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HACIA EL TURQUINO

Humberto Vela Rodríguez

Humberto Vela Rodríguez

Miembro Ordinario de la Sociedad Espeleológica de Cuba

Viernes 14.

Martín da el “de pie” a las 6:00 a.m. Apremio a los demás para comenzar temprano la escalada. Martín pone aquí su tercera. Resulta que él ha traído dos mochilas, una nueva para el viaje de acercamiento y otra más gastada para la montaña. La primera había quedado en nuestra cabaña de la base de campismo. De pronto mira a todos y exclama: “¡Eh…! ¿y mi mochila…? La deje aquí”, dice señalando hacia la litera superior. “¿Dónde está mi mochila nueva?, insiste alarmado. “Estaba aquí”, repite. Andy, sonriente riposta: “Oye, baja y búscala en la base de campismo”. Y todos estallaron en una burlona carcajada mientras Martín reacciona perturbado.

Antes de partir me desayuno tres huevos de codorniz, maní en conserva y café. Los demás consumieron indistintamente miel de abeja, maní y refrescos. Partimos a las 6:55 a.m.

Debemos vencer primero el Pico de Joaquín, una escalada que nos lleva una hora, y que Minerva ha bautizado como “la p…. de Joaquín”. Desde su cima se contempla diáfano el Turquino, pero todo lo escalado es preciso bajarlo por la ladera opuesta en busca del profundo valle que posibilitará atacar la ladera ansiada por una cresta flanqueada por abismos. Subimos lento y emocionados por la expectativa de aproximarnos al final. Lo hacemos inmerso en la pluvisilva de montaña, en el bosque nublado formado por versátiles helechos, entre ellos los arborescentes; y musgos que se extienden como alfombras verdes; y orquídeas que se repiten sólo con pasear la vista.

Pido a todos llegar juntos a la cima. Jorge, que sigue delante animando con sus señales y regalándonos caramelos que deja sobre los postes de orientación, advierte a José Armando y a Andy que nada más falta un recodo. Pronto los alcanzamos. Marchando juntos, apretados, salvamos el recodo y vemos, como en sueños, el monumento al Apóstol, en la cima más elevada de la orografía cubana, a las 10:25 a.m.

La cumbre

La cumbre es un pequeño llano de unos quince por diez metros rodeado de una densa maleza que impide contemplar el entorno. Hay herbáceas poco desarrolladas y muchas rocas sueltas de diferentes tamaños. Casi al centro el busto elevado en su pedestal, con una placa de bronce donde se ordenan los nombres de las personas que realizaron ese noble proyecto. El rostro del Apóstol mirando al este, “de cara al sol”. La mañana es de calma y limpia de nubes, el aire es fresco pero el sol calienta y preferimos a veces buscar la sombra de los arbustos. Posamos repetidamente frente al monumento. En una de las fotos se nos ve aplaudiendo a Minerva, su voluntad y tesón, ella sujetando una de las pocas florecillas que José Armando ha encontrado en la cima. Brindamos con una botella de Havana Club utilizando el vaso que hemos llevado especialmente para la ocasión. Algunos recogen una roca como recuerdo. Se pone en un frasco bien tapado, un papel con los nombres de los que allí estamos y el de los amigos que lo añoraron y no pudieron venir y se entierra a poca profundidad, al norte del monumento, a 63 cm de su base y a la derecha de una roca redondeada que aflora ligeramente.

José Armando filma un video de unos siete minutos de duración en el que se establece un diálogo entre nosotros señalando que aquí culmina una de las actividades programadas para conmemorar el 30 aniversario del Grupo, las impresiones y emociones vividas en la expedición, y se bromea.

A las 12:06 p.m. nos despedimos de la cima.

Andy perdido en la montaña

Ya he dicho en otra parte como todo está cuidadosamente señalado en los senderos. De bajada Andy se adelanta mucho. Un poco antes de llegar al Campamento de Joaquín el trillo se bifurca y un poste indica claramente hacia donde conduce cada uno: “Campamento del Cojo”, “Campamento de Joaquín”. Andy, evidentemente distraído toma por el primero. Al llegar al de Joaquín y no verlo preguntamos: “No ha llegado”, nos responden.

El guía, cuyas funciones también incluía acompañarnos hasta la cima no lo hizo y para colmo se dedicó a beber del ron Arecha que aquí ofertan hasta embriagarse notoriamente. La noticia lo controló un tanto, pues sintió de golpe el peso de su falta y la responsabilidad de lo que pudiera ocurrir.

El campamento se alarmó de inmediato. Llamaron por el equipo de radio al del Cojo y por fortuna la respuesta fue positiva. Habían localizado a Andy que gritaba a todo pecho desde más arriba.

El camino de la Jeringa

Después de almorzar algo partimos de regreso. El guía se encargaría de buscar a Andy. Eran las 3:05 p.m. Se nos une Mario, un amigo de Jorge que había quedado a su espera en el campamento. El resto del grupo de religiosos había regresado por la mañana.

Una hora después, pasado el kilómetro 7, llegamos al punto donde comienza un trillo de arrias denominado Camino de la Jeringa o Camino de los Mulos, que según dicen va directo hasta Santo Domingo y resulta más llevadero, pues va siempre descendiendo.

A poco de andar por allí Andy y el guía nos dan alcance. Jorge, piadosamente, nos había pedido abstenernos de las burlas con él. Llegó y con semblante muy serio advirtió: “Caballeros, no quiero que me den cuero, bastante tengo con el susto que pasé allá arriba”. Y todos lo miramos con sorna. Claro, más adelante no pudo zafarse de la inevitable jodedera.

Siempre bajando llegamos a las 6:45 p.m. al río Yara y no pude contener el deseo de bañarme en sus frescas aguas. Sólo me quité las botas, pues toda la escalada la había hecho en short y pulóver. El paisaje aquí es magnífico: el río corre mesurado por entre los cantos produciendo una especial melodía y se ve en ocasiones a sus tributarios desprenderse en largas cascadas entre la selvática vegetación. Varias veces el trillo obliga a cruzar el río, pero son tantos los cantos emergidos que no nos mojamos ni los pies. Llega la noche y seguimos bajando a la luz de las linternas. Desde muy atrás, habíamos sugerido que Minerva abriera la marcha y de este modo ir juntos. Sorbos de miel y esporádicos tragos de Arecha nos sostienen. No paramos. A las 8:35 de la noche llegamos a Santo Domingo.

Continuará…

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