LOS MOGOTES DE LA SIERRA DE LOS ÓRGANOS, PINAR DEL RÍO: SU ORIGEN, DESARROLLO Y DESAPARICIÓN

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Los mogotes de Pinar del Río son una maravilla hecha montaña, una quimera convertida en roca.

El término “mogote” surgió en Cuba para designar una elevación en roca caliza, de cima más o menos redondeada, con paredes esencialmente verticales, muy comunes en el Valle de Viñales y después se ha aplicado en otras partes del mundo.

Montañas calizas de paredes verticales se conocen en otras regiones: de Cuba (Alturas de Tapaste, el Pan de Matanzas, el Pan de Guajaibón). República Dominicana: Los Haitises y Puerto Rico, serranías del Norte y han sido llamadas mogotes, pero no son comparables a los de Viñales, ni por su origen ni por su forma.

Elevaciones como éstas existen en muy pocas partes del mundo, y las que más se le asemejan están en China (Huey Ling), Viet Nam (Hi Fong) y Tailandia. Los investigadores que estudian el relieve de las calizas le llaman carst cónico, o carst de torres (en inglés tower karst) a las elevaciones de calizas con paredes más o menos verticales y cimas redondeadas.

La Sierra de los Órganos, en el occidente de Cuba, recibe este nombre pues desde el mar, mirando al sur, los empinados mogotes parecen los tubos de un órgano de piedra. Los mogotes de la Sierra de los Órganos no son solo exuberantes por su forma, sino también por el alto endemismo de las plantas y animales que viven en ellos, y sobre todo, por su origen.

Los mogotes de la Sierra de los Órganos presentan muchas variaciones en su forma. Algunos aparecen aislados, pero como regla, forman cadenas o sierras. Vistos desde un avión o helicóptero, la cima de los mogotes presenta varios morros, separados por profundas hendiduras o por valles intramontanos de perímetro circular, que los campesinos llaman hoyos de montaña.

Estos “hoyos” se asemejan a los agujeros azules (blue holes) y casimbas, con la particularidad de que están secos y localizados a gran altura. Los hoyos de montaña se formaron debido al desplome del techo de cavernas, tal como se forman las casimbas y agujeros azules.

Hay mogotes que de perfil parecen elefantes, otros se asemejan a las pirámides mayas, y muchos tienen figuras caprichosas que los lugareños han bautizado haciendo uso de su imaginería (la muela de la vieja, pico alto…). Los mogotes aparentan ser enormes moles de dura roca caliza, sin embargo, nada más alejado de la realidad. Lo cierto es que en su interior se encuentran varios niveles superpuestos de cavernas horizontales unidos por cuevas verticales, con salones que alcanzan la centena de metros de diámetro y altura. En otras palabras, los mogotes son como un cascarón con inmensos vacíos en su interior.

Las rocas
Los mogotes de Pinar del Río están compuestos por rocas calizas negras y grises, carentes de porosidad; que pertenecen a la era Mesozoica, de edad Jurásico Superior hasta el Cretácico Superior (161 a 65 millones de años). En estas rocas está preservada la historia de la formación del Mar Caribe, y contienen los restos fósiles de animales y plantas que lo poblaban hasta hace 65 millones de años. Aquellos eran animales marinos (reptiles gigantes, peces e invertebrados), así como restos de plantas y animales terrestres (dinosaurios y pterosaurios), todos extintos hoy.

Aspecto de las rocas que forman los mogotes

En particular las rocas calizas que forman los mogotes se destacan por estar compuestas por capas superpuestas (estratos), cada una de pocos centímetros, que sumadas forman series que alcanzan más de mil metros de espesor. En esta serie estratificada se intercala un horizonte de casi 600 metros de espesor de calizas no estratificadas, masivas, que los geólogos denominan miembro San Vicente de la Formación Guasasa.

La presencia de calizas estratificadas y masivas en la composición de las rocas formadoras de los mogotes determina la existencia de las paredes verticales, que se forman allí donde están las calizas masivas. En algunos casos las paredes verticales coinciden con fallas y pueden aparecer incluso cuando las calizas están bien estratificadas.

En la Sierra de Rosario las elevaciones también se componen de calizas, pero todas estas rocas están bien estratificadas. Por eso no son comunes las laderas verticales y se forman principalmente lomas de tipocuchillas”, con agudas cimas alargadas y laderas suavemente inclinadas. Otras elevaciones de tipo “mogote” de Cuba, como el pan de Guajaibón y el pan de Matanzas, también están formados por calizas masivas.

