VIÑALES ES CATEDRAL DEL HOMBRE Y LA NATURALEZA CUBANA

Descubrimiento

Durante una excursión de naturalistas en 1908, entre Pinar del Río y Guane, a través de la actual carretera de Luis Lazo, por entonces, un terraplén transitable, siguiendo las huellas del obispo Elliott, explorador de los cerros de Guane y Paso Real entre 1850 y 1860.

El tercer sabio cubano, doctor Carlos de la Torre y Huerta visitaba por primera vez el extremo del occidente de Cuba y se hacía acompañar de los doctores norteamericanos, J. B. Henderson y Charles T. Simpson.

Al adentrarse los expedicionarios en los valles intramontanos rodeados de mogotes, don Carlos, se deshizo en elogios por la majestuosidad de los escenarios que observaban, el primero de sus compañeros de viaje, le dijo:

Es prodigiosa, en verdad la naturaleza de vuestra tierra. Yo que he podido admirar los famosos paisajes de Suiza y Escandinavia, que he recorrido las variadas regiones de norteamérica, y que he explorado también las montañas de Jamaica y de Haití, encuentro, no obstante, algo de extraordinario y característico en el contraste que ofrecen estas vetustas murallas de caliza gris, siempre cubiertas de lujuriante vegetación, que parece escalar, atrevida, los altos paredones en busca de luz sola.

Pero en donde la naturaleza se muestra en todo su esplendor y lozanía, es en la Sierra de Viñales. El día que usted desee disfrutar de un retiro encantador y apacible, ¡Váyase a vivir a Viñales

Dentro de las extraordinarias creaciones de la madre natura en Cuba, se encuentra Viñales. Ha sido llevado al pentagrama musical por los más diversos cantante y géneros musicales.

Recogido en lienzos por generaciones de célebres pintores. Convertido en poesía o en prosa, por destacados poetas y narradores. Investigado por generaciones de científicos multidisciplinarios.

Reflejado en la pantalla grande y chica. Usado por románticos en busca de su idealización. Elegido por las parejas de novios para juramentar amor eterno ante las pétreas murallas mogóticas.

Las quinceañeras que no pueden escapar al embrujo de los carismáticos paisajes, para guardar en la cartulina de una foto, un recuerdo de los mejores años de vida. Infinitas serían las expresiones para descubrir las bondades de esta región.

Anfitriones de Lujo

Los habitantes presumen de cordiales, habituados durante años al visitante foráneo. Anfitriones que han hecho de la hospitalidad su modus vivendis. Sin falsedades ni poses. Es un pueblo que ha evolucionado de la agricultura a los servicios, sin abandonar la primera fuente de trabajo.

Mantener las esencias se ha convertido en la razón de ser. El hombre y la naturaleza han logrado convivir durante siglos y complementarse, al punto que son parte de un paisaje originario, sin igual en Cuba declarado Patrimonio de la Humanidad.

En cualquier dirección que se recorra el territorio se verá un gran mosaico de formas y colores. Acá una sierra de extensos pinares. Allá una depresión donde aflora la tierra recién roturada. El verde de una vega sembrada de tabaco. La malanga o el maíz hacen la subsistencia de quienes trabajan la tierra.

El varaentierra al lado del bohío besa el suelo y cobija los aperos de labranzas. Cualquier día la bienvenida la dan dos bueyes tumbados sobre la hierba.

Descansan en uno de sus extremos de la vega, un arado, un peine y la grilla. Herencia ancestral, con la cual el humilde campesino hiere constantemente la tierra, para extraerle el sustento.

Las rocas hablan

Visitar el municipio de Viñales, quizá muchos imaginen que se trata solo de un valle. Cuánta sorpresa recibirá el forastero, al presenciar mogotes, horadados por los persistentes ríos. Dichas fuentes fluviales modelan galerías laberínticas y conforman extensas cavernas, en medio de lujuriosa vegetación, con tonalidades singulares.  

La oscura boca de una espelunca precede las paredes verticales que permite acceder a la cumbre, cuya coronación hace que el hombre se siente dueño del mundo. Observa, a sus pies una típica casa campesina, hermosa, aislada, solitaria, pero llena de vida.

En las laderas de los mogotes conviven algunos de los secretos mejor guardados de la historia de la humanidad. Los restos pétreos de ammonites y otros moluscos, peces hojas, troncos y grandes herbívoros, son las huellas remotas que perduran en el tiempo.

Esos animales y plantas vivían en tiempos remotos y los animales se movían con libertad por las tierras y mares someros continentales de hace ciento cincuenta millones de años atrás.

Sus restos fueron arrastrados por torrenciales ríos que conformaban el antiguo Missisipi y redepositaron sus esqueletos sobre el lodo de protoCuba.

Ella emerge del mar, hace dos millones de años, momento en que se solidificaron y dejaron sus huellas en las actuales rocas, para asombro y material de estudio de los científicos modernos.

Lujuria verde

El color verde del Complejo de vegetación de mogotes, armoniza el bosque semideciduo, con el xerofítico y siempreverde, cuyas especies endémicas alcanzan elevados niveles de exclusividad.

Los mogotes Contrastan por sus rocas de gran policromía: el blanco, el gris, el negro, el amarillo y el rojo predominan a cada paso. Imagen de armonía salvaje característica de estos escenarios.

Al amanecer sorprende el sonido melodioso del ruiseñor, rey de estas calcáreas alturas; el chillar de los escandalosos caos y judíos, el apenas perceptible trino de las múltiples bijiritas, el inconfundible canto de la cartacuba, y la presencia tricolor del tocororo, considerada por muchos, como el ave nacional.

Viñales es la capital cubana para el disfrute de una singular naturaleza, amén de sus expresiones culturales genuinas, su arquitectura colonial, su historia y tradiciones.

Encontrarse en él, caminar entre valles y montañas, tomar en una jícara de coco o de güira un “buchito” de café cultivado en la huerta personal del campesino, es descubrir el entorno ideal, aquel de ensueño, cuando pesa el agobio del trabajo y los problemas cotidianos. Porque Viñales es catedral del hombre y la naturaleza cubana.