NACIÓ RAUDEL II

Iniciaba el año 2003, Hilario Carmenate decide participar en una expedición del 11 al 12 de enero en Sierra Guasasa, Viñales, pues hacía tiempo que no salía al monte con el Grupo espeleológico GEDA.

En la propia mañana del día 11 Raudel designó los dos equipos de exploración, parte de los objetivos de la expedición eran explorar áreas sobre la sierra, entre el abra de cueva Cumpleaños y el borde norte. Durante todo el día exploraron lugares inhóspitos, subieron bajaron, cartografiaron y regresaron luego al sitio de campamento.

El 12, Hilario propone reexplorar sitios a los cuales no accedía desde 1999, está vez en Sierra Viñales. El 1er objetivo se localizaba a 80 metros de altura en la pared vertical oeste de la ensenada donde se construyó el restaurante El Palenque, era una escalada difícil a realizarse solamente por Raudel e Hilario, con una cuerda y equipos de progresión vertical, Raudel descubrió un único paso bordeando una esquina de escasos y mínimos puntos de apoyo y agarre. Algo tenso, Hilario lo siguió y fue entonces que sucedió:

…la tensión de ese paso, observaba yo el acceso a la cueva que nos quedaba encima…. ¡y veo a Raudel que se me va delante y cae al vacío!, no puedo hacer nada, lo veo descender unos 5 metros como el paracaidista que se lanza del avión, pienso que la vegetación le permitirá aguantarse pero detrás de él va el bloque de piedra desprendido, le veo las manos abiertas en busca de qué agarrarse… logra asirse a una rama fina que lo hace cambiar de posición y queda de pie, la piedra le pasa a milímetros de la cabeza y sigue tropezando y partiendo ramas y palos, logra abracarse a un tronco y ya sobre sus pies levanta las manos y sereno como sus ojos azules, preocupado por mí, me dice “no pasó nada” … abajo el encontronazo de la piedra con la tierra del fondo, y los compañeros asustados preguntando ¡¿qué pasó, qué pasó?! Raudel los tranquiliza y sube los 6 ó 7 metros hasta el lugar donde había estado. Yo agachado en los apenas 50 cm de ancho que permite allí la pared vertical, asustado, tenso, casi temblando. Él se ríe y me hace reír.

Muestra unos rasguños en un brazo y comienza a subir; ¡le ronca los c…! Nació Raudel.

Así tituló Hilario un artículo publicado en el periódico El Explorador, luego de haberse recuperado del susto, del cual extraje casi íntegro este primer texto de mi artículo y lo traigo a colisión porque justo 15 años después sucede algo muy parecido.

En una expedición a Cayo Caguanes, con el objetivo de monitorear las colonias de murciélagos, justo después del paso del huracán Irma que arrasó con los manglares de tan impactante lugar,  aplazada con el objetivo de que participáramos Raudel, Diego y Yamilé para la fecha del 26 y hasta el 30 de mayo.

La primera escala la hicimos en Caibarién, en casa de Pancha y Vela, la segunda en Yaguajay y por último tomaríamos el tractor con la carreta desde Mayajigua hasta el cayo. Ya todo estaba concertado con la directiva del Parque.

Disponíamos de bastante tiempo para patear las cuevas y refrescarnos en las tardes-noche en la playa. Los monitoreos de rigor y las fotos que haría Raudel estaban enfocados principalmente a las colonias  de Nyctiellus lepidus (murciélago mariposa) de las cuevas Tres Dolinas y El Casco, y Noctilio leporino (murciélago pescador) en cueva Grande, este era un seguimiento del trabajo que habíamos hecho juntos el año anterior.

El lugar ideal para el campamento fue la cueva de Los Chivos, muy cómoda para dormir, las comidas en el albergue de los trabajadores, al igual que el baño nocturno con agua dulce, además teníamos encomendado por el Parque la cartografía de la cueva de las Seis Dolinas, y para sobrecumplir agregamos también Los Jagüeyes, con 5 bellas claraboyas y un puente natural que realzan este sitio.