Los movimientos del terreno
Una premisa importante para la formación de los mogotes son los movimientos de levantamiento secular del terreno, que con el transcurso del tiempo han dado lugar a la formación de las montañas de la Cordillera de Guaniguanico. Estos movimientos también generan fallas y fracturas que dividen todo el macizo rocoso en bloques distintamente levantados, donde la acción de la erosión ha conformado valles y delimitado serranías.

Si no se levantara el terreno, no habría montañas, ni estuvieran presentes con mayor intensidad los procesos provocados por la acción de la atracción de la gravedad (derrumbes y deslizamientos). Los movimientos ascendentes del terreno también juegan un papel trascendental en la formación de cavernas en la Sierra de los Órganos, lo que añade singularidad a dichos mogotes.

La formación de los mogotes
La formación de los mogotes es el resultado de dos conjuntos de procesos: internos y externos. Los internos ocurren dentro de los macizos de rocas calizas, incluyendo la disolución de las rocas, la erosión y los desplomes de cavernas. Los externos afectan la superficie exterior de las zonas montañosas, e incluyen erosión, corrosión, derrumbes y deslizamientos. Los procesos internos corroen las montañas abriendo oquedades en su interior, mientras que los procesos externos reducen las dimensiones de las elevaciones al desprenderse porciones de sus laderas. Veamos estos procesos en mayor detalle.

Los derrumbes y deslizamientos
La delimitación de los mogotes como elevaciones de paredes verticales está determinada por derrumbes y deslizamientos combinados. En todas las montañas tienen lugar tales procesos, que contribuyen a disminuir su altura y reducir sus dimensiones en general. Sin embargo, en el caso de las montañas compuestas por rocas calizas, a los procesos de erosión superficial se añaden los procesos de disolución de las rocas por las aguas, que en general aumentan la amplitud de las grietas y facilitan los derrumbes y deslizamientos.

Pero como en las montañas de la Sierra de los Órganos se encuentran calizas masivas, estas facilitan la ocurrencia de derrumbes de grandes bloques que conducen al desmantelamiento continuado de las paredes de los mogotes. En otras palabras, los derrumbes de grandes bloques y los deslizamientos disminuyen el perímetro de los mogotes, de manera que las paredes actuales muestran secciones del interior de estos macizos.

En la base de las paredes de los mogotes se encuentran a menudo acumulaciones de fragmentos rocosos, provenientes de los derrumbes y deslizamientos de las laderas.

Estos bloques pueden alcanzar desde pocos centímetros hasta varias decenas de metros. Si no existieran secciones de calizas masivas en la Sierra de los Órganos, no se formarían mogotes y las elevaciones tendrían pendientes con un ángulo suave, como en la Sierra del Rosario.

Los procesos de disolución
Uno de los procesos transformadores de los mogotes es la disolución de las rocas calizas por las aguas naturales, tanto las que ingresan a la sierra por los ríos, como las que provienen de las lluvias.

Cada vez que llueve, el agua se carga de CO y otros elementos orgánicos, tanto al pasar por la atmósfera como cuando atraviesan el suelo, y estos elementos químicos se combinan para formar ácidos orgánicos. Estos ácidos dan lugar a la disolución de las rocas, tanto en la superficie externa del mogote, como de su interior.

Una característica típica de los mogotes de la Sierra de los Órganos, que los diferencia de los “mogotes” en otras regiones, tiene que ver con las cavernas que presentan en su interior. Estas cavernas se han ido formando por la acción combinada de los ríos, el levantamiento del terreno, y las aguas de lluvia. Las complejas interacciones entre estos factores es lo que ha provocado el desarrollo de intrincados sistemas de conductos y cavidades subterráneas, distintamente comunicadas con el exterior. Veamos estos factores por pasos.

La disolución superficial
La acción de las aguas sobre la superficie externa de las calizas genera una serie de texturas que pueden observarse bien en los mogotes. Cuando el agua corroe las superficies inclinadas de las paredes de los mogotes va creando acanaladuras muy características que se denominan “karren”. Cuando procedente de las lluvias o desde las hojas de los árboles, las gotas de agua caen directamente sobre la superficie desnuda de la caliza, entonces se forman pequeñas oquedades verticales, como copas, separadas por pequeñas protuberancias y crestas afiladas.

Estas “copas” pueden tener desde pocos milímetros hasta varios centímetros de profundidad. También se pueden formar amplias piscinas con su fondo totalmente horizontal, que se llenan de agua sólo después de las lluvias. Estos procesos de disolución, cuando actúan en rocas con abundantes fracturas verticales, llegan a generar agujas de calizas que alcanzan varios metros de altura, sobre cuya superficie se encuentran las acanaladuras y copas antes mencionadas.

