LOS PECES CIEGOS DE LAS CUEVAS CUBANAS

Fotos: Ramsel Arencibia y Raudel del Llano

En Cuba, paraíso de las Antillas, la fauna es variada y noble, no habitan animales peligrosos, venenosos, ni de gran tamaño, sin embargo hay especies muy interesantes, como el ejemplo de los peces ciegos de las cavernas.

Cuba es un archipiélago donde el 67% es terreno cársico. Presenta un alto grado de endemismo. Algunos pocos ejemplos son los guajacones, del género Gambusia, el antiquísimo manjuarí, habitante de la Ciénaga de Zapata, entre las aves, el tocororo, la gallinuela de Santo Tomás y el zunzuncito, tres joyas de la avifauna cubana. Entre los mamíferos el almiquí, los murciélagos y las jutías. Estos solo son parte de una larga lista.

Existen además especies muy singulares, desconocidas para muchos, como es el caso de los peces ciegos y despigmentados, que habitan las espeluncas, ríos subterráneos o lagos permanentes, acompañados a veces de camarones ciegos.

Estos habitan también en otros países del continente americano. En México por ejemplo, resguardados en sus profundos cenotes, pero son especies diferentes a las cubanas. También se localizan en África y Australia.

La primera vez que vi uno de estos, fue a los 10 años, en casa de un amigo piscicultor y me llamó mucho la atención que no tuvieran ojos. Cuando me adentré en el mundo de la espeleología pude disfrutar y observarlos en su ambiente natural, donde me parecieron pequeños y llamativos fantasmitas blancos en las tranquilas aguas subterráneas de la caverna Santa Catalina, en Matanzas.

Santa Catalina

Los peces ciegos de Cuba pertenecen al género Lucifuga, cuyos representantes habitan también en Bahamas y Galápagos. El nombre de Lucifuga fue dado por Felipe Poey en 1858, y significa que son animales que huyen de la luz.

Pero en Cuba, el primer naturalista en interesarse por ellos fue Tranquilino Sandalio de Noda, quien los descubrió en 1831 en la cueva de Cajío, Güira de Melena. No obstante a la importancia de su descubrimiento, Noda lo silenció durante 27 años, y solo en 1858 se lo comunicó a Felipe Poey en una extensa carta descriptiva.

El sabio cubano ya conocía de su existencia y había estudiado detalladamente su morfología. Ese mismo año Poey publicaría los resultados por él obtenidos, creando el nuevo género Lucifuga, que abarcaría dos especies conocidas: Lucifuga subterraneus y Lucifuga dentatus.

El Lucifuga proviene de otro pez que antaño tenía vista, la cual se atrofió, al no ejercerla en la oscuridad del medio que habitaba. Esos peces de origen marino, invadieron las cuevas en un momento en que estuvieron en comunicación directa con el mar y al emerger, quedaron atrapados en las mismas, separándose de su medio natural.

Sin embargo, sobrevivieron en las cuevas, donde se adaptaron a una nueva vida en aguas dulces, lo que consiguieron gracias al alto contenido de Calcio en las mismas. Es por esta razón, que su distribución geográfica está relacionada con cuevas, cuyas entradas se encuentran a poca altura sobre el nivel del mar.

Habitan entre Pinar del Río y Matanzas y solo están representados por cuatro especies, que ocupan un reporte de un poco más de una treintena de cavidades entre ellas: cuevas del Colmenar, del Negro y de la Ceiba (ambas nuevo reporte de localidad por expedición del Comité Espeleológico Provincial de Pinar del Río, todas en Guanahacabibes.

Cueva del Negro

En las cuevas: Paredones, Diamante, Emilio, Modesta, Astón, en y cerca de Cañas, San Isidro, La Tranquilidad; en Las Frías, Juanelo Piedra, Jaiguán, en Cajío; del Bejuco provincia Artemisa; y Quitapesares, provincia Mayabeque.

El Grupo Espeleológico de la Filial Universitaria en Jagüey Grande, descubrió la presencia de la especie Stygicola dentatus en cuevas de Varadero y Jagüey Grande. Así como ya estaban reportadas especies en las cuevas de Santa Catalina, Pluma, Grieta de punta de Guana, entre otras.

Descripción

La aleta dorsal se extiende hasta la cola, son de color blanco violáceo, cubierto de una capa gelatinosa, donde las escamas son casi imperceptibles, y sin la presencia de ojos.

Actualmente se considera a los peces ciegos, integrantes de un grupo que ha sufrido convergencia de caracteres durante su adaptación al medio cavernícola. Esta adaptación conlleva la atrofia de los ojos hasta su total degeneración, característica que a su vez implica un marcado desarrollo paralelo en órganos táctiles y olfato-sensoriales.

En estos diminutos animales, se pone de manifiesto la ley natural de que, “órgano que no se ejercita, se atrofia o llega a desaparecer” y también que la función crea el órgano, pues estos tienen muy desarrollado el sentido del tacto.

