LOS SECRETOS DE EL VALLE DE SAN JUAN

Un valle en Guanahacabibes

Desde El Vallecito entramos al Valle de San Juan. El título de valle en Guanahacabibes, adquiere una connotación diferente respecto a los valles intramontanos de la Cordillera de Guaniguanico.

Valle significa espacio abierto en el bosque tupido. Por sus dimensiones es mayor que el término Tumba. Hubo una época, antes de 1902, que desde Remates de Guane hacia el sur todo era bosque cerrado de grandes árboles.

Existía un camino estrecho casi un trillo a tramos, que llevaba a pequeños asientos compuestos por miserables casuchas de hojas de palma o maderas por lo regular de hacheros y carboneros.

Ambos limpiaban un espacio cerca de dónde trabajaban, y la familia se establecía en el lugar y poco a poco se le agregaban otras personas. Así surgió El Vallecito, Valle San Juan y La Jaula.

Estos tres asientos cuyos orígenes están perdidos en el tiempo, se conoce que durante la guerra de 1895 existían. Aparecen descritos en los diarios de operaciones en campañas de ambos bandos.

Valle de San Juan

En el Valle de San Juan es posible encontrar una pequeña población asentada por desgracia sobre un gran sitio arqueológico aborigen de primera magnitud. Mark Raymond Harrington lo visitó en 1915, aún existían dos grandes lometones de evidencias arqueológicas; uno ubicado al norte y el otro al sur en la Laguna del Valle. El segundo que era el mayor, donde hoy se encuentra el poblado. La filiación de este sitio es preagroalfarero, o mesolítico medio.

La razón principal por qué comenzó ese asiento, está dada por la presencia de tierra arqueológica abundante. Ello facilitaba hacer los hornos de carbón. Con los carboneros llegaron sus habitantes. Una vez que el plante se fue abriendo y despejando de árboles, el sitio fue poblado. Ello lo convirtió en un punto de expansión hacia el interior de la Península.

Esta fue la primera mercedación de Guanahacabibes, con el nombre de corral de San Juan, entregada a Juan Alonso Bazán, el 1 de mayo de 1587. En este sitio, se ubicó la prefectura y campamento mambí de Manuel Lazo, máximo caudillo mambí durante las acciones bélicas de la guerra de 1895, en la región.

La Laguna del Valle de San Juan

El ya mencionado recorrido de Miguel A. Fleites, a caballo en 1945, pasó a su regreso del Cabo de San Antonio por esta laguna, conocida entonces como “laguna sin Fondo o del cráter”, sobre este sitio escribió:

[…] Allí está esa célebre lagunilla; no tendrá más de dos hectáreas de extensión. Debe su nombre, según nos afirmaron en el lugar, a que la sonda ha llegado a cuarenta brazas y no se ha tocado el fondo.

Esto es un alarde típico de los campesinos locales, porque en números redondos, nunca esa laguna tuvo 67m. Tres años después, Daniel Fernández Pedrera escribió:

[…] Allí se encuentra la laguna del Valle […], que causa la admiración de todos los que la ven. Su tamaño para la profundidad que tiene sus 33 varas de profundidad. El anciano Lino Borrego nos contó que había echado en esa laguna un carretón por tener las ruedas, rayos, camones, y cama del mismo muy resecas, y que necesitaba hincharse, por ser de maderas y para poder ser utilizado. El caso resultó como “el remedio, peor que la enfermedad”. Pues el carretón, dada la gran profundidad de la laguna, se perdió para siempre en la misma.

En 1968 el Dr. Antonio Núñez Jiménez en su folleto: “Expedición a la Península de Guanahacabibes”, Serie Pinar del Río, no. 21, editorial Academia, en el año de 1968. dio a conocer sus exploraciones en tan paradisíaco lugar.

En él expone que la laguna se abre en roca caliza, que su agua era dulce y ellos le midieron 25 m de profundidad y 110 m de diámetro, siendo su origen producto al hundimiento del techo de una espelunca.

El Buceo

El 15 de agosto de 1988 visité una vez más este sitio, en composición del primer Grupo de Actividades Subacuáticas de Pinar del Río. Mi instructor de buceo era entonces un joven buzo muy profesional, Pedro Luis Dorta.

Durante este viaje publicamos de conjunto en el periódico Guerrillero el artículo “¿Conoce la Laguna del Valle de San Juan?”, domingo 28 de agosto de ese mismo año. En esa ocasión, el objetivo era desentrañar las leyendas que habíamos de esta casimba.