Las aguas corrosivas de lluvia también se filtran por las grietas y planos de estratificación de las calizas y así se infiltran hacia el interior de los mogotes. En su descenso estas aguas generan importantes procesos de corrosión vertical que amplían las grietas y forman cavernas verticales o fuertemente inclinadas. Esta corrosión conduce además a la ampliación hacia arriba (disolución invertida), de las oquedades subterráneas ya existentes, proceso que últimamente provoca derrumbes en el interior de las cuevas que llegan a crear aberturas hacia el exterior (claraboyas). Cuando estos derrumbes tienen lugar en grandes cavernas cercanas a la cima de los mogotes, pueden formarse los llamados “hoyos de montaña”, que se asemejan por su forma a las casimbas y agujeros azules.

La disolución horizontal
La Sierra de los Órganos está limitada al norte y al sur por las alturas de pizarra, donde las rocas son poco permeables. En estas condiciones, las precipitaciones que ocurren sobre dichas alturas determinan un intenso drenaje superficial que alimenta –desde el norte y desde el sur– a las elevaciones de roca caliza que forman la Sierra de los Órganos. Estas aguas se resuelven en un extenso sistema fluvial que alimenta al río Cuyaguateje, el cual desemboca en el mar Caribe.

A diferencia de las alturas de pizarra, donde los ríos forman valles amplios y profundos, en las alturas de caliza la mayoría de las corrientes superficiales se hunden en el interior de las montañas, determinando la formación de ríos subterráneos. Éstos atraviesan completamente las serranías, de modo que por un lado de la sierra entra un río o arroyo que, al otro lado, puede brotar como uno o varios arroyos, ya que en el interior de las montañas se forma un sistema de cavernas en ocasiones bastante complejo.

En las regiones donde no hay rocas calizas, como en las alturas de pizarras, al levantarse el terreno los cauces se van profundizando sin cambiar su curso. Sin embargo, en la Sierra de los Órganos, donde los ríos abren sus caminos subterráneos a lo largo de fracturas, al levantarse el terreno, generalmente las aguas empiezan a infiltrarse por nuevas grietas que, al ampliarse por disolución y erosión combinadas, se transforman en cauces subterráneos distintos.

De esta manera se desarrollan sucesivos sistemas de cauces subterráneos superpuestos, los más altos ya secos, el más bajo, inundado. Con el tiempo, el proceso de levantamiento de las montañas de la Sierra de los Órganos ha generado hasta cinco niveles superpuestos de cauces subterráneos.

Los cauces que están activos, situados al nivel de los valles, generalmente tienen sus paredes lisas y escasas acumulaciones cristalinas (estalactitas y formaciones parietales). Los cauces intermedios, ya secos, situados por encima del anterior, se van rellenando de formaciones cristalinas (estalactitas, estalagmitas y formaciones parietales) que reducen el espacio vacío cavernario.

En contraste, los cauces más altos, que además son los más antiguos, presentan grandes acumulaciones de formaciones cristalinas y numerosos desplomes, que eventualmente pueden comunicar uno o dos niveles de cavernas horizontales. Con el tiempo la disolución vertical y los desplomes llegan a abrir las cavernas al exterior, formando los hoyos de montaña.

Los mogotes como entes vivos
Los procesos de erosión, disolución y desplome que ocurren en el interior de los mogotes, unidos a los procesos de erosión, disolución, derrumbes y deslizamientos que ocurren en sus superficies externas, pueden reducir los mogotes a simples apilamientos de bloques y, últimamente, a fragmentos de rocas mezclados con el suelo rojo de los valles.

Así los mogotes se comportan como un ente vivo, que tiene su origen, desarrollo y desaparición. El Stonehench Viñalero, viene a ser como un modelo del proceso final del desmantelamiento y desaparición total de los mogotes.

Los endémicos
Un momento interesante del desarrollo de la Sierra de los Órganos tuvo lugar hace unos 6 000 a 10 000 años atrás, cuando los valles que separan los mogotes se inundaron. Las marcas dejadas por esta inundación se ven como muescas en las paredes de los mogotes, muescas formadas por la superficie estable del agua de los lagos que entonces ocuparon el interior de los valles actuales. Esto significa que hace unos pocos miles de años atrás estos mogotes eran como islas en una extensa laguna interior que hoy en día son los fondos de los valles.

Esta geografía determinó el desarrollo de endémicos locales, tanto de la flora como de la fauna. Esto forma parte de la historia de los mogotes, pues eventos de inundación como aquel, se repitieron en varias ocasiones en el pasado más remoto, probablemente coincidiendo con el deshielo de los glaciales polares.

Manuel A. Iturralde-Vinent

Manuel A. Iturralde-Vinent

Académico de Mérito, Academia de Ciencias de Cuba; Miembro Fundador del Grupo Espeleológico Martel de Cuba.