La reproducción

Los peces ciegos son animales vivíparos, o sea que paren a sus hijos vivos. Algunos tienen modificaciones y forman una especie de placenta, que no guarda relación alguna con los mamíferos. La hembra incuba varios embriones, pero solo permite que se desarrolle uno. De esta forma, limita el crecimiento de la familia, lo cual es importante en este tipo de ecosistemas, donde el alimento es escaso. Esto causa un muy bajo índice poblacional, lo que los hace muy vulnerables. Algunos están señalados en el Libro Rojo de algunos países.

Características biológicas

El pequeño cuerpo es prolongado, comprimido en su parte posterior y está cubierto de escamas blandas, pequeñas, circulares, estriadas e inermes. Presenta la abertura branquial hendida, aproximadamente hasta la sínfisis de la mandíbula inferior y tiene siete radios branquióstegos.

Alimentación

Poey encontró en el estómago de un ejemplar, la pata de un crustáceo, y más adelante señaló que viven de rapiña. Nalbant, otro importante conocedor de la materia, encontró en estómagos de otra especie, restos de camarones.

Estudios recientes demuestran que la Lucifuga puede ser clasificada como carnívora, pues se alimenta, fundamentalmente de pequeños organismos, aunque no desaprovechan la oportunidad de capturar cuerpos más grandes.

Conservación y cuidado

Todo ambiente subterráneo es muy sensible, más aun tratándose del manto acuífero. La intensa actividad agropecuaria, con sus fertilizantes y pesticidas, altera la calidad del agua al contaminarlas y alterarles el pH. Los cambios de pH alteran la disolución de las rocas cársicas, aumentando las concentraciones de CO2 atmosférico sobre la superficie de los lagos subterráneos y en consecuencia, una disminución del oxígeno disuelto en el agua.

También las actividades turísticas en cavidades, incluyendo el espelobuceo, perturban el tranquilo ambiente donde viven estos peces. La explotación del manto freático, así como directamente el uso de cuevas para riegos agrícolas y para el consumo, alteran los niveles del agua bajo tierra y disminuyen las poblaciones de estas especies.

Más y más espacios tomados a la naturaleza

Cayo Coco

Un nuevo hallazgo se materializó en una pequeña caverna de la localidad de Cayo Coco, Ciego de Ávila, en una zona donde se realizaron movimientos de tierra para la construcción de una zona hotelera (Flamenco I y II). La cavidad es una pequeña gruta de unos 10 m de diámetro por unos 4 m de profundidad. El agua salobre varía en profundidad entre 1,10 y 1,70 m.

En el primer viaje que se realizó al lugar, fueron avistados 7 ejemplares de Lucifuga spp., mientras que en el segundo solamente 2. Esto se debe a que un inadecuado manejo ambiental de la zona, no tomó en cuenta la importancia bioespeleológica de las pequeñas grutas del sitio y esta fue rellenada para pavimentar el área.

Los peces del género Lucifuga constituyen una joya del ecosistema cavernícola, merecen entonces, toda la atención posible para su preservación. Los usos con diferentes fines, de las áreas donde habitan, los pueden poner en peligro, e incluso contribuir a su decline o desaparición.

Artículos que anteceden

Hace algunos años, la revista Mar y Pesca había lanzado un reto a los biólogos, refiriéndose a los peces ciegos que habían reportado Noda y Poey 120 años atrás. En el artículo de Jesús Abascal, titulado “Los peces ciegos de Cuba”, se preguntaba lo siguiente:

(…) “sabemos positivamente que los peces ciegos siguen poblando las aguas de muchas cavernas de las regiones más occidentales de Cuba, pero…¿En cuales? ¿Podría algún joven espeleólogo –o viejo, con todo respeto– ofrecernos esa información y enriquecer así el tema que nos ocupa? Invitamos cordialmente a los investigadores que trabajan en estas apasionantes tareas, a fin de recabar de ellos una relación que seguramente resultaría muy interesante. Las páginas de “Mar y Pesca” quedan abiertas, pues, con ese propósito. Y nuestros lectores más curiosos agradecerán, sin duda alguna, más noticias sobre los peces ciegos de Cuba” (…).

Esto, quedó plasmado en la mente de biólogos y espeleólogos, que se lanzaron en su búsqueda y estudio para bien de la ciencia cubana.

Una fría mañana de febrero de 1978, un estudiante de biología colectó uno, en las tierras de lo que fuera el antiguo ingenio La Morenita en Güira de Melena, exacatmente en una cueva ya descrita anteriormente por Poey y bautizada por el estudioso como cueva de Noda.

En el mencionado año, de la facultad de biología le respondieron a la revista que “Sí”, “los peces ciegos aún seguían viviendo en la localidad original donde los reportó Noda al igual que en otras cavernas de  Pinar del Río, Habana y Matanzas”.

Datos aportados por:

Este artículo cuenta con datos tomados de trabajos realizados por varios de los estudiosos o interesados en la conservación de este tesoro de nuestras cuevas, ellos son: Rafael Cardet Sánchez, Pedro Suárez Rojo y Pedro A. Díaz, Félix Jonathan Pereira Miller, Leandro González Pérez.

Gracias a biólogos y espeleólogos que cada día se dedican a estudiar el ecosistema cavernícola, que tanto lo necesita.