MANUEL LAZO. PUEBLO DE EMBRUJO

Manuel Lazo

Miguel Ángel Fleites, profesor en recursos económicos de la Universidad de La Habana, escribió sobre el pueblo de Manuel Lazo:

Entramos por fin en Remates sobre las 7 pm. En seguida hizo observar el profesor Latour que el pueblo es muy semejante a los que aparecen en las películas, en las luchas sostenidas por los exploradores del oeste norteamericano.

En efecto, ésa es la impresión. Para que el efecto fuese completo, sólo faltaron los tiros de revólveres de carga inacabable; pero la que llegó era gente buena, inerme y pacífica, y las detonaciones quedaron mudas.

Esta es la misma apreciación 62 años después, cuando llegamos al poblado, en tránsito hacia Guanahacabibes. Se puede quedar fascinado por la semejanza del lugar, con los idealizados pueblos del oeste americano.

Los terrenos donde está enclavado fueron mercedados el 15 de mayo de 1729, con el nombre de corral de Remates. El historiador Gerardo Ortega refiere: “Las primeras construcciones españolas con mano indígenas se edificaron en el Saetial entre 1750 y 1800.

El centro del Cayuco, nombre aborigen referido a la embarcación Cayuca, poblado de las Cayucas o de Los Cayucos, se encontraba en El Saetial. Era el único pueblo existente en esta zona a finales del siglo XVIII […] era el segundo núcleo poblacional del distrito de Nueva Filipina.

Entre 1823-1830 Francisco Morales, dueño del Cayuco distribuyó sus tierras entre tres descendientes. A finales del siglo XIX, el pueblo estaba situado donde hoy se encuentra. Hacia 1898 se inicia la construcción de sus calles y casas, aunque en 1890, ya existían varias casas o edificios de dos plantas de madera, entre ellas la del coronel Manuel Lazo.

En el Cayuco la fiesta tradicional de mayor importancia se celebraba el 29 de junio. Fiesta litúrgica de la Iglesia católica a San Pedro y San Pablo, patrones tradicionales de este lugar. Este sitio se convirtió en el nudo de comunicaciones con la Península de Guanahacabibes por tierra.

Para viajar al interior del istmo era necesario arribar por el camino empedrado, en 1890, provenía desde Paso Real de Guane, tocando La Fe. Sin embargo, aun cuando ha sido históricamente pueblo de paso y con muchas limitaciones agrícolas, se disputó durante muchos años la cabecera de partido o de municipio en rivalidad con Las Martinas.

El Cayuco era el lugar donde vivían los Lazos, hecho que inclinó la balanza a su favor. Esta función de centro, fue utilizada por la Trocha de Jaimiquí a Sitio Nuevo, para fortalecer el fortín que defendía este poblado.

Los peninsulares que se encontraban acuartelados en ese sitio, se batieron contra las tropas insurrectas dirigidas por caudillos experimentados de probado valor como los Lazos. Uno de los intentos de tomar este fortín fue el emprendido el 15 de agosto de 1896 por Ramón Lazo y Policarpo Fajardo, quienes atacaron infructuosamente el fortín Cándido.

Un hecho relevante fue el paso y campamento que efectúo Antonio Maceo el 15 de septiembre de 1896 en puerta La Güira a la entrada del Cayuco.

Concluida la guerra en 1898, Manuel Lazo entregó las tierras más altas de El Cayuco para que compañeros de armas construyeran sus casas, uno de ellos fue el oficial civil Regino de Celis, cuya mansión concluyó en 1903, años después fue convertida en Hotel El Faro, construcción de madera de dos plantas.

Otros de los que edificaron en esta zona fueron los generales Juan Eligio Ducasse y Cuba, quienes erigieron construcciones biplantas. En las cercanías de estas viviendas se fueron agrupando aquellos que se dedicaron al cultivo del tabaco en pequeñas parcelas propias o arrendadas, formándose el actual pueblo.

Para 1930 la zona pertenecía a la Cuban Land. Propiedad norteamericana que dominaba la mayoría del cultivo y beneficio del tabaco en la región, la cual constituyó un instrumento de explotación y dominio de los habitantes.

Manuel Fleites relató su experiencia en el poblado y permitió a través de sus escritos comprender cómo era la vida en una fecha tan avanzada como 1945 y lo lento del desarrollo de esta localidad:

Hay en el centro del pueblo una laguna formada por las aguas pluviales, que se colectan de modo natural en una pequeña hondonada o depresión. De ella se sirven los vecinos para sus lavados, como baño para los muchachos, para dar de beber a los animales, en fin, para cuanto puede servir este precioso líquido, excepto como bebida para personas.

Dada la escasez de agua de toda esta zona, viene a resultar la tal lagunilla un servicio público de capital importancia. Eso, no obstante, está instalada en ella una poderosa bomba, propiedad de un rico veguero que así riega sus campos de tabaco, dejándola seca, o casi seca. El estanque no tiene manantiales de alimentación.

Acerca del antiguo Hotel El Faro refirió el viajero el mal servicio que se daba por entonces:

En Cayuco hay un solo hotelito […] agradable, pero sin baño, porque lo que se ofrece como tal, no es más que un cuartucho misérrimo, formado en el rincón de un colgadizo que hace de carpintería.

La ducha, o regadera, de este baño, es alimentada por un tamborcito de cinco galones de agua, el cual hace de tanque. El agua le llega por manos del negrito ‘Cornetín’; y hay que ver los trabajos que pasa para echar dos miserables cubos de agua en el tanquecito.

Se sube en un banco de carpintero, gatea por la improvisada puerta del baño, de ella salta y se pone a horcajadas sobre el testero del cuartucho, y desde allí lanza el agua en el tambor, que pende del centro del corralito.

Ya que disponen de tan primitivo baño, bien pudieran aliviarse la labor con una escalerita (allí mismo está la carpintería). Luego viene el torrente de la regadera, que cae en el cuerpo con la fuerza y frialdad de granizos.

A todas éstas, el suelo está terroso, y añadido el aserrín y las virutas de madera, sale uno del baño con unos aditamentos de pollo calzado, que es una irrisión.

El edificio aún es una joya arquitectónica, hoy se ha transformado al reconstruir la parte inferior de mampostería, mientras la superior está en fatal estado constructivo, a riesgo de desaparecer por derrumbe.

En agosto de 1967 Núñez Jiménez describió el panorama que encontró en El Cayuco: “Este pueblo, limpio y de mucho movimiento gracias al impulso revolucionario cuenta con un moderno hospital, círculo social y otros servicios comunales”.

El Cayuco, antaño llamado Remates de Guane, por ser la postrera población de la provincia de Pinar del Río y por tanto de Cuba, es el centro económico más importante de Guanahacabibes, lo cual se debe al cultivo tabacalero y a que es residencia de muchos trabajadores forestales”.

La globalización ha arribado al Cayuco, aunque sigue siendo aquel pueblo detenido en el tiempo, por este edificio de dos plantas sus casas típicas de madera y techo de tejas criollas del siglo XIX, con balaustres en las ventanas laterales, su iglesia y su disposición espacial.

La modernidad arremete y se observan tiendas, cafeterías y otras facilidades, que mejoran el nivel de vida de la población, pero a su vez, va perdiendo el embrujo de antes, cuando aprenderemos a modernizarnos sin necesidad de perder el aura histórica de los asentamientos centenarios, al final perdemos todos.

De: Cuba Pasaje a la Naturaleza.

Guanahacabibes XXXII