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UNA JOYA DEL ENDEMISMO CUBANO

Dentro de las especies endémicas cubanas existen algunas tan antiguas que mantienen rasgos de épocas geológicas pasadas, el manjuarí y el almiquí son dos exponentes de esta afirmación.

El origen del almiquí se remonta a más de 30 millones de años de antigüedad, en lo que es hoy territorio norteamericano, Nebraska. Aún no se conoce como llegó a las islas del Caribe. Existen sólo dos especies refugiadas en bosques lluviosos: el Solenodon cubanus, en Cuba y el Solenodon paradoxus, en República Dominicana.

¿De origen dudoso?

Aunque según afirma Gilberto Silva Taboada en su compendio sobre Mamíferos autóctonos vivientes y extinguidos de Cuba, el origen de las musarañas antillanas ha resultado ser hasta ahora, el mayor enigma biogeográfico de la fauna de mamíferos terrestres de la región.
Es opinión generalizada, que los almiquíes antillanos constituyen el grupo de mamíferos que primero se emplazó en el territorio insular. Pertenecen al orden Soricomorpha, conocidas comúnmente como musarañas.

El género Solenodon comprende 4 especies, las dos mencionadas anteriormente, vivientes, y dos extintas Solenodon arredondoi (Cuba) y Solenodon marcanoi, (La Española).

El almiquí habitó en toda la Isla de Cuba, aunque su densidad poblacional fue siempre muy baja. Pasó inadvertido para los colonizadores y en residuarios aborígenes sus osamentas son escasas.

Hábitos

Es una musaraña de hábitos nocturnos. Su dieta es muy variada, incluye arañas, gusanos, insectos, mariposas, moluscos terrestres, anfibios, reptiles, huevos y polluelos de aves que anidan en el suelo. Consume en una noche el 25 % de su peso en alimentos.

Habita en madrigueras construidas a modo de túneles que pueden llegar a medir hasta 27 m. Allí resguardan sus nidos recubiertos con hojas de bromelias.

Sus poblaciones han declinado por la destrucción de los bosques naturales donde habita, y la depredación por gatos y perros jíbaros, ambas catalogadas como especies exóticas invasoras.

Como curiosidades se conoce que tienen el sentido de la vista escaso, pero muy desarrollados el oído y el olfato. Son muy sensibles a la luz solar y duermen todo el día en una especie de letargo profundo, al punto de que si se le ofrece su alimento preferido, lo ignora totalmente.

En la zona montañosa entre Trinidad y Cienfuegos se conocía con el nombre de Tacuache y es el único mamífero venenoso de Cuba. Presenta 2 incisivos acanalados conectados a 2 glándulas en la mandíbula inferior, que segregan el veneno, utilizado principalmente para neutralizar a sus presas.

Historias

En el conocido Zoológico de 26, en La Habana, vivió un ejemplar durante 6 años y 11 meses, una hembra nombrada Mayarina, que ostenta hoy el récord de vida entre los 16 almiquíes que se han mantenido en cautiverio.

Es una especie difícil de ver en su estado nativo, pero en el Museo Nacional de Historia Natural de Cuba se muestran 2 ejemplares que forman parte de la exhibición transitoria Naturaleza Cubana.

Ambos poseen un alto valor histórico, según Silva Taboada, Curador de Mérito del Museo, quien afirma que estos ejemplares fueron colectados en 1877 en las lomas de Bayamo, por Johann Christoph Gundlach (1810-1896), destacado naturalista alemán que trabajara 20 años en Cuba.

El propio Gundlach los taxidermió y fueron expuestos por primera vez en la hacienda Fundador, residencia de la familia de Carlos Booth, ubicada a orillas del río Canímar.

Los dos ejemplares de almiquí continuaron en propiedad de Gundlach, desde 1864 hasta 1892, momento en el que vendió toda su colección al gobierno colonial.

Con la creación de la Academia de Ciencias de Cuba, después del triunfo de la Revolución, los ejemplares de almiquí se depositaron en el Museo y formaron parte de sus primeras exhibiciones, en el Capitolio de La Habana.

Último reducto del almiquí cubano

Hoy el Solenodon cubanus se encuentra en grave peligro de extinción, habita solo en lugares muy intrincados del Parque Nacional Alejandro de Humboldt.

Desde 2010, investigadores cubanos y japoneses, trabajan en un proyecto enfocado a llenar el vacío que existe en el conocimiento del almiquí y llamar la atención de la comunidad científica y conservacionista internacional.

La comunidad de Arroyo Bueno, entre todas las del Parque Nacional, es la más cercana a la zona de estudio (16 km). Sus pobladores son los únicos en la región que han visto al almiquí en vida.

Ellos son los protagonistas del éxito de estas expediciones. Muchos trabajan en la estación ecológica y colaboran con el estudio y la preservación de la especie conocida metafóricamente como uno de nuestros fósiles vivientes.

Yamile Luguera

Yamile Luguera

Especialista del Centro de Investigaciones Marinas (CIM) | Miembro Ordinario de la Sociedad Espeleológica de Cuba
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