UNA HISTÓRICA Y LEGENDARIA LLANURA CÁRSICA

Camino a Saetial

Temprano salimos con rumbo al valle de San Juan. Por el camino se pasan caseríos cuyos habitantes se dedican al cultivo del tabaco. El primero de ellos, Saetial, posee alrededor de unas 100 viviendas dispuestas a lo largo de la carretera, que une el pueblo de La Fe con el caserío de La Bajada.

 Esta vía conecta los asentamientos más occidentales de Cuba: Manuel Lazo (El Cayuco), El Vallecito, el Valle San Juan, La Jaula y La Bajada.

 Se extiende a través de la región físico-geográfica llanura de Guanahacabibes y llanura de Guane, con una longitud de 42,90 km y un ancho de pavimento de 6 m. Dicho camino, hoy asfaltado, comenzó a construirse a partir de 1964, al trazarse la primera ruta.

Antiguas rutas a Guanahacabibes

En el recorrido de 1945 de Miguel A. Fleites, escribió en su folleto: “Cabalgando por Guanahacabibes”, acerca de los caminos al Cabo:

 […] todos los caminos, veredas y senderos de la Península, es decir, rutas más o menos anchas, no obstante, el suelo rocoso, de ese tipo áspero e indomeñable que conocemos por “diente de perro”, van por entre monte alto, monte maderero, que surge vigoroso y crece lozano entre las grietas, aunque es cierto que también los adornan y entorpecen la manigua criolla, con sus bejucos, zarzas y cortaderas.

 De trecho en trecho teníamos que tomar atajos o desvíos, esto es brechas improvisadas que permiten salvar un mal paso del camino; las cuales resultan muy peligrosas por los tocones y cortantes estacas que quedan a virtud del corte del machete, pues suelen lastimar seriamente a hombres y bestias.

 Dos o tres días antes había llovido, y aunque constituyó serio motivo de demora, nos convino el fenómeno, porque así pudimos comprobar la intransitabilidad de aquellos caminos en la estación de las lluvias. Tropezamos con partes tan terriblemente malas como las que nos obsequió el inexplorado monte de las sierras de Oriente.

Malpotón. Mamposton

Temprano en la mañana arribamos a la región de Malpotón o Mamposton. Esta comarca fue el décimo corral mercedado el 12 de diciembre de 1687. Es zona poblada, dedicada al cultivo del tabaco.

Ubicada a unos 10 m sobre el nivel medio del mar. Es una zona con abundancia de pequeñas lagunas. En 1915 la presencia el arqueólogo norteamericano Mark Raymond Harrington le dio fama a este sitio.

 Descubrió en el interior de estos embalses, varios objetos de madera. Encontró además en la superficie, a orillas de los mismos, morteros y majadores pétreos. Evidencias atribuibles al preagroalfarera de Cuba.

 Algunas de las lagunas más famosas son: Los Bueyes, El Bohío o del Duque y El Indio. Escenarios donde aparecieron dichas evidencias. En la actualidad están dragadas y es difícil poder encontrar nuevas pruebas de la existencia de los primeros habitantes de Guanahacabibes.

El arqueólogo Ramón Dacal Moure escribió “Introducción a la Arqueología de la Península de Guanahacabibes”. Serie Pinar del Río, #14, 1968.

En ella expuso: en 1932, otro norteamericano, el capitán Robert Bennett, visitó la zona y recogió objetos arqueológicos que habían sido encontrados por los vecinos.

En 1850 existía este caserío. Desde finales del siglo XVIII vivían habitantes en la región cercana al Saetial, donde se fundó la primera estancia, el actual poblado de Manuel Lazo, antiguo pueblo de Cayuco o Remates de Guane, Ese fue el núcleo inicial del posterior asentamiento.

La vocación, primero extractiva de madera y con posterioridad agrícola y forestal, marca la razón de ser de esta población. Se ubica sobre suelos, areno-silicios, al igual que el resto de los terrenos de la llanura norte guanahacabibenses.

