MÁS EXPEDICIONES AL SAN FRANCISCO

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Yamile Luguera

Yamile Luguera

Especialista del Centro de Investigaciones Marinas (CIM) | Miembro Ordinario de la Sociedad Espeleológica de Cuba

La zona aledaña al río San Francisco mantiene su frescura y abundante vegetación, además de ser prolífera en cuevas verticales. Los paisajes variados causan un placer muy agradable a la vista y una tranquilidad a envidiar.

Las últimas expediciones realizadas fueron dinámicas. Los moradores del área, como siempre bien cariñosos ante nuestra abundante presencia, que alborota su pasiva forma de vivir y los entretiene con preguntas, chistes y alguna ayuda que siempre es bien recibida.

La Sierra del Rosario nunca deja de sorprendernos. En esta zona, casi virgen ante el trabajo espeleológico, siempre aparecen nuevas incógnitas del mundo subterráneo. Era de esperarse. Lo que no esperábamos ver fueron las cascadas de casi 20 m de altura que bañan las altas rocas del río San Francisco.

Regreso al Brazo de la Cueva

Una vez más, parte del variado grupo que integramos hizo noche en casa de José García Oleaga (Pepe Lucas), a quien esta vez acompañaba su esposa, tan hospitalaria como él.

Integrantes e invitados del  grupo espeleológico Tageni,  llevaron adelante aquella expedición a la zona de Ojo de Agua. Aprovechando la temporada de seca, se adentraron un poco más en el Brazo de la Cueva (resolladero del río San Francisco), para develar nuevas hipótesis y sectores de esta.

El segundo nivel de esa cueva, es de fácil acceso hasta el primer charco.  Ya desde ahí se presenta como una diaclasa. El recorrido tiene 20 metros de gateras y sifones, que no están totalmente anegados hasta el techo, hasta llegar al último, completamente sifonado y en forma de lago.

La acumulación de agua no parece ser por goteo. Es posible que venga de las crecidas, y que también influya que este segundo nivel, al final, declina hacia el primero, y por eso se llena de agua con mayor facilidad. Esta teoría fue comprobada en otras expediciones, donde se midió con un clinómetro la inclinación. Este nivel funciona como aliviadero del primero, al no poder este, evacuar toda el agua durante las crecidas. A este tipo de galerías se les denomina Trop plein.

El primer nivel, ya es más complejo y extenso y su cartografía ya existe, por lo que es objetivo ya cumplido.

De nuevo en Ojo de Agua

Otros dos campesinos, Sara González y Julián Pérez,  dueños  de un lugar lindo y confortable, rodeado de plantaciones de plátano y café, nos recibieron en la siguiente expedición. Ellos nos brindaron su espacio para pernoctar. La vista desde allí era genial y teníamos varias furnias que explorar en los alrededores.

Cinco cuevas verticales, una de ellas tapiada, fueron el resultado de una corta exploración y un guajimapa bien afilado, como sucede siempre para suerte nuestra.

A muy pocos días de la expedición anterior, donde el objetivo fue cartografiar las furnias localizadas, Sara y Julián, tuvieron que soportar la presencia de 15 de nosotros. No llegamos todos al mismo tiempo, estuvimos apareciendo durante todo el viernes. De hecho los últimos arribaron por la oscura carretera sobre las 10:00 de la noche.

Una vez más, nuestro grupo se compartía en integrantes, colaboradores e invitados.

El viernes al llegar, el campesino Luis González, nos brindó su casa para dormir y también guiarnos a una cueva que según él conservaba aún las camas de unos “alzados” que estuvieron escondidos en ella. En aquel entonces, él llevaba alrededor de 15 años trabajando las tierras de la zona y por ende conocía muchos lugares de interés.

Durante el almuerzo, conversamos acerca de las cuevas localizadas en el sitio. Sara y Julián, concordaban en que las cuevas atraviesan las lomas de lado a lado. También, que todos los arroyos que nacen en esas lomas, penetran en El Rocío, para luego emerger nuevamente por el Brazo de la Cueva, y convertirse en el río San Francisco.

Como dato interesante y con vistas a explorar en un futuro cercano, Sara nos dice que en la zona de El Rocío, hay cuevas de dimensiones considerables. Nos aseguró que Pedro Bejerano, un campesino de por allá las conocía y nos podía guiar. Así como también en la zona del Cuajaní, había cuevas verticales grandes cerca del cafetal de Rafael.

También el campesino Clemente Hernández nos brindó su casa para campamento y nos habló de todas las cuevas y furnias cercanas al lugar.

Corroborar todos estos datos nos llevará tiempo y un montón de expediciones por hacer, pero con un grupo tan entusiasta y variado todo es posible de lograr.

En el monte

Como éramos muchos, nos dividimos en tres grupos desde el primer día, y ya el viernes sobre las 2:00 pm uno de ellos comenzó a explorar, guiados por Luis González, quien los llevaría hasta la cueva de Los Alzados.

Caminaron alrededor de 1 kilómetro hasta la cueva El sabicú, a 200 metros del río. La exploraron, pero resultó ser pequeña, con galerías estrechas, y una furnia dentro, que quedó como incógnita. Cerca de la entrada encontraron una barricada, en forma de parapeto, además de otras cuevas que quedaron pendientes para otros recorridos.

Ya para el sábado, la exploración comenzó bien temprano. Dos grupos equipados para cartografiar furnias y otro a “patear monte”. Hasta el niño mayor de la casa, Roberto Ángel, se insertó en uno de ellos.

Los resultados, 5 furnias cartografiadas y una vasta zona bien explorada. Nuevos datos fueron aportados por los moradores del área, que quedaron para aplicar y explorar en próximas expediciones.

En la casa de Julián y Sara

Yo por mi parte, en aquella expedición me quedé en la casa con Sara cocinando para todo el batallón, pues ya mi barriga había crecido y con 5 meses de embarazo y una tropa de ese tamaño era mejor ayudar en la cocina.

Fue muy placentero e importante oír las historias campestres, que me han fascinado siempre, son parte de la ciencia, pues cuando uno logra organizarlas está haciendo trabajos de antropología social.

A Sara, cuanto cocinábamos le parecía poco. Agregó a nuestra cotidiana dieta de espaguetis, frijoles negros, arroz blanco, malangas hervidas, ensalada de tomates y aún no creía que fuera suficiente. Me costó trabajo convencerla de que sí, y en efecto, alcanzó para todos y hasta para algunos familiares que llegaron de visita y que, para suerte nuestra, compartieron la noche con nosotros.

La oscuridad del sábado nos sorprendió con juego de dominó, variadas conversaciones, el resumen final de la expedición, y las nuevas ideas para la próxima.

El domingo como casi siempre, partimos después del desayuno, con la difícil despedida. En tan corto tiempo se le coge un inmenso cariño a estas personas de tan noble corazón que te brindan todo lo que tienen y cuando te vas te preguntan: ¿cuándo vuelven? para tener mejores cosas que brindar.

Nosotros igualmente les dejamos un inmenso cariño y todas las chucherías que no consumimos, además de algunas cosas que les llevábamos de regalo, y que también nos parecía poco.

Queda mucho trabajo por hacer en la zona, cartografías, exploraciones, antropología del área, hidrología, biología, entre otras tantas que se le puedan escudriñar a las rocas por los curiosos espeleólogos.

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