LOS ACUÁTICOS, MITO Y REALIDAD

Fotos: Raudel del Llano

En un lugar algo alejado del centro de Viñales se encuentra el sitio conocido como Los Acuáticos, en terreno elevado, agraciado por una maravillosa vista y el cariño de familias que por tradición curan sus males con agua natural.

Habíamos comenzado la expedición con la visita a una espelunca que por su altura nos regalaba una maravillosa vista, cueva Guevara.

Pasamos todo un día e hicimos campamento en ella, para dormir esa noche al resguardo  de la altura, la oscuridad y la tranquilidad que brinda una caverna como esta.

Ya veníamos con la idea de continuar camino hacia Los Acuáticos, aunque no conocíamos bien su ubicación e historia.

Este sitio, cargado de mitos alrededor de la sanación de enfermedades con el agua natural de los manantiales que bañan la zona, siempre fue una incógnita para mí.

Bajar de Cueva Guevara, nos dio un poco de trabajo, por el difícil acceso que tiene.

Ya nuevamente en la carretera logramos tomar un ómnibus directo a Viñales, teníamos que comprar algo de comida para el segundo objetivo planificado en esta expedición.

Luego de avituallarnos con lo necesario, seguimos camino, pero nos sorprendió la noche esperando algún transporte que nos acercara un poco, de lo contrario, nos esperaba una caminata de más de 5 km.

Cuando comenzó a hacerse un poco más fría la noche, decidimos seguir camino a pie y entre risas, anécdotas, fotos y alguna parada de vez en cuando para descansar de las pesadas mochilas.

Caminamos casi todo el tiempo con una oscuridad total, que solo se iluminaba con el reflejo de los faroles de algún auto que pasaba ocasionalmente por la carretera y nos ignoraba.

Cuando abandonamos la vía para buscar el camino que subía hasta la casa de Sofía Domínguez, Antonio Rodríguez y Tomás Pérez (El Isleño), tuvimos que sacar los frontales para iluminarnos, porque la oscuridad del campo sí era total.

La subida no fue larga, pero el sendero se mostraba accidentado y empinado, además ya veníamos arrastrando el cansancio desde la cueva que habíamos visitado antes.

Llegamos por fin a la sencilla y acogedora  casita de madera donde haríamos campamento, en compañía de los descendientes de Antonia Izquierdo (Antoñica), celosos cuidadores de la tradición de curar enfermedades con agua de manantial.

Soltamos las mochilas y llamamos a la puerta. Ya estaban dormidos todos los moradores de la vivienda, pero no dudaron en salir, buscar con qué alumbrarnos y sentarse a conversar con nosotros.

Sofía nos calentó algo de comida que nos revitalizó y entre chistes y anécdotas, armamos las tiendas de campaña, casi con la lluvia encima y a dormir, hasta el alba del siguiente día.

El amanecer fue muy bonito, la altura de la ladera donde se sitúa el bohío permitía observar una impresionante vista del valle de Viñales con todos sus magnánimos mogotes y sierras.

En la mañana, Tomás el Isleño se toma 9 buches de agua “con la gracia de Dios y la Virgen para mejorar su salud”, que a su avanzada edad estaba muy bien. 

En ese momento entre él y Sofía nos contaron la historia, de Antoñica, que comenzó a curar en el año 1933. Ella vivía en un lugar conocido como Cayos de San Felipe en la provincia de Pinar del Río.

Tenía 7 hijos, y el más pequeño se enfermó de meningitis. Cuenta la historia que le pidió desesperadamente a Dios que curara a su hijo. En ese momento oyó una voz que le dijo que ella contaba con un don para curar con agua y eso hizo con su pequeño hijo.

Su hijo es hoy un hombre fuerte y saludable, se llama Eugenio Valdés y aún vive.

Desde ese instante ella se convirtió en una curadora de cualquier mal y enfermedad, y muchas personas iban a verla. Sanaba el mal, cualquiera que fuera.

Esto provocó el temor y la incertidumbre de algunos médicos, que perdieron pacientes y decidieron tomar cartas en el asunto en contra de esta sanadora, que tantos adeptos había alcanzado en poco tiempo, gracias a su Don.

Corría el año 1945 y el Gobierno vigente era el de Fulgencio Batista. Estos médicos lograron diagnosticar locura en la persona de Antoñica, le celebraron un juicio en el que se dictaminó este mal y la encerraron en un hospital siquiátrico.

Un tiempo después ella murió, se dice que la mataron con inyecciones, pero antes que esto sucediera, quizás producto de algún presentimiento, ella dijo:  “Vine yo y no vendrá más nadie” y hasta hoy no se conoce de otra persona que cuente con la gracia de curar con rezos y el preciado líquido.

Hay una novela que cuenta la historia de la vida de  Antonia Izquierdo: se nombra La Virgen de los Cayos, de Fidel Valverde y también un largometraje basado en esta novela.

Hoy quedan sus descendientes, como Sofía y el Isleño y otros que no conocimos. En  la comunidad quedan pocas familias que conocen la historia y continúan su tradición de curarse ellos mismos con este método.

Tanto por medio de baños, al menos tres veces en el día durante 5 jornadas, o tomándose el agua en sorbos impares, y siempre con mucha fe en Dios y en Antoñica. Ellos curan así todas sus enfermedades y molestias.

Llega mucha gente a diario a esta comunidad para conocer su historia y a sus bondadosos y siempre dispuestos pobladores.

Nosotros llegamos hasta ellos con esta misma curiosidad de conocimiento y estuvimos todo un día compartiendo con ellos, probamos la vianda de su sembrado de yuca y les brindamos nuestra comida de expedición, espaguetis.

Entablamos una buena amistad y nos despedimos con la promesa de volver a este lugar lleno de historia, leyendas y tradiciones bien arraigadas, que lo hacen mágico y acogedor.

Así lo hemos hecho desde entonces, y ellos siempre nos reciben con el mismo cariño, calidez y alegría.