Estas tierras son buenas para la producción del tabaco rubio y cultivos de subsistencias. Hasta esta región se extendieron los tentáculos de la tristemente mencionada Cuban Land, Al igual que en Las Martinas estableció el abuso y la explotación como “modus vivendis”.

Continuamos camino hacia el norte y nos dirigimos a El Gato. Teníamos la duda acerca del comienzo de la trocha, Jaimiquí-Sitio Nuevo, ya que este último topónimo no se correspondía con el extremo noroeste de dicho enclave militar. Dejaba así al descubierto un tramo del área que ocupaba.

Tras la evidencia arribamos al Gato. Esta es la última punta de tierra en hacer contacto con la ciénaga de Jerusalén al sur de la bahía de Palencia. Ahí estaban las pruebas materiales de lo que fue la primera construcción fortificada de dicha trocha.

Aún quedaban la existencia de casquillos de fúsiles Máuser. Perduraba la tradición oral que lo señalaba como tal. Hoy se puede asegurar que la trocha no comenzaba en Sitio Nuevo, enclave a un kilómetro más al norte de este.

La Jarreta

Regresamos un trecho sobre nuestros pasos para tomar un terraplén que permite llegar a La Jarreta. Un mapa de 1622, copiado en 1883, del agrimensor Lorenzo de Flores Barthme, lo señala como un corral. Su dueño era Luis Pimienta.

El historiador Gerardo Ortega en su trabajo “De la Tradición oral en la Península de Guanahacabibes. El Tesoro de la Catedral de Mérida. Leyenda o Realidad”, 1996. Dejo recogido que los dueños de esta región en el siglo XIX eran Los Pedrosos, miembros del clan de propietarios de la Vueltabajo.

Hasta aquí llegaron los masivos sedimentos en su movimiento al suroeste. Ello deja demarcado el comienzo de la aparición del carso semidesnudo y su transición al carso desnudo. Ello caracteriza a Guanahacabibes.

Dejan de existir las tierras de cultivo, para aparecer una llanura en un comienzo degradada por la deforestación intensiva a que fue sometida en el pasado siglo. Cubierta por hermosos bosques semideciduos luego de pasar la región del Valle de San Juan.

En sus recuerdos de la Expedición a “La Jaula”. Narrada por Daniel Fernández Pedrera. Raro libro publicado en La Habana. Se expone el paso del autor en 1948 por este sitio:

[…] Aquí pasamos largo rato esperando conseguir la llave para abrir la puerta que cierra el camino y que penetra en el bosque, y que los vecinos de allí llaman montaña […]

En compañía del doctor Delgado recogimos la llave con la que pudimos abrir la susodicha puerta, penetrando en el bosque y continuando la marcha sin interrupción hasta el mismo “Valle de San Juan.

Por su parte tres años antes, Miguel A. Fleites había descrito:

[…] Pasamos por la Jarreta, que al decir de los del lugar, atesora un manantial de magníficas y abundantes aguas. Esto, que en otro sitio pasaría punto menos que inadvertido, es allí motivo de admiración, porque el agua dulce en Guanahacabibes es cosa rara.

El Vallecito un oasis en la llanura

A siete y medio kilómetro de la Jarreta encontramos el poblado del Vallecito. Este espacio fue concebido como punto de reunión de todos los habitantes que vivían en condiciones inhóspitas del Cabo de San Antonio. Para cumplir dicho objetivo se construyeron dos edificios.

Hoy crean un impacto visual desagradable para todo aquel que recorre dicho lugar. Pero garantizaron en corto plazo, mejorar el nivel de vida de aquellos olvidados pobladores, acercándole la atención primaria de salud y otros veneficios. Incluyendo condiciones de salubilidad, agua potable, transporte y demás servicios.

El arqueólogo Rodolfo Payares Suárez descubrió en 1965 un sitio arqueológico en este lugar. Por entonces era un pobre caserío de apenas ocho casas. Con la construcción de los edificios y la expansión de otras viviendas, desaparecieron muchas de dichas evidencias.

De Cuba Pasaje a la Naturaleza.

Guanahacabibes XXXIII