LAS MARTINAS. EL MUNDO DEL TABACO

Temprano en la mañana viaje a Pasada de Marín, al parecer el nombre aún cumple su cometido pues sigue siendo un lugar de paso. Sus casas presentan por lo general buen estado constructivo. La agricultura sigue concentrada en la cosecha del tabaco y algunos conucos de subsistencia. Aquí la carretera dejada dos kilómetros atrás en la zona de Babiney se ha perdido con el tiempo. La dirección es oeste ligeramente noroeste, con rumbo a Las Martinas. A los 3,5 km se llega a El Bagá.

Una de las contradicciones aparentes del extremo de Cuba son sus topónimos, según Las Casas los aborígenes de esta región no se entendían con los arahuacos del resto de la isla, sin embargo, ya se han pasado dos topónimos de ese origen, por un lado: Babiney: nombre indígena que aplican en el habla rural de Cuba al lagunato o lodazal que forman en el campo las aguas de lluvia, a diferencia de los que se forman con aguas propias o manantiales llamadas, itabo.

Por otro lado, El Bagá: nombre de un árbol silvestre, común en todos los terrenos cenagosos de la isla, sobre todo en las costas. Su nombre científico es: Annona glabra, de la familia de las anonáceas, cuyo fruto come el ganado, y de las raíces se pueden hacer flotantes para las redes, boyas y tapas, el doctor Valdés Bernal considera que puede ser un préstamo tomado del arahuaco insular.

Cómo se explicaría la existencia de términos en lengua arahuaca en un territorio que en su primera etapa de la conquista estuvo prácticamente aislado de los hechos acaecidos por la conquista española. Se pudiera agregar que el exterminio de los aborígenes encontrados por Las Casas determinó que, al no existir un lenguaje común, no perdurara la primera lengua y se impusiera aquella que fue obligada a acompañar a los conquistadores en sus desmanes por toda Cuba.

En tal sentido la existencia de restos de alfarería en algunos sitios de Guanahacabibes pudiera de cierta forma apoyar esta aseveración; como ejemplo, la propia cueva de La Pintura, muy cerca de estos dos topónimos. Pero aún le queda al autor la duda y quizás nunca pueda aclararla ¿hasta dónde es real el exterminio de los aborígenes del extremo occidental de Cuba?, ¿la demora de la colonización de la Península no les habrá permitido a estos aborígenes, diferentes, escapar de la isla hacia lugares más tranquilos? ¿realmente hablaban una lengua diferente la totalidad de estos primeros habitantes o era solamente algunos grupos nómadas que coyunturalmente encontró la conquista a su paso? muchas pueden ser las respuestas, pero hoy están dentro de la subjetividad informativa que puede arrojar la interpretación y estudios de las limitadas muestras arqueológicas, que casi siempre se han restringido a la búsqueda de los basureros y depósitos de restos de alimentos de estos primeros habitantes, en ausencia de pruebas más convincentes.

El Bagá es realmente un pequeño caserío, donde aún queda mucho en cuanto al tema de la construcción, presenta alrededor de unas 109 casas, de ellas, unas 50 están concentradas. Su altura sobre el nivel medio del mar es de 5 a 10 m. A sólo un kilómetro del lugar hacia el sur se desarrolla el bosque semideciduo que conduce a un farallón costero de 12,5 m de altura, donde finaliza una ligera ensenada en el punto conocido como: El Empate del Paredón. La costa está bordeada por una vereda que penetra tierra adentro en dirección al asiento de Ortega y que nace cerca de la Furnia.

Cinco kilómetros después del Bagá, Las Martinas, por aquí pasó en 1945 el explorador, Miguel A Fleites quien publicó el folleto: “Cabalgando por Guanahacabibes” a su paso por estos parajes escribió:

Atravesamos por el poblado de Las Martinas sobre las 4 p.m. Habíamos salido de Sábalo a las 9:45 a.m., y desde entonces, a no ser un trago de café que pescamos en la casa del botero del Cuyaguateje, no había pasado por nuestra garganta ni agua; así es que nos aplicamos con un apetito hambriento a las vituallas que encontramos en Las Martinas: tasajo en lata, calamares, galletas, cerveza y café. Pero esto, apaciguador de momento, sería martirio de sed más tarde. El poblado es acogedor, abierto, claro, simpático al caminante, y, sobre todo, cuenta con tiendas bien surtidas. No sabemos si obedece al hecho (insólito casi ya) de la venta del tabaco a buen precio, y en cantidad, pero recibimos la impresión de que sus moradores gozan de la alegría que proporciona la abundancia.

