SARAH ESTHER YSALGUÉ YSALGUÉ: MAESTRA DE MAESTROS

Jesús Piclín Minot

Una búsqueda rápida en el diccionario de la palabra Maestro nos llevaría a decir que es la persona que enseña un arte, oficio o labor; sin embrago, en esta ocasión el término adquiere otra significación –la de ejemplo, modelo, paradigma a imitar dentro y fuera del aula–, al escribir unas pocas cuartillas para recordar a una maestra de maestros: la Dra. Sarah E. Ysalgué Ysalgué (Guantánamo 1894 – La Habana 1989).
Corrían los años setenta del pasado siglo, cuando un día fuimos invitados un grupo de jóvenes estudiantes del IV Contingente del Destacamento Pedagógico “Manuel Ascunce Domenech” a una tertulia en la casona de 11 e/ D y E, espacio que ocupaba el entonces Instituto de Geografía de la Academia de Ciencias de Cuba.
Nos habían informado que la ponente sería una persona que había dedicado toda su vida a la enseñanza y la investigación de la geografía en Cuba y que debíamos estar atentos y tomar notas.
Comenzó la sesión y ante todos los presentes apareció una mujer de mediana estatura, peinaba canas, vestida con ropa sencilla, sobre lo gruesa y algo lenta al caminar –quizás por su edad–; nos dio las buenas tardes y nos preguntó qué nos había motivado ir allí. Después de unos minutos de intercambio entramos en una relativa “confianza”. Nos dijo que la tertulia estaría dedicada a una obra de singular importancia para el conocimiento del país y de la cual nosotros, los maestros, debíamos saber al dedillo al trabajar con nuestros estudiantes, se refería al “Atlas Nacional de Cuba” (1970) –en el cual el mapa de Geomorfología es de su autoría– trabajo en el que había participado junto a los doctores Pedro Cañas Abril (1902-1992), Salvador Massip (1891-1978) y otros muchos colaboradores y especialistas cubanos y soviéticos.
Al concluir la sesión, todos quedamos fascinados con lo mucho que esta mujer sabía de la geografía cubana, en particular de su geomorfología –ciencia que se dedica al estudio al estudio del relieve de la superficie terrestre–. De regreso a nuestra sede universitaria, intercambiamos opiniones, revisamos las notas tomadas e incluso alguien habló de un libro que tenía en su casa que estaba seguro que era de su autoría; en fin, nos había atrapado aquella señora de hablar seguro, modesta, sencilla, comprometida con la labor que realizaba y sobre todo con un alto sentido de amor por Cuba y devoción por su geografía.
Fue así que conocí hace más de tres décadas a quien se graduara en 1909 de Maestra Normalista en su natal Guantánamo y trabajara, posteriormente, como maestra de enseñanza primaria en el propio distrito. Un año después de su titulación, se le veía explicar Geografía, Historia y Gramática Española en un instituto de la ciudad de Holguín. Para 1912, se traslada a Santiago de Cuba y ofrece su magisterio en varias instituciones de la urbe. Su espíritu de superación la lleva a realizar otros estudios y obtiene el Doctorado en Pedagogía en 1916. Bastaron solo tres años para que ganara por oposición la cátedra de Geografía e Historia en la Escuela Normal para Maestros de Matanzas, donde llegó a ocupar los puestos de secretaria, vicedirectora y directora.
Su dedicación al trabajo y su inteligencia, le valieron para que sus colegas de profesión la seleccionaran para viajar a los Estados Unidos de América (1920-1921) donde realiza estudios de geomorfología. Es en este contexto en el que conoce a Salvador Massip Valdés, de origen cubano, quien se desempeñaba como profesor de un curso en el Teacher´s Collage de la Universidad de Columbia, Nueva York.
A su regreso a Cuba, en 1925, es nombrada profesora de Preparatoria en el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana, actividad que simultanea con los estudios para obtener el grado de Doctora en Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana.
Los grandes problemas sociales por los que atravesaba el país durante la dictadura de Gerardo Machado (1929-1933) y su participación en actividades revolucionarias hacen que se aleje por un tiempo de sus estudios y viaja al exilio, donde continúa apoyando la causa de los jóvenes en contra del tirano.
En el año 1940, matricula nuevos cursos en la Universidad de Columbia, donde es recordada por su dedicación al estudio y divulgación de la geografía cubana; es así que en 1942 defiende ante un tribunal la tesis: “La llamada plataforma sumergida entre Cuba e Isla de Pinos”, con la que obtuvo el grado de Máster of Art.
Una meritoria obra, fruto de muchos años de labor y no pocos contratiempos junto al Dr. Salvador Massip, vio la luz en 1942, Geografía de Cuba, la cual el Dr. Antonio Núñez Jiménez conceptualizó como obra maestra y la que reconocemos hoy día de una vigencia incalculable. En esta, se aborda el enfoque integrador de la ciencia geográfica, la necesidad de la reconstrucción de los hechos y fenómenos, no por la descripción de estos, sino por los indicios existentes del proceso hipotético que le dio origen.
