LA COLECCIÓN COMUNIDADES ABORÍGENES DE CUBA DEL MUSEO DE ARQUEOLOGÍA DE LA HABANA

(Fig. 1)
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Las cuevas y abrigos rocosos del archipiélago cubano han sido aprovechados por los grupos humanos a lo largo del tiempo para el desarrollo de sus actividades de carácter doméstico o ritual. Por esta razón el potencial arqueológico de nuestros contextos cavernarios es vasto, y muchos de esos sitios, son hitos importantes en la historia de la Arqueología de nuestro país. En la actualidad muchas de las evidencias del desarrollo humano en esos espacios, se atesoran en diversas instituciones.

Un ejemplo es el Museo de Arqueología de la Oficina del Historiador de La Habana. Su inauguración se realizó el 2 de febrero de 1989 (Fig. 1), con la participación de importantes figuras de la cultura cubana. Durante el acto, el historiador de la ciudad, Eusebio Leal Spengler, rindió homenaje a Ernesto Tabío Palma, y al 50 aniversario de la Sociedad Espeleológica de Cuba. Aprovechando esta ocasión, se le otorgó la insignia dorada de Huésped Ilustre de La Habana Vieja al Doctor Antonio Núñez Jiménez, en reconocimiento a la amplia trayectoria de esta figura en las ciencias.

(Fig. 2)

En sus inicios, el museo acogió una muestra de cerámicas prehispánicas de Perú, una habitación con pinturas murales de escenas costumbristas urbanas, así como un residuario y un pozo a manera de testigos arqueológicos de las excavaciones allí efectuadas durante 1986. Meses más tarde, se ampliaron las exposiciones, con la incorporación de obras mesoamericanas, del noreste sudamericano, y una sala dedicada a las culturas indocubanas, donde se exponen hallazgos de gran relevancia (Fig. 2).

En la actualidad existe además una sala de Arqueología colonial, en la que se exhiben elementos provenientes de los trabajos arqueológicos efectuados en el Centro Histórico habanero y de otras zonas del país. En la misma pueden apreciarse artículos de cerámica, mayólica, porcelana, vidrio, madera, hueso y cuero. Cronológicamente abarca los contextos históricos de los siglos XVI al XIX, y permite ilustrar las costumbres domésticas, religiosas, militares, el comercio, la política, y otros aspectos de la época. También se exhiben las colecciones de azulejos delft, cerámica inglesa, vidrio, y juguetes. Dos salas son dedicadas a Mesoamérica- Ecuador, y al Perú prehispánico. Ambas se componen de objetos cerámicos, textiles, y metalúrgicos de los grupos precolombinos que habitaron las mencionadas áreas geográficas.

(Fig. 3)

La colección dedicada a nuestro pasado aborigen (fig. 3), es el resultado de numerosas excavaciones arqueológicas realizadas a lo largo y ancho del territorio nacional durante muchos años. En estos trabajos participaron mayormente arqueólogos de la Sociedad Espeleológica de Cuba, entre ellos Antonio Núñez Jiménez, presidente en aquel entonces de esta institución, y especialistas del Departamento de Antropología de la Academia de Ciencias de Cuba, quienes se encargaron de esa labor desde 1962.    

La muestra está distribuida en 12 vitrinas que cuentan con sus respectivos pies de exponente, en los cuales se hace referencia a su tipología, rango cronológico, y lugar de procedencia. En las paredes paneles explicativos abordan lo relacionado con cada una de los períodos en que se enmarcan los vestigios.

La variedad de materias primas empleadas en los elementos exhibidos, incluye las tres industrias fundamentales que desarrollaron nuestros primeros pobladores: la concha, la piedra, y la cerámica. Las creaciones abarcan colgantes, idolillos, vasijas y muchas más, con variadas representaciones, fines utilitarios o simbólicos, y disímiles decoraciones. Se atesoran además restos humanos. Dentro del conjunto, las siguientes piezas ilustran la relación de las comunidades aborígenes con las cuevas.