Los planes se cumplieron a cabalidad, y además visitamos cueva Ramos, para fotografiar y admirar sus increíbles pictogramas hojiformes, entre otros muy variados y bajo un tremendo aguacero llegamos a cueva Colón, donde en agosto había una buena colonia de murciélagos Philonicterys poeyi, con altas temperaturas en el espacio de refugio. En esta trampa térmica, para sorpresa nuestra, la temperatura había descendió bastante, al igual que la cantidad de ejemplares de la colonia y avistamos además un gato jíbaro compartiendo el mismo espacio.

Sucedió lo mismo con las colonias de murciélagos mariposa, pero no así con las de pescadores de cueva Grande; esta fue monitoreada por nosotros la tarde del último día de expedición, Raudel hizo las fotos y decidimos recorrer el resto de la cueva, la cual es muy bella, fácil de caminar, laberíntica y con increíbles dolinas.

Casi en el final del recorrido en la dolina de la Palma, Raudel decide subir por la pared para monitorear otra cueva con murciélagos, era una escalada muy fácil, pero casi llegando arriba, a 5 metros del suelo, se repite la historia de Hilario15 años después, se desprende la piedra de la cual se agarró, cayó hacia atrás y la roca desprendida voló por encima de él, fue una suerte que desviara su rumbo y cayera primero y. Esta vez no había árboles para agarrarse, el impacto contra los clastos sueltos del suelo fue muy fuerte, cayó justo encima del brazo derecho, pero impactó también con la cabeza, fueron los escasos segundos más largos de mi vida. Rápido todos ayudamos a levantarlo, un paño detuvo un poco la sangre que emanaba abundante de la herida de la frente, y fue el propio Raudel quien nos guió fuera de la cueva, pues para ese entonces no encontrábamos el camino de regreso, producto de los nervios del resto del equipo, por suerte Diego no vio caer a su papá.

Por suerte se cuenta con amigos de un alto calibre, Pancha y Vela se hicieron cargo de Diego, lo llevaron para su casa y allí estuvo varios días al cuidado de su abuelitos de Caibarien, quienes lograron que el espeleólogo más pequeño de Cuba no sintiera nuestra falta.

Un rato después de la caida llegó la lancha con paramédicos a recogernos, ya todo fue muy rápido, una ambulancia esperaba en el muelle y en el hospital de Yaguajay, fue todo como en un filme de acción, cuando se abrieron las puertas del vehiculo, todos los médicos del hospital estaban allí, corrieron rápido llevando la camilla y tuvimos una atención de primera, placas, suturas, maniobra de estiramiento de la muñeca derecha, ultrasonidos, para luego transferirlo al hospital Camilo Cienfuegos de Sancti Spíritus y poder monitorear con TAC; sobre las 8:00 de la noche fue entonces que pude respirar con soltura, pues ya sabía cuántas fracturas había y también que no tenía afectación cerebral, ni en otros órganos vitales.

La caída sucedió a la 1:00 de la tarde y solo después de ver su cerebro intacto y que apenas poseía rasguños y que las fracturas eran menores, a pesar de la estrepitosa caída y el aspecto de su cara muy hinchada, logré tranquilizarme y darme cuenta de porque todo el mundo me miraba con asombro, aún vestía el overol, las botas y un pañuelo de camuflaje en la cabeza. Ya establecidos en la sala de neurocirugía fue que pude cambiarme la ropa de cuevas, y soltar las botas  y la mochila de campaña, ahí le comenté a Ra: “la segunda parte del artículo de Hilario ‛Nació Raudel’, la voy a escribir yo”.

A raíz de estos accidentes siempre surgen los recuentos de historias parecidas que le han sucedido a otros espeleólogos, como a Manuel Acevedo en la expedición Polaco-Cubana de octubre de 1961, cuando en el salón Gótico de la propia cueva Grande de Caguanes, se sostuvo de una gruesa estalactita de unos 40 kg de peso, buscando comodidad para tomar una fotografía, esta se desprendió y al caer le rozó la muñeca derecha y después del brutal impacto contra el piso le cayó sobre las piernas, deformando el soporte de acero de las botas, y causándole un gran hematoma. La violencia del choque lo derribó completo sin poder articular palabra.

Ya en el campamento apreciaron desgarraduras y contusiones en la muñeca derecha y fractura del radio, como mismo le sucediera a Raudel, con unos cuantos años de diferencia.  

Con todo y accidente hay algo que queda muy claro para nosotros, no dejaremos de hacer espeleología, pero no puede haber una tercera vez para el mismo protagonista.

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