LA HABANA: COMERCIO Y NAUFRAGIOS

Descubrimientos arqueológicos en pecios (hundimientos, sitios arqueológicos sumergidos) han contribuido a las investigaciones sobre el comercio desarrollado a través de la historia marinera de la capital cubana.

Los inicios

En una primera etapa después de la conquista, Cuba, la llave del Nuevo Mundo, había sido el punto de reunión de las flotas que, procedentes de América, emprendían la travesía de regreso a España.

A San Cristóbal de La Habana llegaban embarcaciones de todas partes, con variadas cargas, y aquí recibían reparación y avituallamiento.

A partir de 1541 y durante 200 años el puerto habanero fue el centro de reunión de las flotas de Nueva España, Honduras y Tierra Firme empeñadas en el retorno a la metrópolis.

Pero fue a partir de la restauración española y el desarrollo alcanzado por la colonia, bajo el denominado despotismo ilustrado y el auge de la industria azucarera, que se origina aquí un creciente comercio.

Intercambios comerciales

A mediados del siglo XVIII, el comercio desde el puerto de La Habana, tenía un pobre intercambio con Cádiz, Tenerife, Veracruz y Cartagena.

La Habana exportaba hacia Cádiz: azúcar, tabaco, cueros y maderas y recibía a través del puerto gaditano: géneros, vino, aguardiente, frutos, libros, hierro y papel. 

Desde Tenerife recibía frutos; de Veracruz: harinas, jabones, géneros, pita y cacao, que también llegaba de Cartagena. 

El comercio ilícito, o contrabando, se practicó sobre todo en las vecindades de esta urbe, o en su propio puerto por parte de embarcaciones de otras colonias.

Pero ya en la segunda mitad del siglo XVIII, se advierte contrabando con ingleses procedentes de Jamaica, por la sureña zona central de Trinidad y el oriental golfo de Manzanillo.

En este trueque, se introducían esclavos a cambio de maderas preciosas, como caobas y cedros. 

Los ingleses toman la Habana

La toma de La Habana y la siguiente ocupación británica, por espacio de 11 meses, tuvo una repercusión importante para la Isla, por la entrada de gran cantidad de productos.

Durante este corto tiempo, se trajo un considerable número de esclavos que permitieron expansionar las plantaciones azucareras.

En los siete años anteriores a 1760, las exportaciones de azúcar desde La Habana se estimaban en 300 toneladas anuales.

Durante los cinco años posteriores a la retirada de los británicos, fueron superiores a las dos mil toneladas por año.

Y ya en la década de 1770, las exportaciones alcanzaban las 10 mil toneladas y hacia 1820, Cuba se había convertido en el mayor productor mundial de azúcar. 

El 12 de octubre de 1778, se dicta el Reglamento de Libre Comercio entre España e Indias, seguido al año siguiente por una Real Orden, que permitía la entrada de barcos mercantes de naciones amigas.

Para 1790, se autorizó el comercio con Estados Unidos y a partir de 1801 con naciones neutrales.

El libre comercio en Cuba

Pero no será hasta el 10 de febrero de 1818, que el rey Fernando VII promulgue el Real Decreto que concedió el Libre Comercio a Cuba.

El sistema de comercio de importación, existente en La Habana hacia 1840, estaba establecido en base a compañías.

Los asturianos fomentaban las tiendas de venta de textiles y los catalanes dedicaban sus comercios a víveres o abarrotes.

Hacia 1860, se comentaba sobre la excelencia de las tiendas y la profusión de mercancías a la altura de las de cualquier ciudad europea. Pero las más ricas y tentadoras habían sido importadas desde Francia y España.  

En los almacenes y tiendas se comerciaban costosas sedas y chales, magníficas piezas de cristal y porcelana china, valiosos tapizados sobre maderas finísimas. Existían sastrerías donde se aseguraba una hechura con la misma rapidez que en Londres.

Desde mediados del siglo XIX, La Habana se convirtió en la ciudad más próspera y de mayor tráfico de todas las Antillas.

El puerto era visitado anualmente por alrededor de mil embarcaciones anuales, lo que generaba de hecho una gran actividad comercial.

Estas importaciones se pueden caracterizar a través del universo de artefactos arqueológicos provenientes de un conjunto de pecios o embarcaciones naufragadas en aguas cubanas durante las primeras décadas del siglo XIX.

Un ejemplo de importaciones desde Inglaterra con destino al puerto de La Habana, lo constituye el cargamento de la goleta “Arrow”, naufragada cerca de Cayo Paraíso, Bahía Honda, Artemisa.