(Fig. 4)
(Fig. 5)

Etapa Protoarcaica 8 000- 3 500 A.P.

Cuchillo en lámina y lámina con retoque denticulado, elaborados en caliza silisificada

Ambas herramientas (Fig. 4 y 5) proceden de Seboruco, una abrupta elevación caliza en Holguín. La región fue explorada por Nuñez Jiménez en 1939 y 1945, y junto al estudio de sus características geológicas, realizó allí varias excavaciones arqueológicas. En las bocas de casi todas las cuevas, encontró evidencias arqueológicas de su ocupación por grupos precolombinos. De acuerdo a Núñez (1963) lo más notable de esa industria lítica basada en la talla, fue la variedad y el perfeccionamiento de disimiles instrumentos que incluyen raspadores, buriles, hojas retocadas, puntas, con diversas formas y usos, mayormente de gran tamaño.

Los hallazgos efectuados dieron a conocer que la antigüedad del hombre en Cuba se remontaba a miles de años. Se considera que el grupo preagroalfarero más antiguo de la isla, sea de esa zona. La importancia del yacimiento arqueológico, llevó a que fuera considerado un sitio tipo en el Caribe, con la denominación Seboruco-Mordán, este último emplazamiento localizado en República Dominicana. 

(Fig. 6) Enterramiento secundario de 4 individuos, de la cueva de Florencio o de Carbonera.

La cueva se encuentra al norte de Matanzas, en una región que el Doctor Manuel Rivero de la Calle consideraba de gran interés para nuestra Espeleología. Los primeros estudios arqueológicos en el territorio se remontan a un período anterior a 1946, cuando un grupo de miembros de la Sociedad Espeleológica exploraron las inmediaciones de Carbonera y Camarioca. En la primera visita realizada se colectaron a nivel superficial fragmentos óseos, así como picos y martillos de concha entre otros utensilios.

La Cueva de Florencio -nombrada así en honor del campesino que la descubrió- fue excavada el 10 de julio de 1950, con el objetivo de obtener una visión más completa de su potencial arqueológico. En la intervención, participaron miembros de la mencionada institución. El descubrimiento más importante, fue un entierro secundario consistente en cráneos, fémures, partes de huesos occipitales, parietales, maxilares, fragmento de una vértebra y de un hueso ilíaco (Herrera y Rivero, 1954, p. 12), pertenecientes a cuatro individuos. Tres de los cráneos se encontraban en posición triangular, y en el centro de ellos otro orientado con la cara al techo de la cueva.

Cráneo hallado en Soroa

Este abrigo rocoso de la zona montañosa de Soroa, Artemisa, fue excavado en 1944, por René Herrera Fritot, Ernesto Tabío, Antonio García, y Antonio Ramos, luego de que la exploración efectuada por las dos últimas figuras les hiciera pensar en la existencia de un sitio funerario. La importancia del hallazgo, fue haber sido el primer reporte de un asentamiento aborigen en dicha área (Herrera, 1970).

Fueron descubiertas osamentas humanas de varios individuos, muy fragmentadas en su mayoría. Se pudo determinar un total de al menos 7 individuos mezclados, agrupados la mayoría en el fondo de la solapa. El resto de las evidencias son artefactos tales como gubias de concha, percutores, fragmentos de sílex, rocas tintóreas y vestigios de animales.

Herrera consideró que las evidencias encontradas, eran de gran antigüedad y debían pertenecer al grupo Ciboney. Además, teniendo en cuenta las características de la solapa, estimó la posibilidad de que fuera un sitio empleado para enterramientos secundarios, los que provenían de otro entierro y ya estaban descarnados. Una de las ideas que refuerza la hipótesis, es el hecho de que algunos de los huesos, estuvieran pintados de color rojo, de ocre a purpúreo, por su cara externa (…) (Herrera, 1970, p. 10).  En el caso de este cráneo en particular (Fig. 7), corresponde a un adulto femenino sin deformación, de alrededor de 30 años, con una reconstrucción parcial realizada en varias zonas.  