Las Martinas junto a Manuel Lazo han sido los pueblos, centros de la comarca. El primero presenta alrededor de 750 casa y unos 3 200 hab. Ubicado en: 21º58´ latitud norte y 84º 09´ longitud oeste. Ocupa un área de 0,05 km2; y está a una altura de los nueve metros sobre el nivel del mar.

En 1932 el capitán Robert Bennett proveniente de Washington visitó la zona de Las Martinas y recogió objetos arqueológicos en poder de los vecinos. El sitio aborigen más cercano descubierto hasta el momento es: cueva del Agua, se encuentra a 4 250 m, al sureste sobre una vereda forestal. Esta espelunca es una gruta pequeña, oscura, con agua en su interior, sin condiciones para ser habitada; fue reportada por Enrique Alonso e Hilario Carmenate en 1980 y clasificada arqueológicamente como un paradero. Lo encontrado en ella fue sobre el camino, al sureste de la cavidad, entre ellos restos de conchas marinas y algo muy significativo varios fragmentos muy pequeños de una vasija de barro de factura primitiva. El sitio se encuentra dentro del bosque semideciduo cársico.

A unos 600 metros de ésta, se encuentra otra cueva conocida desde 1970 en que fue reportada por los mismos autores como cueva Seca-I, espelunca de origen freático donde los elementos vadosos jugaron un papel primordial en la remodelación del antro, de ahí la existencia de varias dolinas. En su interior aparecieron restos de conchas marinas trituradas que fueron parte de la dieta alimentaria de los aborígenes.

El otro sitio donde quedan huellas de los antiguos habitantes del Archipiélago, es la dolina Ojo de Agua ubicada a unos 900 metros de cueva Seca-I, posee en su interior un pequeño lago en forma de herradura con restos del techo original que era la cubierta total de la caverna hoy dolina, dando la impresión de ser varios abrigos rocosos o solapas con acumulación de fragmentos de conchas marinas. Estos sitios arqueológicos están clasificados como de la etapa preagroalfarera o del mesolítico medio.

Estas tierras pertenecían en 1622 a un Realengo que llegó a ser propiedad de Agustín de Soto, fueron de mano en mano hasta que en 1823 Francisco Morales era el dueño del Cayuco-Las Martinas-La Grifa y Cortés. A partir de esta fecha y hasta 1830 distribuyó sus tierras entre tres descendientes de apellidos Morales.

La fundación como pueblo data de 1878 y fue también denominado luego de la guerra de 1895 como Ramón Lazo, en honor del hijo pródigo, patriota local, caído en combate de un mortal balazo en la cabeza, el 7 de febrero de 1897 en una emboscada ubicada en Sitio Arriba. Ese día fue enterrado por su hermano el Tte. coronel Manuel Lazo, al morir contaba 25 años de edad.

 Para finales del siglo XIX ya existía una parroquia erigida desde 1871. El pueblo se funda con el objetivo de dar acogida a los vegueros dispersos y lograr el acopio de la producción, de ahí que se seleccionara un lugar tan céntrico en esta amplia llanura. Sin embargo, el 15 de mayo 1888 es que se inaugura oficialmente la primera parroquia de madera en la fiesta que se le ofrecía a san Isidro, santo patrón con el objetivo de que hiciera llover para tener buena cosecha tabacalera; donde se bailó la danza de Las Mariposas, se probaron dulces tradicionales como el frangollo y el turrón de semillas de marañón, bebiéndose infusiones espirituales. Esta celebración la presidieron el presbítero Joaquín Zurro Bátete, el marqués de la Real Proclamación: Manuel Antón Recio de Morales y Sotolongo y su esposa la marquesa María Antonia Calvo de la Puerta que aún con sus 47 años era reconocida como la “Marquesa Linda”.

El nombre de Las Martinas según un decimista del Carril tiene la leyenda de deberse a tres hermosas sobrinas de una tía llamada Martinas. De cualquier forma, Las Martinas debió existir como poblado o caserío antes de 1878.

Según el Historiador Gerardo Ortega Rodríguez ya a finales de siglo XIX este pueblo tenía cierta relevancia local; fue el centro de gobernación de todo el municipio y aunque su casa de gobierno pasa indistintamente del Cayuco a Las Martinas creando problemas entre la población y los políticos, fue el territorio de mayor desarrollo y el mejor trazado en cuanto al plano urbanístico.

