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PIRATERÍA EN GUANAHACABIBES

Pedro Luis Hernández Pérez

Pedro Luis Hernández Pérez

Miembro Ordinario de la Sociedad Espeleológica de Cuba

Piratas y Corsarios en Vueltabajo

En varias ocasiones hemos tocado el tema de la piratería en Guanahacabibes. Este es de los hechos más recurrentes en las historias y leyendas de los habitantes del extremo de Cuba.

Lo cierto es que corsarios y piratas han existido en toda Cuba. Cualquier isla del Caribe tuvo, desde el mismo proceso de Conquista y Colonización, la presencia de esos hombres, por lo general fuera de la ley. De ellos, se han narrado miles de horribles y bellas historias.

Vueltabajo tiene pendiente una historia coherente acerca de este tema. Pero mientras esperamos por ella, aquí algunos apuntes de los más socorridos para esta región.

Los conceptos de Piratas, Corsarios, Bucaneros, y Musimanes y otras denominaciones han sido definidos por la ciencia históricas. Pero a pesar de ello, muchas veces es difícil deslindarlos.

A lo largo de la historia, el corso y la piratería hasta el siglo XIX ha influenciado en la toponimia local de Guanahacabibes. Sus leyendas y mitos son partes de las tradiciones culturales de ese pueblo.

El lugar más visitado del occidente de Cuba, según Francisco de Mota, en su libro: “Piratas en el Caribe”, fue Guanahacabibes. Lugar refugio y cuartel de bucaneros y piratas. Algunos lugares de la Península llevan aun sus nombres u orígenes.

Los piratas ingleses dejaron su impronta en el farallón del inglés y la playa de los Ingleses. Los holandeses, el de punta del Holandés. Otros topónimos son: cueva del Pirata, Carabelitas, María la Gorda, Resguardo, Perjuicio, La Barca, caleta de Antonio.

Un ejemplo de las historias de algunos topónimos puede ser la relacionada con la playa de los Ingleses y farallón del Inglés. John Hawking, pirata inglés incursionó el 12 de agosto de 1568 en los alrededores de La Habana.

Una fuerte tormenta lo arrastra hasta el Golfo de México. Recibe grandes daños al barco con el nombre “Jesús”. Se vio obligado desembarcar al sur de la Península de Guanahacabibes, para intentar carenar y sustituir los mástiles quebrados.

Todo indica que ese acontecimiento ocurrió en la zona del actual farallón de los Ingleses. Al centro interior de la ensenada de Corrientes.

Otro inglés, Francisco Drake, recaló su nao en mayo de 1586 para abastecerse de leña y agua. Los vigías del Cabo de San Antonio lo avistaron en el momento que abandonaba el sur de la Península. Nueve años después uno de sus buques, en 1595, se hundió en el litoral de la Península.

Otra leyenda que puede relacionarse con un topónimo es punta Holandés. En 1627 el teniente Diego Vázquez de Hinostroza fue atacado por unos piratas holandeses que surgieron de las costas meridionales de la Península.

Lo siguieron desde las proximidades del Cabo de San Antonio hasta La Habana. Esta fue la razón por la cual España refuerza su presencia en Cabo Corrientes. Al año siguiente, el gobernador general, Lorenzo Cabrera, dispone una guardia armada y embarcaciones en dicho lugar.

Cerca de la cercanía del Cabo de San Antonio fue avistada una escuadra holandesa, al mando de Pietre Andreus. En 1628 Piet Heyn capitaneaba una flota corsaria holandesa. Envió a su segundo Henry Fong a la cercanía del Cabo de San Antonio para regresar cogiendo de popa a la flota española, que venía de Veracruz.

Por su parte, con la mitad de los barcos enfrentaba a los españoles por la proa. Esta hazaña de Piet Heyn seria imitada por otros países. Se puso de moda la estrategia de ubicar embarcaciones al sureste del Cabo de San Antonio donde no podían ser advertidos por los vigías. Ese lugar es punta del Holandés.

Pata de Palo, conocido pirata de origen holandés, incursionó en el territorio de Guanahacabibes, próximos a punta del Holandés. En estos escenarios desarrolló combates como el ocurrido el 30 de agosto de 1638.

Francisco de Mota narró que el capitán español Carlos Ibarra, capitán de siete galeones y cuatro urcas, más un patache, que se le unió a la altura del Cabo de San Antonio enfrentó a 16 embarcaciones holandesas al mando de Pata de Palo.

El combate duro hasta el cinco de septiembre. Fue el momento que Ibarra no pudo defender la costa y se alejó salvando un cargamento de más de 10 millones de pesos en oro que trasladaba hacia España.

Apenas estos apuntes sobre la Piratería en Guanahacabibes, es una provocación para invitar al lector a profundizar en un tema apasionante. Pero algo si queda claro, esta parte de la historia aún está por narrarse. Muchos hechos esperan por el investigador.

De Cuba Pasaje a la Naturaleza. Guanahacabibes XLIV

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