja moral de su tripulación, la cual deseaba más regresar que continuar, llevaban ocho meses y diecisiete días de navegación, desde que partieron de Cádiz.

 

Según el historiador Cesar García del Pino, escribió en “El libro de los Escribanos Cubanos”, el texto donde recoge que en el Archivo de Indias de Sevilla existe un documento que tiene por título: “Información y testimonio de cómo el Almirante fue á reconocer la Isla de Cuba quedando persuadido de que era tierra firme”; dando fe de la supuesta continentalidad asiática.

Le faltaban aún unas 60 millas para corroborar la insularidad de Cuba. Pero antes del regreso, se elaboró el controvertido documento histórico para ello:

Colón requirió  a Fernando Pérez de Luna, Escribano público y reúne la tripulación de la Niña dando a conocer el acta donde se probaba que Juana (Cuba), no era isla, sino «…la tierra-firme del comienzo de  las Indias…» y se advertía además, que quien dijese lo contrario sería  multado con diez mil maravedíes y le cortarían la lengua y si fuere grumete se le darían cien azotes y le cortarían la lengua.

Los hombres estuvieron de acuerdo y firmaron, igualmente lo acató la marinería de las demás carabelas, dando todos, la vuelta al sureste en dirección a la hoy Isla de la Juventud.

Este documento histórico redactado, aprobado y firmado frente a la ensenada de Cortés, recoge la primera fecha documentada exacta de la historia local vueltabajera.

El encuentro de Colón con los pobladores de la costa sur de Cuba y los cayos e islas posibilitó describirla en su Diario de Navegación como: «[…]gente desnuda que se vive de pescado y nunca van a la tierra adentro […]».

El no entendimiento del intérprete Diego con sus habitantes dio lugar a exagerar la inferioridad y el salvajismo de estos, comparados con el resto de los de la Isla.

Pasaron cerca de quince años hasta aquel memorable 17 de enero de 1509, fecha que ha dejado entrever el investigador Gerardo Ortega Rodríguez en su Historia de Sandino, inédita; como el momento en que Sebastián de Ocampo, al frente de dos carabelas y cumpliendo órdenes del gobernador de la Española, Nicolás de Ovando, realizó el primer viaje de circunnavegación a la Isla de Cuba.

A pesar de las reservas que deja entrever el mapa mundi de Juan de la Cosa de 1500, donde ya aparece el Cabo de San Antonio dibujado, son estos marinos, oficialmente, los primeros europeos en avistar el extremo meridional del Cabo de Sant o San Antón, devenido en San Antonio.

Pedro Luis Hernández Pérez

Pedro Luis Hernández Pérez

Miembro Ordinario de la Sociedad Espeleológica de Cuba