UN MURCIÉLAGO CUBANO EN PELIGRO DE EXTINCIÓN

Yamilé Luguera González
yluguera@gmail.com
Miembro Ordinario de la Sociedad Espeleológica de Cuba

En la Península de Guanahacabibes, donde el lapiez taladra las botas, a 1 km de la carretera cerca de Punta del Holandés y escondida entre la maleza costera, se localiza una cueva que resguarda un importante tesoro natural a punto de extinguirse.
Estudiado, fotografiado y filmado por especialistas de diferentes centros de investigación, el murciélago oreja de embudo (Natalus primus), es hoy una especie en peligro de extinción; su último refugio es cueva La Barca, en la Península de Guanahacabibes en Pinar del Río.
El mencionado quiróptero no es endémico, pero hoy solo habita en la cueva explorada en el extremo occidental de Cuba, aunque las evidencias indican que vivió en todo el territorio insular, la Isla de la Juventud y en 4 islas de Las Bahamas.
Gilberto Silva Taboada, curador de Mérito del Museo Nacional de Historia Natural de Cuba, en comunicación personal, nos ha explicado que en todos esos sitios se encuentran restos fosilizados abundantes de la especie, ya extirpada de los mismos, pero no extinta completamente gracias a esta única colonia viviente en el mencionado sitio, donde comparte con otras especies de murciélagos.
 
El Natalus primus fue descrito como fósil por primera vez en  1919, por  Harold Anthony, zoólogo del Museo Americano de Historia Natural de Nueva York, en la cueva costera de Los Indios, al este de Santiago de Cuba. Anthony incluyó en su artículo una fotografía muy buena de la serranía costera donde estaba la cueva.  
Esa foto le valió a Silva para localizar nuevamente el sitio, y llegar remando en un bote por toda la costa hasta la misma cueva; la encontró por la topografía idéntica a la de la foto guía.  En el vestíbulo había un árbol grande, muy frondoso, para entonces podrido en el suelo; encontró también la excavación tal como se representaba en la instantánea y el depósito fosilífero con abundantes restos de la especie.
Varias décadas después, Silva comenzó a estudiar los murciélagos de Cuba y encontró igualmente abundantes restos de Natalus primus en todas las provincias, e incluso en la Isla de la Juventud. La abundancia se debe a que era una especie altamente gregaria.   
En la cueva de La Barca, Silva estimó entre 5 y 6 mil individuos de esta especie exclusivamente insectívora, que vuelan pegados al suelo y a las paredes.
La extinción masiva de la especie se debe a su tamaño, y viene sucediendo del oriente progresivamente hasta la zona occidental. La hipótesis que se maneja es que el Natalus primus es el gigante de la familia, que cuenta con otras 2 especies fuera de Cuba, en Jamaica y República Dominicana; la cubana invadió Bahamas, pero en Jamaica habita el Natalus jamaicenses, y en La Española el Natalus major, vivientes aún.
Según Silva, de la familia Natalidae, el primus es el gigante, pero en la región neotropical del continente americano, en el centro, sur de América y en las Antillas Menores, vive el Natalus extraminius, miembro mas pequeño de la familia. Existe un principio que plantea que en cualquier nivel taxonómico (en el caso del Natalus, a  nivel de género), la primera especie que se extingue es la de mayor tamaño, pues necesita mayor cantidad de alimento y mayor espacio para vivir.
En esta visita al último refugio del Natalus primus, se fotografiaron y filmaron unos pocos ejemplares que decidieron vivir en uno de los salones cercanos al umbral de la espelunca, pero eran solo unos 20 individuos.  Según Silva, la mayor parte de la colonia vive en el interior, en la trampa térmica o cueva de calor, junto a otras especies que comparten las calientes y peculiares condiciones.
Las costas y bosques cubanos reservan aún muchos sitios naturales y arqueológicos casi inexplorados, algunos cercanos en distancia y profundidad, otros bien escondidos  por la maleza, o en las aguas más azules y lejanas, pero todos son parte del patrimonio natural y cultural de la nación, por ello hay que conservarlos y preservarlos celosamente.