Estudiantes de centros docentes como el Instituto de Segunda Enseñanza del Vedado o la propia Universidad de La Habana, conocieron de los adelantos que iba alcanzando esta ciencia a través de sus clases y conferencias, los trabajos de campo que realizaba o los artículos en revistas especializadas que escribía la Dra. Ysalgué.
El advenimiento del triunfo revolucionarios de 1959 y las primeras medidas tomadas en aras de la educación del pueblo, contaron con la participación entusiasta de esta mujer, quien ya tenía 65 años de edad. Fue fundadora del Instituto de Geografía, donde se desempeñó como jefa del departamento de Geografía Física y asesora de la dirección hasta su fallecimiento.
Pero…, ¿cuál fue el legado dejado por esta maestra e investigadora; raíz sobre la que se asienta el conocimiento de la ciencia geográfica en Cuba y su enseñanza?
La obra de la Dra. Sarah Ysalgué estuvo muy ligada a la del Dr. Massip; quien fuera además de su preceptor su compañero en la vida, causa por la cual en ocasiones –injustamente– su nombre se ha visto tras bastidores. Sin embargo hay dos artículos de gran valía para todo los que investigamos la trayectoria del pensamiento geográfico en la Isla, el primero: “Evolución de las ideas Geográficas en Cuba, con especial referencia al período 1900-1939”; el segundo, considerado por muchos continuidad del anterior: “Los últimos treinta años del desarrollo de la Geografía en Cuba”, (1970); en ambos se hace explícito la necesidad del estudio de la geografía del país natal por todo lo que en el plano de la cultura y la axiología aporta.
Defendió enérgicamente la relación que existe entre ciencia-desarrollo y la influencia educativa que tiene el conocimiento geográfico del país natal; también demostró con su accionar en las aulas, formas y vías que enriquecieron la didáctica de la Geografía como disciplina escolar; así como, la conveniencia del estudio local por las potencialidades que este espacio geográfico tiene para el estudiante.
Su alma de maestra la llevaba a recomendar a todos sus discípulos de profesión la necesidad de utilizar métodos en las clases de Geografía que estimulen el “saber hacer” de los estudiantes, la conveniencia de divulgar entre estos, los adelantos de la ciencia geográfica, para que puedan cumplir y hacer cumplir –desde el lugar que ocupen en la sociedad– las tareas que a ella le corresponden y compartió con sus contemporáneos, el criterio de lo útil y agradable que sería dar a conocer por medio del cinematógrafo y la televisión, las bellezas naturales del país, así como la labor que desarrollan los hombres y mujeres que en el habitan.
Estos pronunciamientos, de total vigencia, deberían erguirse como pautas u ordenanzas de la enseñanza de esta asignatura y de la disciplina académica, máxime hoy día cuando se encuentra muy deprimidas en los planes y programas de estudio en la educación general y superior en el país.
En mi labor como profesor universitario y asesor de Geografía por más de una década en el Ministerio de Educación, volví muchas veces sobre sus escritos, al considerarlos lectura obligada y consejera de lo que debe hacerse en aras de contribuir al desarrollo de una cultura geográfica –lamentablemente no siempre a flor de piel– en los estudiantes cubanos.
Por su impecable hoja de servicio a favor de la educación, la investigación geográfica y la Patria, le fueron conferidas varias condecoraciones, distinciones, medallas y órdenes; entre otras: Gran Medalla de Oro de La Sociedad Geográfica de Cuba, Distinción Rafael María de Mendive, Orden Félix Varela, Orden Frank País y Héroe del Trabajo de la República de Cuba.
Desde que conocí por primera vez a Sarah Ysalgué en aquella tertulia del Vedado, cuando daba mis primeros pasos en la difícil carrera del magisterio, me convertí en un apasionado de su obra; la que he leído en más de una ocasión y recomiendo a mis estudiantes, pues como ella también estoy convencido “de que la geografía es entre nosotros, enseñanza de primera necesidad, fundamental para la afirmación y conservación de la nacionalidad”.

Bibliografía:

– Álvarez Conde, José: “Sarah E. Ysalgué Ysalgué”, 1961
– Soroa, Pablo: “Sarah Ysalgué: fiel a la Geografía”, 1975
– Soto, Ángela: “Mujeres Ejemplares”, 1977.
– Núñez Jiménez, Antonio: “Sarah Ysalgué”, 1985.
– León Méndez, José A: “A la memoria de Sarah Ysalgué”,1991.
– Blanco, Berta: “Sarah E. Ysalgué de Massip”, 1995.
– López, Ramón y Hernández Herrera, Pedro: “Geografía cubana”, 2005.
– Piclín Minot, Jesús. “Contribución de la obra científico-educacional de Sarah Ysalgué Ysalgué al desarrollo de la educación cubana”, Tesis doctoral, 2008.