En 1880 se incorpora la enseñanza primaria privada y en 1885 daba clases en su propia casa el maestro Andrés Sear Álvarez. En 1890 vivía en el mismo Josefa Borrego esposa del comandante José Ibarra quien se destacó como poetisa. El 19 de agosto de 1901 se declaran oficialmente los primeros maestros públicos del territorio que fueron Alejandro Soler (Varones) y María Porras (Hembras). En 1904 José Simeón Prieto colaboraba como maestro en las clases de Alejandro y había otra maestra en Las Martinas que era a su vez sobrina de Tranquilino Sandalio de Noda: Doña Leonor de Noda. Ya en 1910 se reconoce oficialmente a José Simeón Prieto como maestro quien desplegó un arduo trabajo educativo con relevantes resultados en la población local.

Durante la II intervención norteamericana 1907 se constituye la Cuban Land Tobacco en la zona del Carril y su laboratorio y oficinas en Las Martinas, se iniciaba así el dominio de la producción tabacalera local y se desplazaba al dominio de los comerciantes españoles del control del ramo, era una sucursal de la existente en San Juan y Martínez. Llegó a tener en propiedad desde Cortés hasta La Jarreta, es decir, unos 180 km2 de las mejores tierras de la localidad, en las que sometían a los vegueros, campesinos y trabajadores con el objetivo del fomento de la producción del tabaco rubio.

Para acrecentar el sufrimiento de las clases más desprotegidas, se funda en 1952, el BANFAIC en Las Martinas. Este banco llevó a que los campesinos y vegueros que aún para esa fecha tuvieran alguna posibilidad de supervivencia se endeudaran y perdieran sus propiedades acrecentando la penuria local.

El 2 de marzo de 1959, Fidel Castro llega a la escogida de la Cuban Land símbolo de la opresión capitalista y entrega a 270 campesinos la propiedad de la tierra que el BANFAIC se había apropiado. Aquí firma los primeros títulos de la reforma agraria, cancelándole las deudas que tenían con este banco explotador, en lo que fue los antecedentes de la Reforma Agraria en Cuba.

Hoy en esta zona se asienta la mayoría del sector campesino del municipio y de las cooperativas de producción tabacaleras; donde se han construido un sistema moderno de secado de la hoja de tabaco denominado, Kalfrisas.

La explotación intensiva del agua del manto freático con altos contenido de sales para el regadío en los períodos secos ha creado en esta zona un área de alta salinización existiendo 20 km2 prácticamente no aptos para la agricultura.

Existen cultivos varios donde la erosión hídrica superficial no constituye un grave problema localizándose en pequeños territorios, pero la erosión eólica sí causa pérdidas fundamentalmente en los suelos de arena de sílice, siendo aquellas donde no existe cobertura vegetal las más afectadas incluyendo las zonas de cultivo del tabaco y los yacimientos en explotación o abandonados. El régimen de viento es diferenciado en velocidad predominando los del este con gran intensidad en esta zona de forma sostenida.

Esto además de la pérdida del suelo en el período seco, que trae un aceleramiento en el proceso de ubalización, es decir la creación de múltiples pequeñas dolinas pequeñas que se van uniendo entre sí varias de ellas gracias a la erosión acelerada de los bordes por los cambios del nivel del agua y la mezcla de aguas lo que la hacen más agresivas, lo cual crea casimbas lobulares y grandes lagunas con la consabida pérdida de suelo fértil.

Tiene, además, como elementos añadidos que el aire contiene abundantes partículas de arena que deterioran el confort de la población residente en el poblado; además de constituir un riesgo para la salud por la agresividad de la arena con altos contenidos silíceos. Hoy con la desaparición de muchas escuelas en el campo y el abandono de áreas que con anterioridad se explotaban con intensidad en el cultivo del cítrico, más la consabida escasez de abonos químicos y la introducción de técnicas agroecológicas en los cultivos va aminorando con lentitud los efectos negativos de la explotación que a lo largo de los últimos 512 años fue sometido estos territorios.

Pero la recuperación es muy lenta e incluso en muchos aspectos irreversibles. No sólo la voluntad política y las buenas intenciones del gobierno revolucionario, pueden resolver los difíciles retos de tantos años de sobreexplotación. Las medidas a tomar para lograr el justo equilibrio entre producir y proteger tienen que pasar necesariamente por un trabajo de concientización de la necesidad de defender lo poco que queda y de proteger para poder disfrutar mañana.

Las próximas generaciones de cubanos a las cuales los abuelos, padres y las actuales generaciones han comprometido seriamente su futuro, tienen el gran reto de reparar los actuales destrozos, de ahí, la importancia de que lento, pero sin pausa ganar en conciencia de aplicar las herramientas del desarrollo sostenible, sustentados en el conocimiento práctico de los resultados negativos por los errores, para ello es necesario no enarbolar la palabra como retórica, sino la acción como necesidad de supervivencia.

De Cuba Pasaje a la Naturaleza.                   

Guanahacabibes XVI