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LA PLUMA, ARQUEOLOGÍA Y EXCURSIONISMO

Yamile Luguera

Yamile Luguera

Especialista del Centro de Investigaciones Marinas (CIM) | Miembro Ordinario de la Sociedad Espeleológica de Cuba

El sistema Cavernario La Pluma, localizado a 7 kms al noreste del puente de Bacunayagua, una de las 7 maravillas de la ingeniería civil cubana, atesora una serie de cuevas que sirvieron de vivienda temporal a diferentes grupos de aborígenes cubanos.

La cueva insignia de este conjunto de cavernas es muy conocida por excursionistas y espeleólogos de diferentes provincias. Nombrada La Pluma, ha servido hasta hoy de campamento para muchos.

Los primeros pobladores de la Isla dejaron su huella en sus paredes, con bellas pictografías (dibujos en la piedra) en rojo y negro,  algunas de tipo hojiformes, en varias secciones del techo más bajo de la cavidad.

Esta espelunca tiene categoría de Elemento Natural Destacado y alberga gran cantidad de invertebrados, peces ciegos y diferentes especies de murciélagos. Posee uno de los lagos subterráneos más profundos de los conocidos hasta hoy en el occidente cubano. Se aprecia luego de atravesar una larga y estrecha gatera.

Un bello y sencillo sol en rojo adorna y da nombre a la dolina del Sol, lugar, que por su iluminación serviría antaño como posible taller de instrumentos de pesca y caza realizados en piedras de sílex y conchas de gran tamaño.

Para los primeros pobladores cubanos, todo material brindado por la naturaleza era importante y facilitaba la vida cotidiana. Las puntas de flecha y lanzas se hacían de los grandes y fornidos Cobos (Strombus sp), entre otros moluscos.

Luego les servían para pescar desde la superficie, para cazar jutías y guacamayos, entre otros animales que fueron parte de su incipiente dieta.

En otras galerías de esta caverna se ven figuras geométricas marcadas en negro, una interpretación que está aún a nivel de las hipótesis.

Está espelunca se halla muy cerca del camino. El acceso es fácil, no así con otras no menos importantes que forman parte de este sistema, como es el caso de La  Cachimba, bautizada así por investigadores del Gabinete de Arqueología de la Oficina del Historiador de La Habana.

Un grupo de ellos lleva años excavando de forma organizada y responsable en este sitio, dirigidos por Roger Arrazcaeta, director del mencionado centro.

Al principio de las excavaciones, se extrajo una pipa de caolín de sus más tardíos estratos térreos y a este hallazgo debe su nombre la espelunca.

El trabajo de campo realizado durante años en el espacio del umbral, ya ha arrojado resultados. Se sabe por ejemplo que era un sitio habitado temporalmente, por la ubicación dispersa de los fogones de leña en zonas alternas.

De estos, hoy quedan las cenizas y los restos de conchas de moluscos, cocidas en las brasas, además de restos óseos de jutías, gallinuelas y  espinas de varias especies de peces.

Se sabe también que los asentamientos temporales pertenecen a grupos preagroalfareros, por la ausencia de restos de vasijas elaboradas en barro.

Para excavar estos sitios, se prepara el terreno con un sistema de cuadrículas, tejidas con hilos bien estirados y colocados con medidas exactas para la ubicación in situ, de los artefactos encontrados durante la excavación, porque el contexto donde aparecen brinda mayor información que el objeto en sí.

La excavación se lleva a cabo respetando la estratificación natural. Se excava y registra cada capa depositada. Las piezas encontradas, que son de mucha importancia, se registran con un teodolito para mayor exactitud en la ubicación en el terreno.

Las excavaciones minuciosas en el sitio, realizadas y no concluidas aún, develaron restos dentarios muy desgastados por el constante consumo de moluscos y la dureza de su carne. Además aparecieron microcuentas y colgantes realizados en conchas, puntas de flecha, elaboradas al sustraerles con fuertes golpes, lascas finas a gruesos núcleos de sílex, entre otras piedras de alta dureza.

Pero el hallazgo más importante tuvo lugar en el interior de la espelunca, sobre un gran cono de derrumbes que daba acceso al techo de este salón, donde se localizó un mural de petroglifos (dibujos incisos en la piedra), figuras rediformes (en forma de redes), antropomorfas (figuras humanas) zoomorfas (figuras de animales), puntos como imitando estrellas y otros.

Mirar este cielo de dibujos es algo impresionante para cualquier arqueólogo y el saber que fue realizado por nuestros antecesores en la historia, ligado incluso a sus vivencias y creencias, deja un mar de dudas para ser aclaradas en estudios posteriores.  

Otras cuevas del sistema son nombradas: Caguayanes, que ofrece una bella visión de espeleothemas variados y cristalinos, La Cruz, El Panal, El Jagüey, que debe su nombre a un caprichoso ficus que decora con sus raíces toda una pared de la gruta.

Un poco más alejada, está La cueva del Agua, con bellas formaciones de gours (pequeñas fuentes o depósitos de agua) y perlas de cueva. Ya estos espacios no recogen agua como antes, pero queda la magia de estos que antaño se convirtieron en residuarios arqueológicos.

Cercana al camino está también la cueva de Los Murales, nombrada así porque igualmente atesora pictografías de la etapa aborigen.

El equipo de trabajo pertenecía casi en su totalidad al Gabinete de Arqueología de la Oficina del Historiador de La Habana, compuesto por diferentes especialistas, dispuestos a pasar todo un mes en tiendas de campañas, trabajando duro para llevar adelante la investigación, un verdadero equipo multidisciplinario y entusiasta.

Cada una de estas espeluncas brinda refugio a importantes especies cavernícolas, como son murciélagos de diferentes especies, majáes, arácnidos y las bellas golondrinas roqueras, que hacen sus nidos en las oquedades de las paredes cercanas al techo.

Estos poseen acabadas formas de balcones en miniatura, que parecen tejidos por las más exquisitas tejedoras del mundo.

En la época del año menos lluviosa, sobre los meses de enero, febrero y marzo, esta área se cubre de plantas de romerillo, que florecen abundantes, con pequeñas eflorescencias de color amarillo brillante que atraen a gran cantidad de mariposas y abejas.

La visión del área es magnífica y en ella quedan camufladas las entradas de las cuevas, de manera que solo los buenos conocedores de estos intrincados caminos pueden localizarlas en este tiempo.

La geografía cubana se asienta principalmente sobre terreno cársico, es por eso que las cavernas han sido utilizadas en todas las épocas con diferentes fines, convirtiéndose así cada gruta, en parte de nuestra historia y patrimonio natural.

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