MURCIÉLAGO DE POEY, COMO LO NOMBRARA GUNDLACH

Yamilé Luguera González
yluguera@gmail.com
Miembro Ordinario de la Sociedad Espeleológica de Cuba

El Phyllonycteris poeyi  es endémico de Cuba, especie exclusiva y creadora de las cuevas calientes, tiene una amplia distribución en el archipiélago cubano y se alimenta principalmente del polen de las flores que abren en la noche.
 
Los murciélagos son un grupo diverso y abundante, más que la mayoría de los mamíferos; muchas veces coexisten varias especies en espacios pequeños, como suelen ser las cuevas de calor.
 
La alimentación de los murciélagos cubanos en general es variada, insectos, frutas, peces y otros vertebrados pequeños, polen y néctar de las flores, como el murciélago de Poey.
 
Según el especialista Carlos A. Mancina, del Instituto de Ecología y Sistemática (IES), este tipo de nutrición ha conllevado una serie de adaptaciones: rostro alargado, pérdida o reducción de algunos dientes, lengua extensible con numerosos filamentos en su porción anterior, que facilitan la extracción del néctar al introducir la cabeza en la corola de las flores.
 
El murciélago en cuestión es de tamaño mediano, puede llegar a pesar 25 g, no presenta hojuela nasal, el pelaje en los adultos es de color amarillo pálido y tiene una amplia distribución en el archipiélago cubano.
 
Su nombre está dedicado a  Felipe Poey Aloy, por el descubridor de la especie, Juan Cristóbal Gundlach, ambos destacados naturalistas cubanos.
 
Es estrictamente cavernícola y se agrupa en los salones más profundos, que por lo general tienen una sola entrada; donde la temperatura y humedad son altísimas, por lo que se nombran cuevas de calor.
 
La temperatura puede alcanzar los 40oC y la humedad relativa llegar casi a 100%, producto de la congregación y transpiración de varias decenas de miles de individuos; durante el día en sus horas de descanso pueden saturar las paredes y el techo del refugio.
 
Esta especie se ha capturado alimentándose en bosques siempre−verdes, vegetación de mogotes, matorrales subcosteros y pinares, donde además polinizan de forma muy eficiente las flores que visitan durante la noche.
 
Suele obtener el néctar de las eflorescencias  de majagua, palma real, tulipán africano, marabú, gϋira, así como varias especies nativas de leguminosas, cactus y agaves; también consume los frutos dulces de algunos arbustos como el capulí, cordobán, platanillo, yagruma y pendejera. 
 
Todas estas plantas tienen diferentes periodos de floración, lo que hace que el territorio de alimentación de esta especie sea muy amplio, y en una noche se ha demostrado que pueden recorrer hasta 80 km en su forrajeo.
 
En la flora cubana se conocen más de cien especies de plantas que son visitadas por murciélagos; hay 4 especies que se alimentan de las eflorescencias, el murciélago lengüilargo (Monophyllus redmani), el de las flores (Erophylla sezekorni), el hocico de cerdo (Brachyphilla nana) y el de Poey (Phyllonycteris poeyi).
 
El murciélago de poey se aleja muchísimo de la cueva para alimentarse, el registro de distancia más extremo comprobado en un estudio por Gilberto Silva Taboada, Curador de Mérito del Museo Nacional de Historia Natural de Cuba y un renombrado especialista en quirópteros, fue de  80 km en línea recta de la entrada del refugio.
 
Durante millones de años, muchos grupos de animales han compartido una larga historia evolutiva con las plantas y específicamente con la diversificación de las angiospermas (plantas con flores); muchas  tienen flores con características morfológicas y fisiológicas similares para atraer murciélagos.
 
Aquellas que son polinizadas por quirópteros se conocen como quiropterófilas y desarrollaron adaptaciones relacionadas con la atracción y accesibilidad para facilitar la transferencia de polen;  y además restringen el acceso de otros polinizadores, según afirma Mancina.
  
Las quiropterófilas solo abren sus flores en la noche, producen gran cantidad de néctar y polen, emiten aromas fuertes, poseen colores claros para reflejar la poca luz nocturna, y  un crecimiento expuesto, dado el gran tamaño de sus polinizadores.
 
Durante el invierno algunas especies de murciélagos entran en letargo, cuando bajan las temperaturas  por debajo de 18o C.
 
Sin embargo, en el caso del murciélago de Poey no sucede así, hay reportes de Silva Taboada, que aseguran que la temperatura ambiental no influye en su ciclo de alimentación, pues su actividad nocturna se ha desarrollado de forma normal hasta con temperaturas de 4oC.
 
Lo comprobó apostado en la entrada de la Cueva de Guanayara, en Trinidad, cuando al anochecer, a pesar del intenso frío comenzaron a salir, primero los mormópidos, insectívoros,  y los últimos los de Poey, ambos del tipo homeotermos como los humanos, que mantienen una temperatura corporal estable.
 
En estos dos grupos de quirópteros, las membranas de las alas son extremadamente finas y translucidas; se secan cuando están mucho rato fuera del refugio, es por ello que tienen el tiempo de exposición al medio ambiente bien calculado, para no sufrir afectaciones por la pérdida de humedad y calor.
 
El periodo de gestación de P. poeyi sucede entre febrero y junio, luego del alumbramiento las hembras vuelan con las crías cargadas durante el primer tiempo de su desarrollo, hasta que el peso se los impide.
 
No está en peligro de extinción, pero está catalogada de vulnerable ante cambios climáticos, dadas las especificidades de su hábitat. Las cuevas calientes, que por lo general se localizan en lugares llanos, han sufrido inundaciones en los diferentes periodos geológicos, con la consecuente pérdida de los murciélagos que las habitan.
 
Silva Taboada pudo comprobar este desastroso desenlace, con el paso del ciclón Flora por la Isla, en una cueva caliente localizada en una ladera sobre el cauce de un río en Holguín, el mismo que horadó el acantilado que divide el paredón.
 
Antes del paso del temporal había una gran colonia de P. poeyi, con abundante cantidad de guano en el suelo, cubierto de los invertebrados que suelen habitarlo, para completar el ecosistema.
 
Con el ciclón se inundó el río y sus aguas alcanzaron la cueva cubriéndola totalmente; al regresar el cauce a la normalidad, Silva la visitó nuevamente y  comprobó que el río limpió completamente el lugar, no encontró rastro alguno de habitación de murciélagos.
 
No había guano, ni invertebrados, ni individuos de P. poeyi, la cueva se observaba muy limpia, sus formaciones brillaban, y clavadas entre las estalactitas del techo había ramas y troncos de árboles.
 
Gracias a las colonias que viven en las pocas cuevas calientes elevadas del país, se vuelven a poblar las cuevas de los llanos, tras el paso  de un fenómeno climático, como ha ocurrido en otras ocasiones.
 
En el año 2010 un grupo de estudiantes del Curso de Documentales de la Naturaleza de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños logró filmar, gracias a la luz infrarroja, algo inédito ante las cámaras y para la ciencia.
 
Se filmaba por primera vez el parto de una Phyllonycteris poeyi. Lo más interesante fue observar y registrar cómo la hembra que daba a luz era ayudada por otra, un gesto de cooperación sin dudas de gran valor documental.
Los quirópteros son mamíferos de incalculable valor ambiental y llenos aún de incógnitas sorprendentes para los estudiosos de la materia.