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LA ATENAS DE CUBA Y SU TESORO CAVERNARIO, BELLAMAR

Yamile Luguera

Yamile Luguera

Especialista del Centro de Investigaciones Marinas (CIM) | Miembro Ordinario de la Sociedad Espeleológica de Cuba

A 102 km de La Habana, rumbo al este, se asoma Matanzas con sus innumerables puentes, esculturas, la playa de Varadero, su aeropuerto, y un particular tesoro cársico, la caverna Bellamar, turística desde 1862.

La Atenas de Cuba, se muestra a los visitantes en total armonía urbanística, con elevadas calles que se vuelven puentes sobre los ríos San Juan, Yurumí y Canimar entre otros, antiguas casas, históricos parques que brindan la sombra de sus  longevos árboles, para un merecido descanso luego de recorrer sus museos.

Con aeropuerto para un destino directo hasta Varadero, playa de blanquísima y fina arena, confortables hoteles, delfinario, lugares con variadas ofertas para el buceo, que brindan una activa y placentera estancia.

La historia de esta provincia está ligada indisolublemente a la espeleología. El sistema cavernario y gran Caverna Bellamar, descubierto en 1861 por accidente, es el centro turístico más antiguo de Cuba.

Localizado a 2 km de Matanzas, a 98 km de La Habana y asentado en un lugar de terrazas marinas de constitución caliza-margosa, fue abierto al público oficialmente el 22 de noviembre de 1862.

Cuenta la historia, que su descubrimiento se debe al obrero de origen chino Justo Wong, quien perdió su herramienta de trabajo en un orificio profundo, cuando se encontraba al servicio de Don Manuel Santos Parga.

Por miedo al ejemplarizante castigo que le esperaba, trató de recuperarla, pero se presentó ante sus ojos un gigantesco y aterrador lugar. Fue el mismo Santos Parga quien 2 meses después tuvo que bajar a las profundidades de una furnia, olvidándose de las terroríficas historias que todos comentaban.

Luego de golpear y agrandar el pequeño orificio, afloró del interior de la tierra una fétida corriente de aire, luego se percató de la belleza y dimensiones de la cueva que se abría ante sus ojos; descendió por una escala y  rápidamente se encendió su chispa de negociante nato.

Después de tortuosos meses de romper y extraer toneladas de rocas, desaguar el lago de la cueva y edificar una casa sobre la entrada de la espelunca, se abría esta a los ojos del público, con acceso mediante una escalera de madera.

Desde entonces y hasta nuestros días, asiste público cubano y de todas partes del mundo a admirar las bellezas cristalinas de La reina de las cavernas de las indias Occidentales.

Originada por las aguas subterráneas en las rocas margas del periodo mioceno medio, hace unos 30 millones de años según afirmó el Dr. Antonio Núñez Jiménez, y declarada Monumento Nacional desde 1989, además de otras categorías como Elemento Natural Destacado  de Significación Nacional.

La caverna Bellamar muestra formaciones cristalinas de todo tipo, estalactitas, estalagmitas, columnas, helictitas, mantos, flores de cristal semejando a Dalias, cascadas de calcita y alas de mariposas, entre otras.

Algunas distribuidas entre los salones Gótico y La Bendición y las galerías del Confesionario, de La Fuente y El Regreso, como principales ofrecimientos a la vista del público visitante.

Luego de la muerte de Santos Parga en 1881, esta maravilla atravesó por difíciles etapas. En 1897, la casa de madera encima de la entrada sufrió un incendio y se ordenó su clausura.

Luego de un año, la compañía Rafloer-Erobsloch la adquirió, mejoró sus condiciones de acceso y anunció su reapertura.

Entre 1910 y 1917 fue electrificada bajo la administración de la compañía norteamericana Jarcia, quienes construyeron la sólida edificación sobre la entrada, que llegó hasta nuestros días.

En 1939, con el estallido de la segunda guerra mundial, es cerrada durante 8 años, pero la compañía operadora Cuevas de Bellamar S.A, la reabre y propicia en ella, entre 1948 y 1949, el primer estudio científico a cargo de la Sociedad Espeleológica de Cuba (SEC).

Hoy se presenta con diversidad de recorridos, hay espacios para un público sin conocimientos espeleológicos y para espeleólogos, como es la parte Occidental, que incluye las galerías Abandonada, de Los dos Lagos, Blanca, de Los Enanos, y de Los Megaloncnus.

También incluye salones como Los Derrumbes, De las Rejas y de Las Esponjas, por la semejanza de las formaciones con las conocidas esponjas marinas, entre otros recónditos lugares de este sistema cavernario.

La amplia variedad de formaciones atípicas, hacen fantasear al público con similitudes de estas a huertos de zanahorias, capillas religiosas con los Doce Apóstoles, lechuzas, con la mano de una mujer, el nacimiento del niño Jesús y el manto de Cristóbal Colón, entre otras.

Atesora fósiles marinos adheridos a sus paredes, como son bivalvos (moluscos compuestos por dos conchas o barbas), erizos, entre otros.

El recorrido se acompaña de un guía que cuenta historias acerca de La Fuente de la Juventud, donde todos los visitantes se mojan al menos las manos con la helada agua de las profundidades.

También la Fuente de los Enamorados, la del Matrimonio, la del Divorcio, el Placer y La Maternidad, El baño de la Americana, las Lágrimas Eternas, la galería de la Llovizna, entre otras muchas.

La Caverna Bellamar es la mayor de su tipo en nuestro país, tomando como referencia su origen freático. En 1993, el grupo espeleológico Félix de La Fuente, logró demostrar  que se unía con El Gato Jíbaro y El Jarrito, alcanzando los 23 km de recorrido, hoy se le suma también Garibaldi, descubierta recientemente.

En esta provincia se localizaron también restos fósiles de aves muy grandes del  período Pleistoceno como el Titenohierax Borrasi y el Gigantohirax Suarezi, gavilanes de talla gigantesca que vivieron hace más de ocho mil 500 años, y un tamaño semejante al actual cóndor suramericano.

El Dr. Ercilio Vento, historiador de esta provincia, precisa que estas aves se añaden a la lista de los grandes volátiles del Pleistoceno. Entre estas un búho, el Pulsatrix arredondoi, el Águila borrasi, el Antilovultur varonai y la Grus cubensis, además de la  lechuza Tyto riveroi, con estatura cercana a la de un ser humano, incapaz de volar, y hallada también en la Caverna Bellamar.

Otra cueva turística, Saturno, localizada en la misma carretera que va hasta el aeropuerto, invitan a un baño seguro para el turismo que guste del agua fresca y transparente, atrapada en una accesible espelunca también acondicionada para su visita.

Muy cerca está también la caverna Santa Catalina, con su natural y zigzagueante recorrido, donde se pueden observar los hongos de zinolita, únicos de su tipo en el mundo, también declarada Monumento Nacional, que atesora además una interesante y variada fauna cavernícola.

Con esto y más, Matanzas es una urbe singular, donde la vida transcurre alrededor de una amplia bahía que guarda celosamente en sus fondo La Flota de La Plata, hundida antaño y quién sabe cuántos secretos más; el suave olor a salitre que de ella emana o la brisa marina que recorre sus calles. Visitar esta maravilla requiere tiempo para admirarla y no olvidar jamás sus espacios.

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