Descubrimientos arqueológicos en contextos subacuáticos

En 1987, al oeste de Cayo Paraíso, descubrieron parte de un cargamento de loza fina, que durante un tiempo se consideró como un alijo de mercancías de contrabando.   

Pero no fue así, ya que de este naufragio, se localizó en otras campañas arqueológicas un ancla y dos cañones, uno de ellos fundido en 1777 por la Casa inglesa Harrison of Robertsbridge, de New Jersey.

También se localizaron restos de la estructura de la embarcación, y el valioso cargamento de loza fina inglesa, con figuras de adorno, juguetes y recipientes de cristal.

La llegada de los primeros cargamentos cerámicos de origen anglosajón, se aprecia a partir de 1798, cuando arriban a La Habana buques originarios de los puertos de las antiguas 13 colonias inglesas.

El movimiento independentista desarrollado en América (1808-1824), las guerras napoleónicas (1798-1815) y el conflicto anglo norteamericano (1812-1814) obligan a retomar el sistema de convoy para las embarcaciones que navegaban desde y hacia Europa, o lo hacían en aguas americanas.

Los buques ingleses que se dirigían al Caribe, eran obligados a navegar bajo la protección de la armada británica. 

Es de esta forma que, entre 1812 y 1815, llegan y parten desde La Habana algunos convoyes con origen y destino a Europa, Norteamérica y África.

Estos estarían formados por flotas de hasta 180 buques que navegarían bajo la protección de uno o más navíos de la armada inglesa, que en algunas ocasiones, fondearían en la Ensenada de San Lázaro o en la bahía habanera para continuar viaje.

Los productos importados por las Casas Comerciales incluían, además de la loza, artículos de vidrio, metales, pertrechos navales, textiles, víveres, papel, maderas, carbón, artículos de ferretería, etc.

La loza se embalaba en huacales, bocoy o fardos y los buques que la conducían abarcaban diferentes tipologías: bergantines, fragatas, goletas y balandras.   

El cargamento transportado en la goleta “Arrow” consistía en figuras de animales puestas de moda con posterioridad a 1800.

Exponentes de esta carga son, ardillas producidas desde 1780 y hasta 1795, aves producidas entre 1810 y 1825, y perros que se hicieron preponderantes hacia 1820.

Figuras de mujer con cesto de frutas (del año1800), botellas de vino y cerveza fabricadas hacia 1808, así como vasos y frascos de vidrio, tapas de vidrio esmerilado de garrafas estilo prusiano o anglo-irlandés (1780-1840).

También fue encontrada loza fina perla (1780-1830), loza fina perla con borde de concha (1779-1830) y loza fina crema pintada a mano (1760-1810), así como jarras de loza fina estilo Moka (1790-1850), que recuerdan las marcas dendríticas de la piedra moca de Arabia.

Figuró en el hallazgo una variedad de ágata empleada en la joyería inglesa durante los siglos XVIII y XIX (el ejemplar más antiguo conocido corresponde al año 1779 y solo se manufacturó hasta el primer cuarto del siglo XIX). También se encontró loza fina crema sin decoración, conocida también como cerámica de la Reina (1750 a 1820).

En general, el lote está compuesto por piezas de decoración llamativa y poco vistas en otros sitios arqueológicos sumergidos o pecios de embarcaciones víctimas de naufragio.

Desde el mar hasta el museo

La colección en general cuenta con un gran número de figurillas de tipo antropomorfas (figura humana) y zoomorfas (figuras de animales), imbuidas por la época. Y los estilos predominantes dentro del modernismo como el rococó y el romanticismo, que representaban el gusto por la naturaleza.

El naufragio de la goleta inglesa «Arrow», es uno de los tantos ejemplos de tragedias marinas ocurridas en las costas a embarcaciones que transportaban desde y hasta Cuba todo tipo productos.

Este sitio arqueológico fue investigado y excavado hace algunos años por arqueólogos y otros especialistas de ramas afines.

Hoy se expone estas maravillosas y bien conservadas colecciones en el Castillo de la Real Fuerza, hoy museo de Arqueología naval en Cuba. La visita y el reencuentro con la historia  comercial y marinera es casi obligado, un deber muy placentero, que regala a la vista las formas y los  colores de nuestras raíces marítimas.

Bibliografía.

Datos obtenidos de los archivos de Carisub y Semar SA.

Comunicación personal Ovidio Ortega.

Datos obtenidos a partir del trabajo con las colecciones.