(Fig. 7)

Estenolito o daga lítica elaborado en arenisca

El ejemplar (Fig. 8) fue hallado en la Cueva N. 5, prácticamente a orillas de mar, en Cayo Salinas, Sancti Spíritus. Es uno de los diez islotes que integran el grupo insular nombrado Cayos de Piedra, en el municipio Yaguajay. El mismo posee varias cuevas destacadas por su arte rupestre y otras evidencias arqueológicas, especialmente un enterramiento de 13 infantes aborígenes, exhumados por René Herrera Fritot.

(Fig. 8)

Cercanos a los cuerpos se hallaron bolas líticas o esferolitias, y estenolitos. En muchas ocasiones, han aparecido estas piezas acompañando los enterramientos a manera de ofrenda, las cuales suelen incluir gubias, collares de vértebras de peces, entre otros objetos. Este artefacto en uno de sus extremos culmina de forma aguzada pero sin filo, y del otro, bifurcado.

Etapa Preagroalfarera 4 000-1 550 A.P.

Raspador de concha y pico de mano.

Los moluscos no solo fueron una importante fuente de alimento para los aborígenes cubanos. Las conchas de gasterópodos y bivalvos resultaron materias primas para la confección de diversas herramientas y adornos. A través de las técnicas de percusión, fractura, abrasión, se crearon numerosos objetos que pueden agruparse en vasijas, platos, cucharas, gubias, puntas, picos, martillos, raspadores y cuchillos (Dacal y Rivero, 1986).

(Fig. 9)

El raspador de concha (Fig. 9), elaborado del bivalvo codakia orbicularia, proviene de la Cueva La Patana, Maisí. Presenta la última línea de crecimiento rota por percusión. Dichos instrumentos se elaboraban para trabajar la madera y aparecen frecuentemente en los residuarios. Para su confección se utilizaron igualmente el sílex, la arenisca y el coral. El pico de mano (Fig. 10) elaborado en Strombus sp., fue hallado en la Cueva del Agua, Pinar del Rio. Esta clase de pieza se obtiene de la columela –o vueltas internas del gasterópodo- mediante una fractura que afila la punta del caracol. El ápice se mantiene, para que el pico sea agarrado por esa área.

(Fig. 10)

Etapa Agroalfarera 1 450- 400 A.P.

Vasijas de cerámica

En este período la industria alfarera logró un gran desarrollo, con diversas formas, dimensiones y decoraciones. Son numerosas las piezas y fragmentos que aparecen en los yacimientos arqueológicos confeccionados en cerámica. Las formas de los objetos se realizaban mediante cordeles de barro superpuestos cuyas paredes se alisaban posteriormente.

Para la ornamentación se emplearon conjuntos geométricos conformados por motivos que incluyen incisiones, puntos, rayas, etc. Se reprodujeron además figuras antropomorfas o zoomorfas, entre ellas murciélagos y lechuzas, como en los dos recipientes referidos. Igual sucedía con las asas, para las cuales se usaron variedades de formas.

(Fig. 11)

En el caso de la olla (Fig. 11), fue hallada en la Cueva # 1, de Cabo Cruz, Niquero, municipio granmense con numerosos sitios arqueológicos. En la zona delantera exhibe una representación cefalomorfa de lechuza y alrededor una decoración de barbotina. Tiene manchas oscuras debido a las altas temperaturas de la cocción. El cuenco (Fig. 12), procede de la Cueva de la Loma de la Campana, en El Caney, Santiago de Cuba. Posee una representación zoomorfa que asemeja los ojos y el pico de una lechuza. Pueden observarse concreciones de carbonato de calcio en buena parte de su superficie, por la permanencia prolongada en la cavidad.