Algunas referían la existencia de una “Madre de Agua”, vista por varios campesinos, entre ellos, nuestro anfitrión Cornelio Báez, trabajador forestal en la zona. Otra historia eran unos famoso remolinos que arrastraban hacia las profundidades todo cuanto haya en la superficie.

Este sitio siempre ha sido objeto de especulación de su comunicación directa a través de una galería o grieta con el mar. Esto, a pesar de que no se ha podido traspasar algunas galerías laterales, por su estrechez, no ha sido demostrado.

Se cargó una rastra de equipos de buceo y material de campaña, decidimos poner a prueba el primer y hasta hoy, único grupo de actividades subacuáticas con carácter subterráneo que ha poseído nuestra provincia.

El 70 % de la laguna presenta oquedades en la roca a lo largo de sus paredes que oscilan entre los 3 y 6 m de longitud. Estos abrigos rocosos están ubicados entre los 3 y los 10 m de profundidad, dejando bien establecido los niveles de formación de la espelunca.

Una de estas galerías fue espeleo-buceada por Pedro Luis Dorta y el autor. Logramos avanzar con gran trabajo alrededor de unos 30 m, pero la dejamos en incógnita producto a lo difícil de su avance. A partir de los 10 m las paredes caen en una pendiente llena de sedimentos. Los que van reduciendo la visibilidad, a medida que es menos potente la penetración de los rayos solares.

Para poder llegar a los 24 m de profundidad es necesario auxiliarse de las luces artificiales. El fondo presenta una gruesa capa de sedimentos provenientes de la disolución “in situ” de la roca caliza, mezclados con los arrastres terrígenos, provenientes del exterior del sitio arqueológico, de ahí que esa materia orgánica le aporta el color de su superficie.

El Dr. Antonio Núñez Jiménez reportó una profundidad de 25 m en 1968, mientras nosotros pudimos medir un metro menos. Esto pudiera estar determinado por los arrastres pluviales hacia este reservorio dulceacuícola, como pudimos comprobar a raíz de fuertes lluvias que creaban surcos de erosión a su paso. Es decir, en 20 años de diferencia, pudiera haber existido esta gran acumulación.

Primera Excavación subacuática aborigen en Cuba

Ante estas razones, con la desaparición acelerada del sitio arqueológico se concluye que el mismo se encontraba redepositado en el fondo del lago. por lo que nos atrevimos a efectuar, la que quizás fuese la pionera de las excavaciones arqueológicas sub-acuáticas de nuestro país, al menos para un sitio aborigen en agua dulce.

A poco de comenzar esta faena fuimos recompensados con la aparición de una hermosa gubia de Strombus gigas. En una terraza a 4 m de profundidad encontramos varias cuentas de un posible collar aborigen, con tamaño entre 2 mm y 5 mm.

Se encontraron restos de otra gubia y de taller de moluscos. Fragmentos de vasijas y un majador de caliza. El último día de trabajo subacuático, encontramos fragmentos de una vasija de barro muy semejante a los clásicos calderos de tres patas, utilizados durante la colonia.

Las jornadas fueron intensas a razón de tres inmersiones diarias, pero como compensación comprobamos los altos valores de esta localidad.

Pueblo Acogedor

Daniel Fernández Pedrera comentó acerca de los seres humanos que vivían alrededor de esta casimba: “Los habitantes de este “VALLE DE SAN JUAN” son sumamente complacientes y atentos con los visitantes; se exageran en atenciones y en obsequiarlos con todo lo que tienen […]”

Cuarenta años después, encontramos estas mismas atenciones en el lugar. Las familias fueron muy serviciales con nosotros. Es necesario tenerse en cuenta que sus condiciones de subsistencia eran bastante precarias, en comparación con el nivel de vida del resto de Cuba.

Nos ofrecieron de muy buena voluntad a compartir: jutía ahumada, la vianda salcochada, magro alimento sí, pero que para nosotros representó una lección de que la humildad y la grandeza, van juntas.

Gracias a la familia de Mario Piñeiro Carmona y de Cornelio Báez, a sus esposas hijos e hijas, quienes nos acogieron como al viejo amigo que hace mucho tiempo no se ve y se desea homenajear. Sin su ayuda, este artículo no hubiese sido posible. Tampoco hubiésemos conocido de sus leyendas ni descubierto los secretos de El Valle de San Juan.

De Cuba Pasaje a la Naturaleza.

Guanahacabibes XXXIV-a