¿QUÉ ES UN ESPELEÓLOGO?

Extraído del Libro: Espeleología en Vueltabajo. 1492-1958

Pedro Luis Hernández Pérez
Historiador de la Sociedad Espeleológica de Cuba

Ante todo, es un autodidacta, incluso cuando ha obtenido uno o varios títulos académicos, el “verdadero espeleólogo” se convierte en el tiempo en una persona con amplios conocimientos multidisciplinarios, una gran cultura y, por ende, en una persona con una preparación intelectual, por lo general, por encima de la media de la población.

Pero la espeleología también es desarrollo de la técnica, lo físico y mental, los rigores a que se ve sometido un explorador de cavernas o quien decide hacer un levantamiento de kilómetros de terrenos, pone a prueba el conocimiento en técnicas de supervivencia, la perseverancia, el autocontrol, el ingenio, la disciplina, el oficio y la fe en alcanzar el objetivo trazado.

El espeleólogo tiene que conocer la naturaleza en sus más mínimos detalles, distinguir las hierbas medicinales, alimenticias, venenosas y urticantes, encontrar agua donde no hay, saber moverse por entre la vegetación, dominar las leyes de convivencia en campamentos en condiciones extremas, saber cocinar, poder desplazarse grandes distancias llenas de obstáculos en oscuridad absoluta, tener resistencia a la sed y el hambre, poseer gran sentido de la ubicación y orientación en cualquier tipo de terreno, estudiar y controlar con total maestría las técnicas de instalación y nudos de cuerdas, instrumentos y artefactos de escalada, descenso y seguridad, no ser ignorante ante los primeros auxilios, técnicas de reanimación, salvamento y rescate.

De más está decir que debe tener un total dominio de la natación, caminar, arrastrarse, técnicas de oposición y movimientos agiles y estratégicos y, sobre todo, saber tomar la decisión correcta en momentos de extremo peligro, catástrofes naturales, en crecidas y en terrenos accidentados, enlodados o inundados. No puede sobrevalorar sus capacidades, deber conocer sus límites, pensar siempre en colectivo, saber organizarse y organizar, tener criterio lógico, saber escuchar y conocer cuándo y cómo se debe expresar, estar preparado y dispuesto para sustituir al líder del grupo en caso de accidente y sacrificarse por el bien común. Algo primordial: debe conocer y respetar las costumbres y tradiciones de los campesinos y vecinos de los lugares donde monta sus campamentos, aceptar su tradicional hospitalidad y establecer con ellos una colaboración con ellos correcta y familiar.

En fin, el espeleólogo debe ser integral como científico, sabio y deportista y eso, salvo escasas excepciones, solo se adquiere con la práctica diaria, la dedicación, fundamentalmente durante la juventud.

De ahí que, en cifras conservadoras, el número de espeleólogos en comparación con la población real de Cuba sea del 0,003 %, o lo que es igual a decir, 3,6 espeleólogos por cada 3 055 habitantes, en un país con más del 65 % de su territorio de origen cársico y 1 espeleólogo por cada 27,4 km2 de extensión territorial.

Es lógico que así sea, porque la Sociedad Espeleológica de Cuba es una gran escuela para la vida. Solo aquellos que resisten los rigores que esa actividad impone, logran permanecer en el tiempo; es muy típico que un grupo surja y pronto desaparezca, muchos son los que, atraídos por la aventura y lo atractivo de las primeras experiencias, intentan penetrar en ese ambiente, pero solo unos pocos logran superar todas las pruebas que la vida impone y mantenerse activos o vinculados a la espeleología el resto de sus vidas.

La Sociedad Espeleológica de Cuba es una de las bases y reserva de muchos talentos de la ciencia cubana. Nunca se ha hecho una encuesta al respecto, pero de hacerse, asombrarían los resultados, porque hoy un cálculo de los hombres y mujeres de ciencias que se encuentran en puestos claves de las investigaciones en las ciencias naturales e incluso, en las ciencias sociales más vinculadas al tema y el medio ambiente del país, sorprendería el elevado número de personas que dirían con orgullo: “yo soy, yo intenté ser o yo fui espeleólogo”.

En tal medida su participación en la bibliografía y la divulgación científico-técnica, en eventos de ciencias naturales y sociales, en descubrimientos, reportes científicos, aportes a la economía y la defensa del país, vinculados a la Sociedad Espeleológica de Cuba, o a otras instituciones similares en Cuba, es asombrosa.

La espeleología también es aventura, sueños, esperanzas y divertimento; es una actividad que espiritualmente llena el alma y la ennoblece, enseña a apreciar la magia de la naturaleza y del ser humano en las condiciones más extremas; entre los espeleólogos se crea una amistad para la vida, las familias se unen, e incluso, en condiciones de elevada exigencia de solidaridad, por lo general, cualquier desavenencia (que también las hay), quedan momentáneamente detenidas u olvidadas, en aras de resolver el problema del prójimo o del colectivo.