(Fig. 12)

Visitar este espacio expositivo, permite un acercamiento a los grupos humanos que habitaron muestro archipiélago antes de la llegada de los colonizadores. Ese es precisamente uno de los objetivos principales de la institución, además de resguardar, e investigar, se propone difundir el conocimiento de aquellos primeros pobladores a través del legado material que ha llegado a la actualidad. Para los amantes de las cuevas específicamente, es una excelente oportunidad de conocer la relación de nuestros aborígenes con dichos espacios, sobre la que expresara el arqueólogo Felipe Pichardo Moya en su reconocida obra Caverna, costa y meseta: es rara la caverna cubana visitada –y las cavernas abundan a todo lo largo de la Isla en sus numerosas sierras- de la que no se diga haberse encontrado en ella cenizas de hogares y huesos humanos desechos, acusando gran antigüedad (1945, p. 44).

Bibliografía

Dacal Moure, R. y Rivero de la Calle, M. (1972). Actividades arqueológicas realizadas por la Sociedad Espeleológica de Cuba. La Habana: Academia de Ciencias de Cuba. Serie Espeleológica de Cuba. No. 33.

Dacal Moure, R. y Rivero de la Calle, M. (1986). Arqueología aborigen de Cuba. La Habana: Editorial Gente Nueva.

Fuentes, Y. (1989). Inauguran Gabinete de Arqueología. Periódico Tribuna de La Habana. pp. 2

Herrera Fritot, R. (1970). El yacimiento arqueológico de Soroa, Pinar del Río. La Habana: Academia de Ciencias de Cuba. Serie Espeleológica de Cuba. No. 9.

Herrera Fritot, R. y Rivero de la Calle, M. (1954). La cueva funeraria de Carbonera, Matanzas. La Habana: Sociedad Espeleológica de Cuba.

Ministerio de Cultura de la República de Cuba. (2015). Huellas arqueológicas de Cuba: exposición. La Habana: Consejo Nacional de Patrimonio Cultural.

Núñez Jiménez, A. (1963). Cuba con la mochila al hombro. La Habana: Ediciones Unión/ Reportajes.

Pichardo Moya, F. (1945). Caverna, costa y meseta: interpretaciones de arqueología indocubana. La Habana: Jesús Montero Editor.

Rivero de la Calle, M. (1966). Las culturas aborígenes de Cuba. La Habana: Editora Universitaria.

Tabío Palma, E. (1970). Arqueología espeleológica de Cuba. La Habana: Academia de Ciencias de Cuba. Serie Espeleológica de Cuba. No. 27. 

Vasconcellos Portuondo, Daniel. (2001): Institucionalización de la Arqueología en La Habana. Gabinete de Arqueología. No. 1, año.1, pp. 22-28. Editorial Boloña, La Habana.

Pie de fotos

(Imágenes tomadas del archivo fotográfico del Gabinete y Museo de Arqueología)

  1. Inauguración del Museo de Arqueología, con la presencia del Historiador de La Habana Dr. Eusebio Leal Spengler y el Dr. Antonio Núñez Jiménez, el 2 de febrero de 1989
  2. Rivero de la Calle, mostrando uno de los enterramientos de la cueva de Florencio, durante la inauguración de la Colección aborigen, el 15 de marzo de 1989  
  3. Vista de la Sala Comunidades Aborígenes de Cuba, 2019
  4. Cuchillo en lámina
  5. Lámina con retoque denticulado
  6. Enterramientos de la cueva de Florencio o de Carbonera
  7. Cráneo femenino exhumado en Soroa
  8. Daga lítica o estenolito elaborado en arenisca
  9. Raspador de concha
  10. Pico de mano
  11. Olla con representación zoomorfa
  12. Cuenco de cerámica
Arlene Cordero Alfonso

Arlene Cordero Alfonso

Gabinete de Arqueología de la Oficina del Historiador de La Habana